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Cojutepeque

  • Categoría: Cuscatlán
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Departamento: Cuscatlán. Título de Ciudad: 20 de Noviembre de 1846

Topónimo: Significa literalmente "cerro de las pavas", que aún conserva, en su versión al castellano, la-eminencia volcánica a cuyas faldas se fundó esta población. Ese' nombre proviene de dos voces o raíces del idioma náhuat, a saber: coju, pava; y tepec, cerro, montaña, localidad.

Ubicación: 13°43'19.00"N, 88°56'4.00"W. googlemapsGoogle maps googleearth Google Earth

 

 

 

    

Orígenes y Etimología

Esta población, la más importante del departamento de Cuzcatlán, fue fundada por indios yaquis o pipiles en tiempos inmemoriales, pues como tal ya existía en los duros momentos de la conquista peninsular. Su nombre autóctono significa literalmente "cerro de las pavas", que aún conserva, en su versión al castellano, la-eminencia volcánica a cuyas faldas se fundó esta población. Ese' nombre proviene de dos voces o raíces del idioma náhuat, a saber: coju, pava; y tepec, cerro, montaña, localidad. Muchos etimólogos, que han ignorado la verdadera y genuina significación de la voz coju, han traducido el nombre de Cojutepeque, previa adulteración, por "cerro de los coyotes", de coyut, coyote, lobo centroamericano; y tepec, cerro, montaña, localidad; pero tal etimología es inexacta. La que exponemos está apoyada en la siguiente cita que tomo de un informe gubernamental de Suchitoto, de 15 de enero de 1860, que dice: "Relativamente "a Cojutepeque" es de nombre indígena y quiere decir, cerro de pavas, según la opinión de los habitantes de aquella ciudad".

   

Historia Colonial

Cuando hacia mediados del siglo XVI (1550) las autoridades de la Real Audiencia de los Confines procedieron a empadronar los pueblos de indios o de encomiendas, encontraron que en Cojutepeque habitaban alrededor de 2,200 personas. Este pueblo, como otros comarcanos, fue encomendado para su evangelización a los monjes del convento de Santo Domingo de San Salvador, quienes edificaron las iglesias de San Juan Bautista, en 1612, y San Sebastián, en 1692. Concluida la obra catequizadora, Cojutepeque fue cabecera de un extenso curato o parroquia, sirviendo el primero de los templos aludidos como iglesia parroquial. El 3 de marzo de 1705 se extendió a este pueblo de indios el título de sus ejidos, tierras del común que abarcaban una extensión de 20 caballerías. En 1740, según el alcalde mayor de San Salvador don Manuel de Gálvez Corral, el pueblo de San Juan Cojutepeque tenía 330 indios tributarios, 10 que arroja una población alrededor de 1,650 personas, dedicadas al cultivo de la caña, del maíz y del algodón y a la crianza de gallinas y de ganado de cerda. En 1754 el alcalde mayor de San Salvador don Domingo de Soto Bermúdez designó a don Matías Alvarez de Heredia, para que fuera a administrar justicia civil y criminal, en calidad de teniente, a los españoles y ladinos avecindados en esta población. En la época de la visita pastoral de monseñor Pedro Cortés y Larraz, año de 1770, Cojutepeque era cabecera del curato de su mismo nombre, que comprendía como anejos a los pueblos de Ilobasco, San Pedro Perulapán, San Bartolomé Perulapía y San Martín. La erección de este curato era de fecha reciente, pues hasta 1755 Cojutepeque, administrado en 10 religioso por los frailes dominicos, constituía una Presidencia, con los anejos de Ilobasco, Apastepeque e Ixtepeque. El cura párroco don Pablo Medina, sin horrorizarse por la deshonestidad reinante, manifestó a Su Señoría Ilustrísima que es "principalmente en los ríos en donde se mezclan hombres y mujeres, sin distinción ni recato alguno; del todo desnudos, sin pudor ni vergüenza de los hombres, ni temor de Dios, de que resultan muchas y gravísimas  ofensas a la Divina Majestad". En aquel año, Cojutepeque tenía una población de 2,519 personas distribuidas en 1,152 familias, de las cuales 1,888 eran indios y 631 ladinos. Refiere el mismo Cortés y Larraz, que cuando él visitó el pueblo de Cojutepeque, funcionaban varias escuelas particulares en las que se enseñaba a leer y escribir a los niños ladinos, y que estaba próxima a establecerse una escuela para los indígenas y otra para la enseñanza de canto y música. A fines del siglo XVIII el extenso curato de Cojutepeque se dividió en las parroquias de Cojutepeque, Ilobasco y San Pedro Perulapán. En 1786, al crearse la Intendencia "de San Salvador, este pueblo fue designado para ser cabecera del partido de su misma denominación, que geográficamente comprendía los actuales distritos de Cojutepeque (Depto. de Cuzcatlán) e Ilobasco (Depto. de Cabañas) y municipio de Santo Domingo (Depto. de San Vicente). En virtud de la organización de la Intendencia, se nombró un teniente Subdelegado como primera autoridad en el referido partido y se fundaron la Estafeta de Correos, la Receptoría de Alcabalas, la Tercena de Tabacos y el Asiento de Aguardiente. En 1807, según el corregidor intendente don Antonio Gutiérrez y Ulloa, el partido de Cojutepeque comprendía los curatos arriba mencionados, con un total de 6 pueblos de indios, 1 de ladinos, 3 valles, 3 aldeas, 14 haciendas con 4 rancherías, en donde habitaban 14,355 personas, étnicamente repartidas así: 108 españoles, 11,150 indios y 3,057 ladinos.

