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“Nosotros que tenemos hijos en parvularia nos sentimos seguros de dejarlos allí”

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“Yo fui de la primer promoción de parvularia de aquí de Gualococti y solamente era un aula y no habían juegos. No había nada. Solo pasaba uno encerradito jugando plastilina, cantando y eso era todo. No había recreación”.

A sus 28 años, Jessica Yamilet Vásquez, oriunda de Gualococti, departamento de Morazán, aún recuerda sus primeros pasos en la educación formal, cuando estudió parvularia, la educación y el recinto, distan de la realidad que ahora disfruta su hija de cuatro años.

“Con lo referente al centro educativo de parvularia ahora está en muy buen estado a comparación del que teníamos antes, pues había una cocina provisional que estaba hecha de lámina, pedazos de duralita,  diferente a lo que tenemos hoy: una cocina muy completa y con todas las comodidades. Igual la parvularia muy segura para los niños, así como nosotros que tenemos hijos en parvularia, nos sentimos seguros de dejarlos allí”, comenta Jessica.

Emelina Díaz, directora de la Escuela de Educación Parvularia, recuerda cuando la realidad de sus estudiantes comenzó a cambiar a raíz de la remodelación de las instalaciones de su recinto educativo.

“Cuando nos vinieron a decir que iban a empezar, nos fuimos para la escuela Matías, íbamos decepcionados porque dejábamos la parvularia, porque en la escuela se sentían algo oprimidos ya que no tenían ellos un lugar donde salir a recrearse. Cuando les dije que nos íbamos a regresar todos gritaban y venían alegres y lo primero que hicieron fue buscar la canchita”.

Jessica, confirma su satisfacción porque la parvularia ahora es un espacio de recreación seguro donde su hija se siente feliz: “Mi primer niño salió hace dos años, era muy diferente la parvularia a la que tenemos ahora que está la niña, ella encantadísima, ni quiere irse de la parvularia, porque está muy bonito. Hay niños que ya salieron y ellos dicen que quieren regresar a parvularia otra vez, al ver que está en un estado muy bonito. Está la canchita, muchos juegos recreativos seguros y pueden salir libremente, está todo asegurado y hoy que viene el invierno van a poder salir a jugar y seguros, no como antes que se hacía una laguna cuando llovía y los niños no quedaban seguros, no podían salir”.

“Decirle a toda la población de Gualococti que cuidemos mucho la parvularia pues es nuestra, de nuestros niños y de las otras generaciones que vienen, pues sería de cuidarla para que siempre permanezca así. Y agradecerle al FISDL, a Andalucía, al señor alcalde con todo su concejo por las gestiones; por habernos apoyado mucho a que esta parvularia esté ahora como está”.  Esas fueron las palabras de una mujer gualococtense que ha sido testigo de la transformación de la vida de las familias en su municipio a raíz de la inversión gestionada por el gobierno municipal de Gualococti y realizada por la Junta de Andalucía a través del Fondo de Inversión Social para el Desarrollo Local –FISDL-.

De esta forma, el gobierno del presidente Salvador Sánchez Cerén  da cumplimiento a uno de los objetivos de su administración, que es procurar las mejores condiciones de infraestructura para la población estudiantil, de tal forma que contribuya a la formación y educación integral de niños y niñas.

La remodelación de la parvularia tuvo un costo de USD $179,304.70, que incluye una contrapartida municipal de USD$10,804.87. En los últimos años, la Junta de Andalucía ha erogado alrededor de 2.5 millones de dólares para realizar una inversión integral Gualococti y así mejorar la calidad de vida de las familias, incrementando su capacidad para aprovechar las oportunidades del entorno y forjarse el buen vivir.

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Juan Emilio Flores Orellana - Participante PATI - Ciudad Arce

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Juan Emilio Flores Orellana - 60 años - Participante PATI - Ciudad Arce.

“Como adulto mayor, me siento feliz, me ha devuelto la vida, me siento con energía…”

“El PATI ha sido de gran beneficio, para Ciudad Arce. Siempre se ha pagado por aprender. Aquí,  aparte que no se paga nos han dado un apoyo económico”.

“A mí no me ha afectado suspender temporalmente la venta de dulces, pues con el apoyo monetario que recibo, recupero lo de la venta. Eso me ha ayudado a solventar las necesidades de mi hogar, para comprar algunos alimentos para mi familia; y he tenido la oportunidad de venir a aprender y compartir en la comunidad.” 

“Me apunté en el proyecto de música, porque siempre me ha gustado la tocada.  Hemos formado un bonito grupo, llamado “El Chilamatal”, como se llamaba antes Ciudad Arce.  Como grupo tenemos planeado seguir organizados y recuperar la música original de nuestros pueblos”.

“Vengo de lejos caminando, pero estos 6 meses han sido para mí de mucho provecho. La convivencia entre los  jóvenes y mayores de edad, ha sido maravillosa, porque nosotros aprendemos de los jóvenes y ellos de nosotros.”

“El PATI ha sido de gran beneficio para todos los que hemos tenido la oportunidad de participar en las capacitaciones, pues hemos aprendido sobre los valores, la responsabilidad, piñatería, carpintería, panadería, pintura, música y otros. Tener un oficio para ganarnos la vida, es un gran beneficio”. 

