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Nueva San Salvador

  • Categoría: La Libertad
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Departamento: La Libertad. Título de Ciudad: Dato no Disponible.

Topónimo: Dato no Disponible.

Ubicación: 13°40'27.18"N, 89°17'23.66"W. googlemapsGoogle maps googleearth Google Earth

 

 

  

 El terremoto de 1854

La ciudad de San Salvador, ubicada en el riñón del espléndido valle que los antiguos denominaban de Zalcuatitán y que los españoles bautizaron con el de las Hamacas a causa de la naturaleza móvil de su suelo, ha sido destruida en varias ocasiones por violentísimos terremotos. Entre los primeros se recuerdan los de los años de 1575, 1594, 1625,1648,1719,1773 Y 1815, que fueron totales, e infinidad de otros que causaron daños más o menos considerables. El terremoto de 1839 hizo que el gobierno salvadoreño se trasladara temporalmente de San Salvador a Cojutepeque y desde entonces los san salvadoreños fueron pensando seriamente en la posibilidad y conveniencia de mudar el asiento de la ciudad, del valle de las Hamacas, a otro que ofreciera menor sismicidad. En un documento de septiembre de 1853 se dice categóricamente: "Si la ciudad de San Salvador debía abandonar el sitio que hoy ocupa, sería preciso aproximarla al puerto (de La Libertad) y trasportarla, si fuese posible, al hermoso valle de la Hoya (hoy Nuevo Cuzcatlán)". El 13 de febrero de 1854 inauguró su período presidencial el ciudadano coronel José María San Martín y pocas semanas más tarde tuvieron efecto en el valle de las Hamacas los .destructores fenómenos sísmicos que redujeron a escombros y pavesas a la ciudad capital de los salvadoreños. A las 5 h 30 m del 14 de abril de 1854, San Salvador fue sacudido por un ligero temblor precedido de retumbos o ruidos subterráneos, cuyos sonidos eran semejantes "a un trueno oído a gran distancia". Aquel temblor era el preludio de una serie de sismos más o menos violentos que se sucedieron hasta las 10 h con intervalos de 5 a 20 m Nuevas series de temblores pusieron en alarma a los vecinos de la capital, a la sazón ocupados en llevar a cabo las solemnidades de la Semana Santa. El 16 de abril de 1854, Domingo de Pascua de Resurrección, amaneció con atmósfera despejada y serena, aunque el clima un poco ardoroso. Ya no temblaba, y entró la noche sin novedades en sus tres primeras horas. A las 21 h 30 m "un fuerte temblor de tierra, no precedido de ruidos subterráneos, puso en alarma a la población. Muchas familias salieron de sus casas a formar campamentos en las plazas públicas, y otras se colocaron para hacer noche en sus respectivos patios". Pero a las 23 h 5 m provino el espantoso macrosismo. "Sin precedente alguno de ruido la tierra se conmovió con tal furor que en 10 segundos la ciudad se vino a plomo: el ruido de los templos, torres, casas, etc. Que caían era espantoso; una nube de polvo ahogaba a los afligidos habitantes, sin encontrarse una gota de agua ni para desalterarse ni para acudir a la multitud de personas medio asfixiadas o acometidas de violentos ataques que por donde quiera reclamaban auxilio, porque las cañerías y las fuentes públicas quedaron en el acto rotas o secas. La torre del reloj de Catedral (hoy Iglesia del Rosario) llevó en .su caída una gran parte de la Iglesia; los campanarios de San Francisco hundieron el oratorio episcopal y una parte del Palacio. La Iglesia de Santo Domingo se hundió en su mayor parte al caer sus torres, y arruinó el Colegio de La Asunción. La Universidad, edificio elegante, nuevo Y construido a todo costo (con buenos materiales) quedó demolido. La Iglesia' de La Merced vino a tierra en su mitad y de las casas particulares son muy contadas las que han quedado en pie aunque de todo punto inhabitables". El macrosismo no respetó ni edificios religiosos, ni públicos, ni privados. Todo fue destruido "en los primeros 10 segundos, pues aunque los temblores que siguieron al de la ruina fueron tremendos y precedidos de prolongado estampido que se oía bajo nuestros pies, no causaron ya tantos estragos en las pocas y maltratadas casas que el 1 primero dejó en pie". "Terrible e imponente era el cuadro que presentaba en aquella fúnebre noche una población numerosa aglomerada en las plazas y puesta de rodillas pidiendo al cielo misericordia a grandes. voces, o expresando la desesperación que causa la pérdida de $US hijos y deudos que creían sepultados bajo los escombros; un cielo opaco, triste y amenazante, un movimiento ondulatorio bajo nuestras plantas tan fuerte y desigual que nos hacía temer cuanto hay de funesto, un olor sulfuroso tan pronunciado e intenso que parecía anunciar la próxima apertura de un cráter, sin ser posible huir porque las calles obstruidas con paredes caídas, techos abatidos, maderas, rejas de hierro, etc., ni daban paso, ni ofrecían seguridad, porque 10 poco que no estaba caído amenazaba caer: tal era el espectáculo de San Salvador la infausta noche del 16" (Boletín Extraordinario del Gobierno).