   

Proceso de la Independencia

Los indígenas de Cojutepeque secundaron con heroísmo el primer Grito de Independencia de Centro América. Al grito de "mueran los chapetones" asaltaron la población, asesinaron a varios españoles peninsulares, quemaron en la plaza pública el tabaco almacenado en la Tercena y destruyeron un molino de caña de azúcar que había en las márgenes del río Cujuapa. El 30 de noviembre de 1811, fuerzas capitalinas al mando de Modesto Chico recuperan la plaza y persiguieron a los rebeldes. Cuando estos sucesos tuvieron efecto, eran teniente subdelegado don Manuel Díaz, desde el 12 de abril de 1810, y cura párroco el presbítero Juan Gómez Villegas, desde el 6 de febrero de 1805. También secundaron sus vecinos el segundo movimiento autonomista de San Salvador, iniciado el 24 de enero de 1814. Don José María Peinado, a la sazón corregidor intendente de San Salvador, comunicó a don José de Bustamante y Guerra, capitán general del Reino de Guatemala, con fecha 24 de febrero del mismo año, que en Cojutepeque, por la inquietud reinante, se advertía una disposición en los ánimos y un continuo deseo de insurrección, que sólo se podían explicar por los nexos y parentescos que en dicha población tenía el prócer don Juan Manuel Rodríguez y por la influencia del prócer Pedro Pablo Castillo, que había sido alcalde pedáneo en la misma.

   

Título de Villa

Don Guillermo Dawson afirma que Cojutepeque "Obtuvo el título de villa en 1787" y el doctor Santiago 1. Barberena, que frecuentemente copia del primero, asienta que "En 1787 obtuvo el título de Villa". El referido dato es erróneo, por cuanto que consta en los documentos coloniales que Cojutepeque nunca gozó de tal categoría y porque un autor más antiguo que aquellos y mejor informado, el presbítero Isidro Menéndez, afirma que "posteriormente (a 1821) se erigió en villa". Desgraciadamente no ha llegado hasta nosotros el Decreto Ejecutivo o Legislativo en virtud del cual fue elevado al rango de villa el pueblo de Cojutepeque, pero es casi seguro que este suceso acaeció por 1824, época en que se reunió el primer Congreso Constituyente del Estado de El Salvador y época en que gobernó, como primer Jefe Supremo, el prócer don Juan Manuel Rodríguez, cuya familia era originaria de dicho pueblo. Este galardón, indudablemente, lo obtuvo la población aludida por los importantes servicios prestados por su vecindario a la causa justa y santa de la independencia. De cierto, ellO de octubre de 1826, Cojutepeque ya gozaba desde tiempos atrás el mencionado título, pues en el decreto por el cual el Presidente Federal don Manuel José Arce convocó a los pueblos centroamericanos para un Congreso Nacional Extraordinario, que debía reunirse en Cojutepeque, esta población es citada como una de las villas de la República.