“Si uno se dedica a la música puede sacarle fruto, pero todo depende de saberse llevar en el grupo para salir adelante, y ser responsable con los compromisos del grupo”.

“El alcalde nos ha venido apoyando con transporte para trasladarnos a otros lugares donde nos han invitado a tocar.  Aquí en la Alcaldía, ya hemos venido a tocar en varios eventos”. 

 “Como adulto mayor, me siento feliz, me ha devuelto la vida, me siento con energía, con ánimos de seguir, de aprender y de enseñar también a otras personas”. 

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Mauricio de Jesús García Ortiz - Santa Ana

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Mauricio de Jesús García Ortiz - 59 años, Colonia Santa María, El Portezuelo - Santa Ana 

“El PATI me ayudó a mejorar mi calidad de vida y de todas las personas que uno puede alcanzar al incorporarlos al trabajo” 

Mauricio de Jesús, participó en la 2ª. Convocatoria del PATI entre 2011-2012 y se capacitó en panadería. Por ser líder en su comunidad, colaboró en la primera convocatoria. 

“El PATI nos da la oportunidad de empezar a trabajar y nos empuja. Una vez saliendo del PATI, uno se queda con lo que aprendió y hay que empezar, ya llevo sobre 2 años trabajando”.

 “Me llamó la atención la panadería por ser un producto que se consume a diario, comencé con 2 libras de harina, ahora trabajamos más, hay movimiento, es una fuente de trabajo y de ingresos para el hogar”.

“El PATI vino a darnos una iniciativa y un empujón económico, material y se puede decir, que hasta espiritual, porque ya trabajando, uno se quita de cosas que no tiene que hacer y agarra impulso, nos motiva a luchar y a seguir aprendiendo, hasta ya aprendí pastelería”. 

“En los ingresos económicos, antes sacaba el gasto del hogar de otros trabajos y me costaba más, ahora de la panadería y me cuesta menos. Este año voy a dar otro paso que me va  ayudar a salir adelante, tengo un préstamo que estoy pagando de las ganancias de la panadería”.

El PATI me ayudó a mejorar mi calidad de vida y de todas las personas que uno puede alcanzar al incorporarlos al trabajo. Mi señora ya aprendió, dos personas más que me ayudan ya aprendieron y por las mañanas, viene un niño de 13 años a aprender antes de ir a la escuela por la tarde.

Marta Luz García Escobar, compañera de vida de Mauricio, comenta: “la diferencia de antes del PATI es que ahora se mantiene aquí en la casa, hay más comunicación, más alegría, más meditar en Dios. Nos vamos ayudando, vamos progresando y él va enseñando a los demás”. 

“Mi mensaje para las mujeres es que aprovechemos las oportunidades que brinda el PATI;  que sepan apoyar,  porque los dos unidos –empuja uno y empuja el otro,  todo camina bien. Que no entremos al PATI solo por el bono, sino por superar un poco más, para contar el día de mañana con un aliciente, algo para trabajar sin depender de los demás”.

Mauricio de Jesús, puede mecánica de obra de banco, construyó un cilindro, para trabajar la masa, ahorra tiempo y elabora un pan de mejor calidad.  Ha reconstruido con piezas descartadas bicicletas de carga, para la comercialización del pan en la comunidad. 

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Félix Santiago - Participante PATI - Jiquilisco, Usulután

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“El PATI me ha dejado una gran experiencia en el área de la educación”.

El PATI es un programa social con enfoque de derechos que brinda igualdad de oportunidades a mujeres y hombres. En su testimonio, Félix Santiago lo confirma.

“Soy padre soltero,  vivo con mi familia y mi hijo de 8 años.  El PATI me ha apoyado con los 100 dólares, me ha enseñado que también los hombres podemos hacernos responsables y sacar adelante a nuestros hijos de una u otra forma. En cuanto al ingreso, he aprendido que tengo que ser minucioso y hacer los gastos más importantes en beneficio de la familia”. 

“Me siento satisfecho de haber trabajado en los proyectos y colaborar con la comunidad, en especial en el Proyecto de Alfabetización”.

Una de las mayores satisfacciones de Félix Santiago, es  haber enseñado a leer y escribir a adultos mayores, adultos y jóvenes al participar en el Proyecto de Alfabetización; para ello, primeramente fue capacitado como maestro facilitador por el Ministerio de Educación (MINED) donde aprendió el manejo de los libros y la pedagogía para enseñar. 

“Ahora sé cómo es la labor de un maestro, y cómo se sacrifica para enseñar a otras  personas, cómo se aprende entre todos y todas;  y al final, hemos formado una buena amistad, ahora tengo más amigos y amigas”.

El PATI busca la superación económica y social de hombres y mujeres sin distinción alguna. “He participado en la capacitación de elaboración artesanal de hamacas, algo que es propio de nuestro país. Este proyecto ha venido a rescatar esta parte de nuestra cultura. Para mí, es la oportunidad de poner un negocio y también para convertirme en un instructor, o sea enseñar a otros que quieren aprender el oficio”.

“El PATI me ha dejado una gran experiencia en el área de la educación, haber conocido y compartido con otras personas; y también aprender la elaboración de hamacas, ahora  puedo asegurar que para el conocimiento no hay límites”.

Félix Santiago, era una persona que no se relacionaba mucho, ahora se siente integrado en la comunidad y se ha reafirmado como un padre responsable.

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