   

En busca de otro asiento

El terremoto del 16 abril 1854 reafirmó a las principales familias de San Salvador en el viejo propósito de buscar otro asiento para la ciudad capital de la República. Trasladada la capital interinamente a Cojutepeque, en esta población solicitaron verbalmente al señor Presidente las autoridades civiles, militares y eclesiásticas, así como notables personalidades de la sociedad san salvadoreña, que designara un nuevo lugar donde reedificar a San Salvador. El 27 de abril de 1854 el gobierno comisionó a los señores Lic. Francisco Dueñas, Lic. Eugenio Aguilar, Dn. Julio Rossignon, Gral. Trinidad Muñoz y Dn. Baltazar Bogen para que buscaran "el local más a propósito para el objeto indicado, procurando elegirlo con la mayor imparcialidad, en una localidad firme y capaz para una gran población, de buena temperatura, con buenas y abundantes aguas, y terrenos fértiles en sus inmediaciones". Los comisionados escogieron un sitio al Sur del primitivo emplazamiento, no lejos del pueblo de Huizúcar, a cuya iglesia parroquial se trasladaron algunos objetos sagrados y el órgano pertenecientes a la destruida Catedral san salvadoreña. El 8 de mayo el señor Presidente San Martín salió de Cojutepeque a inspeccionar el lugar referido y regresó el día 11. En su viaje el mandatario salvadoreño pudo comprobar que la localidad escogida por la comisión "a más de ser estrecha, carece de otras condiciones indispensables"; pero, a su regreso de esa inspección, sus ojos se fijaron en "el llano de Santa Tecla", como futuro asiento de la capital. El Supremo Gobierno nombró otra comisión, esta vez integrada por los señores Dn. J. Baltazar Bogen, Lic. Francisco Dueñas, Dn. Felipe Chávez, Dn. Manuel S. Muñoz y señores Padilla y Durán, quienes en 4 de junio de 1854 dijeron al Ejecutivo: "La comisión ha fijado su vista en la llanura de Santa Tecla por ser un punto que agrada a la generalidad de los habitantes de San Salvador, tanto por su inmediación y su camino carretero, como por la salubridad, frescura de su temperamento, inmediación al puerto de La Libertad y otras favorables circunstancias". El 28 de junio el señor Presidente partió de Cojutepeque, para "la antigua capital, a donde le llevan objetos de interés público y el deseo de examinar por sí mismo el sitio propuesto en la llanura de Santa Tecla para fundar la nueva San Salvador". Complacido regresó el día 5 de julio siguiente. Finalmente, el 6 de julio de 1854 se presentó al Supremo Gobierno una solicitud firmada por lo más destacado del mundo social, intelectual y político de la arruinada capital. En este extenso escrito se solicitaba" la autorización del Gobierno para fundar la nueva ciudad en el hermoso llano de Santa Tecla".

