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Don José Luis

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Son 60 años los que han transcurrido en la vida de Don José Luis y no más de 20 años en los que la vida le jugó una mala pasada. Sus recuerdos son vagos en algunas cosas pero no cuando recuerda cómo perdió su brazo derecho. Por un error propio y ajeno involuntario, perdió la oportunidad de trabajar de manera formal, dice. 

Ahora la vida le da una nueva oportunidad de sentirse feliz y satisfecho, él es uno de los noventa y cuatro beneficiarios de los proyectos de Alfabetización del nivel uno, desarrollado en el marco del Programa de Apoyo Temporal al Ingreso (PATI), en el municipio de Colón.

“Soy solo” responde de inmediato al cuestionarlo sobre su familia. Si bien es cierto no cuenta con ese apoyo familiar, la convivencia con los/as otros/as beneficiarios/as lo han acompañado durante estos seis meses de ejecución de la cuarta convocatoria del Programa y le ha generado un apoyo económico de cien dólares por cada mes.

Don José Luis, como parte de los requisitos del Programa ha tenido que hacer trabajo comunitario, “lo más importante es haber participado en el curso de Alfabetización, porque al principio yo pensaba que no podía aprender, pero ahora puedo aunque sea un poquito, ya entiendo y leo en la calle”, asegura con un gesto de satisfacción. 

Él afirma que lo más difícil es escribir y aunque tiene una amputación de su brazo derecho, que al principio le dificultó porque todas sus tareas diarias dependían de esa mano, fue poco a poco aprendiento y todo gracias a la oportunidad que se le dio a través del PATI.

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Ricardo Urquilla

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Don Ricardo Urquilla ha aprovechado la oportunidad de participar en el Programa y es que a sus setenta y seis años de edad asegura aprendió a leer y ahora para él todo es diferente. “Hoy aunque sea deletreado ya sé dónde estoy, leo los nombres“, afirma con una sonrisa que delata su fascinación por hablar. Para que el sueño de Don Ricardo se cumpla, el FISDL ha invertido durante la cuarta convocatoria en este municipio un monto superior a trescientos trece mil dólares.

“Si no hubiera estado aquí (municipio de Colón), yo no hubiera aprendido porque ni los números conocía”, afirma este padre de cuatro hijos y esposo de una mujer que también es beneficiada con el Programa, con la que ya comparte cincuenta y dos años de convivencia. La esposa de Don Ricardo, junto a otras mujeres constituye el sentetnta y dos por ciento de participantes dentro del Programa, en este municipio.

Se enteró de esta convocatoria por una de sus hijas, que participó en la anterior. Y dentro del trabajo del Programa se dedicó a aprender a hacer dulces y trabajó arduamente en chapodar en algunas zonas del municipio. Aunque algo que lo llena de plena satisfacción es haber aprendido a leer y escribir. Increíblemente, para  muchos/as, Don Ricardo lee sin lentes, no los necesita y lee bien aunque con alguna dificultad.

Asegura que el aprendizaje ha sido exigente  “me ponían planas y a veces se me olvidaba y hasta antes de la clase las hacía, para que la profesora no me regañara” asegura entre risas, aunque considera que esta oportunidad no hubiese sido posible sin los profesores, que han puesto tanto empeño y paciencia para enseñarles. Ellos/as también son beneficiarios del Programa y desarrollan su servicio comunitario: enseñando.

A Don Ricardo, el primer nivel que ha cursado le equivale a un diploma de segundo grado. Pero el esfuerzo no para allí, en esta convocatoria se han alfabetizado un total de ciento treinta y cinco personas de los tres niveles disponibles. Estos al finalizar el proceso, otorgan al participante un diploma que le equivale a sexto grado… un logro enorme para todos/as ellos/as que no tuvieron la oportunidad de estudiar durante su niñez.

“Agradezco todo el apoyo que nos han dado, primero Dios que siga esto”, dice mientras asegura que con lo que ha aprendido y que espera aprender en los siguientes niveles, ya nadie lo engaña. Además considera que la edad no es un problema porque cree que su destino permitió que aprendiera ya “viejito, porque Dios así lo quiso”. Don Ricardo, forma parte del setenta y dos por ciento de participantes mayores de veinticinco años beneficiados en este municipio.

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Lidia Guevara

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La Niña Lidia Guevara, es un ejemplo de superación debido a que después de setenta años que han transcurrido en su vida, aprendió a leer y escribir. A pesar de tener una discapacidad temporal, producto de una caída, que no le ha permite movilizarse ni desempeñarse en sus labores con facilidad, ha logrado concluir el PATI con éxito.

Ella asegura que recibió un buen trato y aceptación de la gente del PATI. Entendieron sus necesidades físicas y le ayudaron a desempeñarse correctamente, aunque esto fue una dificultad al principio, nunca se convirtió en un obstáculo impasable, para aprender a elaborar pan dulce especial y cumplir con su curso de Alfabetización. 

“Hasta los orejas se me calentaban… yo sentía que no iba a aprender nada” asegura mientras ve con detenimiento el diploma que la promotora acaba de entregarle por participar en el curso de Alfabetización. Mientras tanto, interrumpe su fijación y vuelve para afirmar que ahora que ha finalizado se siente bien y satisfecha de sus logros. 

El aprendizaje que ha adquirido le está facilitando la vida,  “Saber leer me sirve para irme en los buses, cualquier cosa ya no ando preguntando” afirma. Asimismo, ahora el fortalecimiento de los conocimientos adquiridos por la Niña Lidia ya es un compromiso familiar, su nieta le continua ayudando y explicando cómo se hacen las letras, los números y hasta a agarrar el lápiz.

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