   

Época Federal

El partido de Cojutepeque entró a formar parte del departamento de San Salvador al emitirse la primera Constitución del Estado, el 12 de junio de 1824. De 1828 (23 de febrero) a 1830 (23 de enero) los pueblos de Ilobasco y Santo Domingo, de dicho partido, y San Sebastián, del partido de San Vicente, constituyeron el distrito de Ilobasco, que se incorporó en el departamento de San Vicente. Derogada la ley que creaba el nuevo partido, Ilobasco y Santo Domingo se reincorporarona su antigua demarcación. A raíz de la insurrección acaecida en San Salvador el 24 de octubre de 1832, motivada por haber establecido la Asamblea Ordinaria la contribución directa, el Jefe Supremo don Mariano Prado se vio obligado el 29 de dicho mes a trasladar el Gobierno a la villa de Cojutepeque y allí permanecieron las autoridades estatales hasta ello de  diciembre de ese año. Siendo Vice-Jefe don Joaquín de San Martín, disgustado por la presencia de las autoridades federales en San Salvador, se trasladó a principios de 1834 a la villa de Cojutepeque, que fue nuevamente capital accidental del Estado. Como tal Jefe hostigara con sus maquinaciones a las supremas autoridades de la República, éstas ordenaron al general Francisco Morazán que marchara hacia Cojutepeque, lo que efectuó el 20 de junio de 1834. Por su parte, San Martín ordenó que los ejércitos salvadoreños, a las órdenes del coronel Ildefonso Castillo, marcharan el día 22 hacia San Salvador, vía de los Tepezontes, movimiento que se efectuó con toda prontitud. El 23, después de cinco horas de lucha, Morazán derrotó a Castillo en las afueras de San Salvador. Por Ley del 22 de mayo de 1833 el partido de Cojutepeque se incluyó en el área jurisdiccional del departamento de Cuzcatlán, cuya cabecera se fijó en el pueblo de Suchitoto. Por Ley del 26 de julio de 1835 se menguó la comprensión municipal de la villa de Cojutepeque, pues en tal fecha el valle o aldea de Matazano se erigió en pueblo (hoy San Ramón). Igualmente, por Decreto Ejecutivo de 30 de julio de 1836 el partido de Cojutepeque perdió a favor del de Suchitoto el municipio de Tenancingo. En mayo de 1837, indígenas de Cojutepeque y de los nonualcos atacaron las plazas de Cojutepeque, San Vicente y Zacatecoluca. Ello. de octubre de 1839 un fuerte terremoto convirtió en escombros a la ciudad de San Salvador y esto obligó al general Francisco Morazán, a la sazón Jefe Supremo del Estado, a trasladar la sede del Gobierno a la villa de Cojutepeque. Después de su malograda campaña contra Guatemala, ocupada por las huestes de Rafael Carrera, el general Morazán retornó a la villa de Cojutepeque y en esta población, el 4 de abril de 1840, en una Junta de Notables, dio a conocer el texto de su renuncia de la primera magistratura del Estado y las causas que lo obligaron a tomar esa resolución. "Me alejo, pues -dijo en su mensaje-, no por cobardía, sino por el mismo sagrado deber con que el destino tiene atado el hilo de mi existencia al porvenir de Centro América. Allá en mi destierro voluntario sabré esperar el tiempo necesario, para que mis enemigos demuestren con los hechos la sinceridad de sus propósitos de reconstruir bajo mejores bases la Unidad de Centro América. Yo, mientras tanto, sobre otras playas y bajo otro cielo, velaré por el destino de esta Patria que llevo dentro de mi corazón, como algo que le es inseparable y que no puede finar sino con la muerte. Si mi destierro la pudiera engrandecer tal como la he soñado en mis delirios, queden en buena hora los que me persiguen al frente de sus destinos, mientras mis mortales restos descansan en extranjeras playas. Pero si mi ausencia tan deseada por tan implacables enemigos, sólo sirviese para prolongar más aún el reinado de las sombras, el martirio de los pueblos y para perpetuar la obra inicua y disolvente de los perversos; entonces, no podré, no permaneceré indiferente a esa obra de perversión y, de nuevo, volveré a tocar en estas playas de mi amor, para llevar a feliz término la nueva cruzada de redención que habrá de damos Patria, asegurando nuestros derechos y libertades interiores, así como nuestra independencia y respeto en el exterior".  "Dejo en éste y en los demás Estados innúmeros amigos que perfectamente identificados con los ideales que sustento, sabrán velar, como yo en la ausencia, para que en la hora de la llamada general estemos todos en el puesto que el deber nos tenga señalado. Mientras tanto, os dejo la promesa de volver, o no, a este suelo queridísimo, según el bien de la Patria lo necesite: yo respetaré su voz sagrada y, con mi palabra, os dejo aquí la expresión sincera de mi eterna gratitud para este pueblo (el salvadoreño) cuyo amor me llevo a la tumba si no vuelvo a vede". Poco tiempo después, las nuevas autoridades salvadoreñas trasladaron la sede del Gobierno a la ciudad de San Salvador.