  

Acuerdo de 8 de agosto de 1854

Después de haberse celebrado las fiestas patronales de El Salvador, parte en la ciudad de Cojutepeque y parte en la capital destruida, el Supremo Gobierno resolvió favorablemente el 8 de agosto de 1854 la petición de 6 de julio anterior. En efecto, el Presidente del Estado don José María San Martín, expidió en la Ciudad Leal de Cojutepeque el Acuerdo Ejecutivo que literalmente dice: "Cojutepeque, Agosto 8 de 1854. Vista la exposición que al Gobierno han elevado los funcionarios y vecinos principales de la arruinada ciudad de San Salvador, solicitando la fundación de la nueva capital en el llano llamado de Santa Tecla; estimando bien formados y bastantes fundados los conceptos en que descansa tal petición, suscrita por personas caracterizadas, por hombres de arraigo, de negocios y de profesiones útiles y por padres de familia, que teniendo estrechos vínculos con el lugar de su domicilio, son los más interesados por éste, de cuya prosperidad gozan una parte mayor; teniendo presente que siendo los oficios del Gobierno para con la sociedad la aplicación actual de la fuerza pública a la comunidad y a sus individuos el mismo Gobierno debe a los ciudadanos protección en el territorio de su morada, como la primera y más importante propiedad, en la cual están radicadas las demás y la que está ligada su subsistencia; y considerando, por último, que la determinación que ulteriormente se dicte, sobre fijar el asiento del Gobierno, no debe prolongar la que puede influir en hacer cesar la ansiedad y la incertidumbre de una porción de familias, que ha tenido que abandonar sus casas e intereses por consecuencia de la ruina de la Antigua Capital; pues que el propio Gobierno en cualquier parte puede desempeñar sus funciones, que no están circunscritas al lugar determinado; el Sr. Presidente del Estado, conceptuándose suficientemente facultado por las circunstancias excepcionales del caso, se ha servido ACORDAR: 1° Se autoriza la fundación de la nueva ciudad de San Salvador en el llano de Santa Tecla y en el lugar designado al efecto por la comisión a quien se encargó por el Gobierno el reconocimiento del caso. 2° El mismo Gobierno dará a los que gusten domiciliarse en ella terrenos para edificar y hará a la nueva población la designación de los ejidos a que tenga derecho con arreglo a la Ley de Indias; concediéndola además las franquicias que se soliciten y cuyo otorgamiento quepa en sus facultades constitucionales. 3° Se dará cuenta con este acuerdo a la Legislatura en su próxima reunión, comunicándose entre tanto al Gobernador del Departamento de San Salvador, para los efectos que son consiguientes. (Hay una rúbrica).- GOMEZ". Por medio de este Acuerdo el Presidente San Martín no ordenó a los San salvadoreños que fundaran la nueva capital en el llano de Santa Tecla, sino únicamente los autorizó para que reedificaran o no la nueva ciudad en ese paraje, según juzgaran más conveniente a sus intereses. El Acuerdo de 8 de agosto de 1854 da origen a un proyecto: el proyecto de reedificar la nueva capital en el llano de Santa Tecla, mas no constituye en sí el hecho mismo de la fundación de Nueva San Salvador.

 

Sucesos posteriores

La llanura de Santa Tecla está situada entre las estribaciones australes del Quezaltepec o volcán de San Salvador y el sistema montañoso de Las Colinas que forma la Cadena Costera. Esa llanura era ocupada por el antiguo latifundio o hacienda de Santa Tecla. Monseñor Pedro Cortés y Larraz ya la menciona en 1770 como una de las principales de la parroquia de San Jacinto y apunta que este curato "es de caminos muy escabrosos; solamente no son malos los que hay para el pueblo de Cuzcatlán y hacienda de Santa Tecla, pero para lo restante de la administraci6n son de mucha aspereza y montaña". En 1786 ingres6 en el área jurisdiccional del partido de San Salvador y en 1807 el corregidor intendente don Antonio Gutiérrez y Ulloa dice de ella lo siguiente: "Hacienda en el camino de atajo para Sonsonate, al S. O. de San Salvador a tres leguas, de 35 caballerías de tierra de extensi6n, propia de D. Juan Palmas; goza del mejor temperamento y fresco apacible; en esta hacienda se coge el maíz mejor de toda la Provincia; se conserva bien, su especial cuidado todo el año además de la fertilidad del terreno, que es general, da 3 cosechas y en la principal 300 fanegas por una. Es muy a proposito para repastaje de Ganado". En esta llanura la estaci6n de las lluvias es sumamente intensa, pues allí caen con frecuencia las tormentas que se forman en el cerro de San Jacinto y Lomas de Candelaria. De tal suerte, que en los meses de agosto, septiembre y parte de octubre de 1854 no se pudieron iniciar los trabajos preliminares para la fundaci6n de la nueva ciudad. El 15 de agosto de dicho año, la municipalidad de Antigua San Salvador expres6 al Presidente don José María San Martín, por intermedio de los ediles don Antonio Liévano y don Anastacio Mora, el júbilo de los vecinos de la capital arruinada por el Acuerdo de 8 anterior, " en que habéis tenido a bien -dijéronle- señalar el terreno de Santa Tecla para la fundacion de la Nueva San Salvador". Estos ediles interpretaron correctamente el contenido del Acuerdo de 8 de agosto de 1854: en él el Ejecutivo Nacional se había concretado a "señalar el terreno de Santa Tecla para la fundación de la Nueva San Salvador". Por su parte, el Presidente San Martín nunca creyo que por medio de ese Acuerdo había fundado a Nueva San Salvador, pues contest6 a los ediles antes citados, que lo único que había hecho era" designar oficialmente el lugar en que debe reaparecer la Ciudad de San Salvador" y que estaba dispuesto a "llevar a cabo aquella obra". El 23 de octubre siguiente se comenz6 a hacer en el llano de Santa Tecla "la delineaci6n de la nueva ciudad", según informe del gobernador departamental don Ciriaco Choto; y el 7 de noviembre siguiente el Gobierno expidio el Acuerdo referente a la concesion de solares para edificar "a los que lo pidieren". En esta última fecha, pues, ni un solo san salvadoreño había pedido todavía solar para edificar su casa en. la llanura de Santa Tecla, ni ninguno vivía aún en el paraje que hoy ocupa la Nueva San Salvador. El 13 de noviembre, vecinos de la antigua capital hicieron circular impresa la noticia de que deseando que sea "conocido de todos el lugar designado para fundar lo nueva ciudad" habían dispuesto, de acuerdo con las autoridades locales, celebrar en él la pr6xima funci6n de Pascua del 24 al 26 de diciembre entrante. A mediados de noviembre de 1854, pues, muchísimos vecinos de la capital arruinada aún no conocían el llano de Santa Tecla, destinado oficialmente para albergar a la nueva ciudad que iba a fundarse. El 4 de diciembre del año referido, el obispo de la di6cesis de San Salvador, monseñor Tomás Miguel Pineda y Zaldaña, curs6 al señor Ministro de Relaciones licenciado Ignacio G6mez, una importante comunicaci6n, en la que le expresaba que "según el espíritu del cristianismo" no debe emprenderse ninguna obra buena, sin invocar antes el auxilio de Dios Nuestro Señor" y que en la fundacion de la  nueva capital, "claro es que debe preceder un acto religioso, a cualquiera otro aunque tenga los fines más honestos". Luego le informa que ha comisionado al secretario de cámara y gobierno episcopal doctor y presbítero José Ignacio Zaldaña para que, "en uno de los días anteriores al 25 del presente (Diciembre), y que le parezca más oportuno, bendiga, según el rito de la Iglesia, el local designado para la nueva Catedral, y coloque en él la Santa Cruz, signo sagrado que nos recuerda la obra de nuestra Redenci6n; extendiendo la bendición a toda el área, demarcada a la vez para la nueva ciudad, que desde luego, y por lo que a Nos toca, queremos se denomine: Nueva Ciudad del Divino Salvador". El señor ministro licenciado Gómez, en igual fecha contestó al Ilmo. obispo que el señor Presidente don José María San Martín había estimado, "como altamente acertado que, antes de dar principio a los trabajos, se bendiga la área demarcada y señaladamente el local en que debe levantarse la Iglesia Parroquial de la nueva poblacion". Los términos de esta nota del ministro G6mez son muy importantes en el esclarecimiento de los orígenes de Nueva San Salvador. En efecto, el Supremo Gobierno consideró, como lo había considerado monseñor Pineda y Zaldaña, "que, antes de dar principio a los trabajos" de edificaci6n de la nueva capital, es decir, como acto previo a la fundación, debía llevarse a cabo la bendición de la llanura de Santa Tecla y la colocación de la Santa Cruz según los ritos de la Iglesia.