   

Título de Ciudad

La villa de Cojutepeque obtuvo el título de ciudad leal, por Decreto Ejecutivo expedido el 20 de noviembre de 1846 por el Presidente del Estado licenciado don Eugenio Aguilar y refrendado por el Ministro de Relaciones y Gobernación licenciado don Francisco Dueñas. Respecto a este suceso, en un informe municipal de Cojutepeque, de 24 de diciembre de 1859, se dice que: "El título de Ciudad leal le fue otorgado el 10 de Noviembre de 1.846 por el Supremo Gobierno del Estado, siendo Presidente el Licenciado Sr. Don Eugenio Aguilar y Ministro el finado don José María San Martín, en justa recompensa de la lealtad con que sirvieron al Gobierno aquellos vecinos para derrocar la administración de Malespín". El error de que fue el señor San Martín el Ministro de Estado que refrendó el Decreto Ejecutivo referido se ha mantenido hasta la fecha; pero el feliz hallazgo del original de ese documento pone en evidencia que la refrenda fue suscrita por el señor Dueñas.

  

Capital interina del Estado

El 17 de abril de 1854 un macrosismo destruyó completamente a la ciudad de San Salvador, capital del Estado, y esto obligó al Presidente don José María San Martín a expedir, el día siguiente, en el pueblo de Soyapango, el célebre Decreto en virtud del cual se trasladó interinamente a la ciudad de Cojutepeque la sede del Gobierno. Cojutepeque fue la capital interina de El Salvador hasta el 28 de junio de 1858 fecha en que el Senador don Gerardo Barrios, a la sazón Encargado del Supremo Poder Ejecutivo, emitió en esta ciudad un Decreto ordenando la traslación de las autoridades a la antigua ciudad de San Salvador, lo que se efectuó el día siguiente. Durante el lapso de más de cuatro años que Cojutepeque fue la capital de El Salvador, ocuparon la primera magistratura del Estado los señores don José María San Martín, Lic. Francisco Dueñas, patricio Rafael Campo, don Lorenzo Zepeda, don Miguel Santín del Castillo y general don Gerardo Barrios.  En los años de 1856 y 1857 Cojutepeque tuvo mucha actividad, debido a que de esta población partieron para Nicaragua los numerosos batallones del ejército salvadoreño que fueron a combatir al filibustero William Walker. En esta misma época, su vecindario fue diezmado por el cólera morbus.