 

Fundación de Nueva San Salvador

Los actos religiosos y cívicos ocurridos en el llano de Santa Tecla con ocasión de la Pascua de 1854 y que se desarrollaron a partir del 24 de diciembre son, en sí los hechos constitutivos de la verdadera y auténtica fundación de Nueva San Salvador. El comité de festejos de la Pascua hizo construir, con anticipación, ranchos provisionales en el hermoso llano de Santa Tecla, para alojar en ellos a los centenares de capitalinos que iban a llegar a las festividades religiosas. "Dispuestos los salvadoreños-dice un documento de la época- a dar los primeros pasos para la fundación de la nueva ciudad, salvaron las dificultades, venciendo todas las incomodidades que naturalmente debieran presentarse para permanecer tantas familias por espacio de tres días unas, de 4 y de 5 otras". Es importante hacer recalcar aquí cuatro cuestiones: 1a iba a ocurrir un acto religioso, previo a cualquiera otro civil: la bendición del llano de Santa Tecla y la colocación de la Santa Cruz; 2apor primera vez una mayoría de San salvadoreños iba a contemplar el llano destinado para asiento de su ciudad; 3a los san salvadoreños estaban "dispuestos" (resolución casi unánime) a trasladar su ciudad querida del valle de las Hamacas a la llanura tecleña; y 4a después de la bendición y colocación de la Santa Cruz iban "a dar los primeros pasos para la fundación de la nueva ciudad". Los ranchos provisionales que albergaron a los fundadores en el referido llano "formaban un cuadrilongo bastante extenso, teniendo en el centro el salón preparado para el baile, que además de haber servido para este objeto, sirvió también constantemente -dice el mencionado documento- de punto de reunión a los futuros habitantes de la ciudad proyectada". Los actos fundacionales ocurridos los días 24, 25y 26 de diciembre de 1854, en lo que interesa para estos orígenes, fueron los siguientes: Día 24. "La Celebración comenzó el 24 por la mañana con la colocación de la Santa Cruz en el lugar designado para la Iglesia principal que debe edificarse en la Nueva San Salvador". El Presidente del Estado coronel don José María San Martín, el primer magistrado salvadoreño, "asistió al acto de la colocación de la Cruz" y bendición consiguiente de la llanura de Santa Tecla conforme las ceremonias de la Iglesia. Este día hubo por la tarde corridas de toros y por la noche fuegos artificiales. Día 25. "El lunes celebró el Santo sacrificio de la Misa el Sr. Canónigo Dr. D. Ignacio Zaldaña en una ermita provisional, y predicó un sermón análogo a las circunstancias". El Señor Presidente San Martín asistió "a la Misa del lunes, haciéndole los honores el cuerpo de guardia que le acompañó". Los asistentes al acto dijeron: "que el día veinticinco del mes referido (en que previa la bendición del local en que debe edificarse la nueva ciudad y el Templo Diocesano) al tiempo de la Misa solemne que se cantó; el Sr. Canónigo Dr. D. José Ignacio Zaldaña, nos invitó en el patético y sentimental discurso análogo que pronunció, a que desde luego jurásemos, y juramos en el acto, celebrar cada año en la nueva ciudad el prodigioso nacimiento del Divino Salvador en el portal de Belén". Por la tarde hubo corridas de toros, por la noche fuegos artificiales y un lucido baile donde reinó el buen humor hasta las 3 de la mañana del día 26. Día 26. Hubo más corridas de toros y por la noche fuegos artificiales, concluyendo los festejos cívico religiosos "con la representación de una comedia por una compañía de aficionados". La Gaceta del Salvador dice algo más: "Durante estos días, en que estuvieron reunidos más de 4 mil concurrentes de todas clases y condiciones, es digno de notarse que no hubo la menor desgracia como es común en nuestros pueblos, principalmente cuando se hace un inmoderado uso de los licores". Por desgracia no existe el Acta de Fundación de Nueva San Salvador; pero la concurrencia por vez primera de más de 4,000 personas de San Salvador en el llano de Santa Tecla, la toma de posesión de esa localidad como futuro asiento de la ciudad destruida, la determinación de los capitalinos de trasladar sus moradas a ese valle, la hincada de la Santa Cruz en el solar que debía ocupar la nueva Catedral, la bendición de la hermosa llanura el día 24 y sobre todo el oficio del Santo Sacrificio de la Misa llevado a cabo por primera vez el 25 de diciembre de 1854, el juramento solemnemente contraído de celebrar anualmente la Pascua en la nueva ciudad y la jura de los Santos Patronos, la presencia del primer magistrado del Estado en esas primeras festividades, la edificación de un local que sirvió constantemente de punto de reunión a los fundadores, etc., etc., son hechos de tal naturaleza que, aun sin Acta de Fundación, deben y tienen que ser considerados como los hechos constitutivos de la Fundación de la Nueva Ciudad de San Salvador. Es a partir del 25 de diciembre de 1854 que la ciudad de Nueva San Salvador queda, en concepto de los neosansalvadoreños, fundada para gloria de los siglos futuros, pues en esa fecha "juramos en el acto (de la Santa Misa) -dijeron- celebrar cada año en la NUEVA CIUDAD el prodigioso nacimiento del Divino Salvador en el portal de Belén". Por lo demás, en la primera Acta levantada por los vecinos que concurrieron a las festividades de la Pascua en el llano de Santa Tecla, de fecha 27 de diciembre de 1854, se dice: "En la nueva ciudad del Divino Salvador en Santa Tecla, a veintisiete de Diciembre de mil ochocientos cincuenta y cuatro, etc".