  

Cojutepeque en 1859

La permanencia de las autoridades del Estado, en el periodo de 1854 a 1858, influyó notablemente en los progresos de la Ciudad Leal de Cojutepeque, pues según un informe municipal, de fecha 24 de diciembre de 1859, esta población contaba con 7,840 habitantes, que habitaban 150 casas de teja, 63 ranchos con techo del mismo material y 720  casas pajizas. "La clase ladina -dice el informante-, por lo que hace a los hombres, viste con alguna decencia pues usa frac, levita, paletó o saco. La mayor parte de las mujeres de esta clase viste túnica. Entre los indígenas, los hombres visten pantalón y camisa, y uno que otro de ellos, chaqueta. Las mujeres, enaguas. Sus costumbres (las de los indios) son las de hacer velaciones ruidosas a los santos de las muchas cofradías que sostienen a aquella Parroquia. Los indígenas estiman en mucho portar las insignias de la Pasión en los días de la Semana Santa, al extremo de pagar cierta contribución por llevar talo cual insignia. El miércoles de Ceniza por la noche enclavan la efigie de Jesucristo como sucede en los demás puntos (demás poblaciones) el viernes Santo y permanece la escena de este día por toda la Cuaresma. Son muy inclinados a la música, y las familias del Centro lo son además al baile y al canto. También se advierte que tienen inclinación a la carrera de las armas, principalmente los indígenas", como lo comprobaron, agregamos, en la campaña nacional contra Walker, en que hicieron famoso el grito de: "Adentro Cojutepeque!" Además de sus viejas y venerables iglesias, la de San Juan Bautista y la de San Sebastián, Cojutepeque contaba como edificios públicos un hermoso Cabildo, con sus correspondientes oficinas y regulares cárceles, y una Escuela de instrucción primaria a la que concurrían regularmente 70 niños. Al mismo tiempo, esta ciudad era asiento de un Juzgado de la. Instancia y de dos Juzgados de Paz, así. como de la Comandancia Militar y de una guarnición de quince soldados.

   

Cabecera departamental

Don Guillermo Dawson afirma que "Desde la erección (del departamento) de Cuzcatlán (22 de Mayo de 1835), hasta el año de 1862, Suchitoto fue su cabecera", y el doctor Santiago I Barberena apunta lo mismo, o sea, que "la cabecera fue desde un principio la ciudad de. Suchitoto, hasta 1862 que se trasladó a Cojutepeque". Dawson, de quien copia Barberena, no indica la fecha ni alude al documento por el cual se operó el cambio de cabecera departamental. Sin embargo, este suceso se llevó a cabo el 12 de noviembre de 1861, fecha en que el Supremo Gobierno que presidía el capitán general don Gerardo Barrios, expidió el "Reglamento de Gobernadores, Jefes de Partido, Concejos Municipales, Alcaldes y Jueces de Paz", en cuyo artículo 10 se establece que el departamento de Cuzcatlán está constituido  por los distritos de Cojutepeque, Suchitoto e Ilobasco, y que es cabecera y residencia de su Gobernación, la ciudad de Cojutepeque. El 12 de noviembre de 1861, y no en 1862, pues, Suchitoto dejó de ser oficialmente cabecera departamental, y Cojutepeque entró a gozar de esta categoría.

  

Sucesos posteriores

En la segunda mitad del año de 1863 el general Rafael Carrera, Presidente de Guatemala, invadió el territorio salvadoreño por segunda vez, con el firme propósito de derrocar la liberal administración del capitán general don Gerardo Barrios e imponer a los salvadoreños la administración conservadora del licenciado don Francisco Dueñas. Adversa la suerte del Héroe de Coatepeque, en julio de 1863 se pronunciaron contra su régimen constitucional los vecinos de Cojutepeque, cuya deslealtad fue castigada por el general Eusebio Bracamonte, quien el día 16 infligió una derrota a los revolucionarios. Pocos días más tarde, el 24, la plaza fue ocupada por el general guatemalteco don Vicente Cerna, quien fue recibido con demostraciones de entusiasmo, entrando a través de una valla formada por más de 2,000 hombres. El 12 de marzo de 1872 esta ciudad fue escenario de una asonada contra el gobierno del mariscal de campo don Santiago González, que se tradujo en una rotunda derrota para los insurrectos. Durante la administración de este ilustrado militar, en el área municipal de Cojutepeque se fundaron varios municipios: El Rosario, el 11 de marzo de 1872; y Santa Cruz (Michapa), Monte de San Juan, El Carmen, San Cristóbal y Candelaria, el 12 de agosto de 1872. Además, se fundó Oratorio de la Inmaculada Concepción, el 7 de Octubre de 1873, en jurisdicción de San Bartolomé Perulapía, distrito de Cojutepeque. En 1890 Cojutepeque tenía una población de 7,950 almas, distribuidas en seis barrios: los de Concepción, Santa Lucía, San Juan, San José, San Nicolás y El Calvario. "Sus principales edificios públicos -apunta don Guillermo Dawson- son sus cuatro iglesias, su elegante cabildo, la casa de escuela y el hospital". Por Ley de 11 de marzo de 1892, Cojutepeque cedió al distrito de Suchitoto el pueblo de Oratorio e incorporó en el suyo la villa de Tenancingo, que pertenecía a aquél.

   

El reloj de Abderramán III

En el cimborrio de la Iglesia de San Sebastián, de la ciudad de Cojutepeque, marcó el paso del tiempo el célebre "Reloj de Abderramán III", de 1839 a 1887. "Entre las cosas notables (de Cojutepeque, dice en sus "Recuerdos Salvadoreños" el historiador don José Antonio Cevallos) conocimos el viejo reloj colocado a una de las torres del templo de San Sebastián. ¿Cómo llegó allí, de dónde vino y quién lo mandó situar en el cimborrio en que hace largos años anuncia las horas con marcada regularidad? Véase aquí lo que sabemos sobre el contenido de los tres puntos indicados. Abderramán nI, Rey moro de Andalucía, fue su real fabricante, antes de ser expulsada su nación de la península española. Arrojados los moros a sus antiguas comarcas del África y de la Mauritania, mucha parte de sus riquezas quedó en poder de los españoles; siendo el vetusto reloj una de las regias alhajas que en el gran despojo compusieron el cuantioso botín de los Reyes, Fernando de Aragón e Isabel de Castilla, la Católica. A poco tiempo la América fue descubierta por el insigne navegante Cristóbal Colón, y conquistada la provincia de "Las Higueras", hoy República de Honduras por el Lugarteniente de don Pedro de Alvarado, don Juan de Chávez, se estableció la Audiencia de los Confines en la ciudad de Gracias a Dios, a quien fue obsequiado por  Felipe n el histórico reloj. Aquel tribunal se trasladó a la antigua ciudad de Guatemala, llevándoselo consigo; y trasladado en épocas recientes el Gobierno Federal a este Estado, lo regaló a la Ciudad Leal (de Cojutepeque) el año de 1839, que el general Francisco Morazán se retiró allá, en virtud de la ruina de San Salvador, acaecida en el mes de Octubre de aquel año. Si los datos procedentes fueren ciertos desde su origen, no hay duda de que el reloj público de Cojutepeque, representa la historia de una obra artística maravillosa, cuya duración pasa ya de quinientos años; mas si por el contrario existen mejores datos de su procedencia, la relación anterior, que no pasa de ser una leyenda propia para   entretener a los curiosos, sin detrimento de la veracidad que debe suponerse en el escritor. Las noticias que nosotros comunicamos ahora, las recibimos hace algún tiempo del finado jurisconsulto salvadoreño don Enrique Hoyos, cuyo testimonio tiene .la autoridad de la instrucción variada de aquel hombre raro por sus talentos, muerto todavía en una edad temprana,  consecuencia de una penosa y prolongada enfermedad, que lentamente lo privó de la existencia". Y, en una nota marginal, el doctor Cevallos agrega: "La obra del Rey moro, ha sido repuesta por otro reloj de muy buena calidad". El anterior relato tradicional contiene errores e inexactitudes. Ya el doctor Santiago 1. Barberena, con su acostumbrada erudición,  ha escrito lo siguiente: "La especie en sí no es absurda, porque en la época de la expulsión de los moros ya habían numerosos relojes de rueda, pero no creo haya sido obra de Abderramán III (que no fue Rey de Andalucía), octavo emir independiente de Córdoba, el primero que en España usó el título de Califa, y el primero de los emires cordobeses que tomó el título de Emir-al-Mumenín (príncipe de los fieles), quien vivió de 891 a 961, época en que aun estaba en mantillas el arte de construir relojes de rueda, si es que ya había nacido". Si bien no pertenecía ese reloj a los siglos IX-X de la Era Cristiana, es indudable que fue joya del arte moro y que, a la caída de Granada (1592), figuró en el rico botín de guerra de los Reyes Católicos de España. Creada la Real Audiencia de los Confines .en 1542, durante el largo y glorioso reinado del Emperador Carlos V de Alemania y I de España, inauguró sus sesiones en Gracias a Dios (Honduras) en mayo de 1544, y a este organismo colonial fue donado por la Real Corona el célebre reloj. En 1549, durante la Presidencia del licenciado Alonso López de Cerrato, la Real Audiencia se trasladó con todo y reloj a la antigua Guatemala, y en 1776 a la Nueva Guatemala. En 1834 las autoridades supremas de la República Federal de Centro América se trasladaron, primero, de Guatemala a Sonsonate, y luego, de esta ciudad a la de San Salvador, llevando consigo también el viejo reloj. Finalmente, a raíz de la ruina de octubre de 1839 las autoridades salvadoreñas, bajo la jefatura del general Francisco Morazán, se mudaron a la entonces villa de Cojutepeque, instalándose en el cimborrio de la iglesia de San Sebastián el histórico "Reloj de Abderramán III". "Fue colocado en una de las torres de la iglesia de San Sebastián apunta el doctor Barberena-, y estuvo en servicio hasta 1877".

   

La Ceiba de mi Pueblo

En el recinto de Cojutepeque hay dos plazas grandes: la de armas, que sirvió de mercado general, y la de San Juan, donde existió una hermosísima Ceiba, que cantó en inspirados versos el bardo lugareño Rafael Cabrera. La Ceiba de Cojutepeque cayó abatida por el hacha inmisericorde de un labrador y por la orden de un ignorante funcionario público; pero el bello poema de Cabrera, el poema de la nostalgia, vivirá mientras viva la República, como una de las más bellas expresiones estéticas.

  

Hombres ilustres

Cojutepeque puede ufanarse, con muy legítimo orgullo, de contar entre sus hijos a hombres prominentes, tales: el inspirado poeta Francisco Díaz; el general José María Rivas, militar digno y valiente; Rafael Cabrera y Ana Dolores Arias (ésta escribía con el pseudónimo de "Esmeralda"), llamados los "Poetas Novios de Cuzcatlán", autor el primero del bellísimo poema intitulado "'La Ceiba de Mi Pueblo", y la segunda de la sentida composición, elegíaca, intitulada "Tristezas"; Dr. J. Maximiliano Olano, médico eminente y hombre público de acrisolada conducta, etc.

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