  

Capital de la República

Por Decreto de las Cámaras Legislativas de 5 de febrero de 1855, no sólo se aprobó en todas sus partes el Acuerdo Ejecutivo de 8 de agosto anterior y todo lo efectuado por la administración del coronel don José María San Martín en pro de la fundación y edificación de la nueva ciudad de San Salvador, sino también se decretó lo siguiente: 1° Que el título y nombre oficial de la nueva poblaci6n fundada en la llanura de Santa Tecla es: Nueva Ciudad de San Salvador; 2° Que esta población es la Capital del Estado de El Salvador; 3° Que el Supremo Gobierno, lo mismo que el Gobierno Eclesiástico, procedan a construir en ella, lo más pronto posible, todos los edificios y dependencias necesarios para el funcionamiento normal de las autoridades civiles, militares y eclesiásticas; y 4° Que tan luego como haya en la nueva ciudad edificios suficientes, el Poder Ejecutivo y demás dependencias del gobierno se trasladen a ella. Lenta y trabajosamente fue surgiendo la nueva ciudad. A principios de abril de 1855 ya había construidas muchas casas baratas, que moraban vecinos pobres de la Antigua San Salvador, y en el centro se alzaban lujosas residencias. Terminadas o pr6ximas a terminar estaban las casas de los señores Ciriaco Choto, Felipe Chávez, Santiago Vilanova, Elena San Juan, José Leandro Chávez, Raimundo Meléndez, can6nigo Ignacio Zaldaña, José Antonio González, Sim6n Pino, José L6pez, Francisco Dueñas, Ram6n López, Lic. José Saldívar, Cosme Rivera y otros. Un testigo ocular de la ciudad en marcha, con fecha 4 de abril de 1855, dice: "Los que en Diciembre último (1854) vieron en la fiesta de Pascua una llanura desierta se quedaran ahora sorprendidos al contemplar tantos trabajos emprendidos en menos de tres meses". "Se puede asegurar -agrega- sin temor a la más pequeña equivocaci6n, que dentro de un año la nueva poblaci6n presentará ya el aspecto de una Capital que será el orgullo de los Salvadoreños". La primera municipalidad tecleña tom6 posesi6n ello de enero de 1856 y fue presidida por el alcalde don Santiago Vilanova. El 28 de junio de 1858 el general Gerardo Barrios, en su concepto de Senador encargado del Supremo Poder Ejecutivo de la República de El Salvador, decret6 el traslado del Gobierno de Cojutepeque a la Antigua San Salvador, con el objeto de atender, "con más eficacia", a la "edificacion" de Nueva San Salvador. Durante la corta administración del Vicepresidente Benemérito de la Patria General Joaquín Eufracio Guzmán y por Decreto Legislativo de 27 de enero de 1859, se decret6 que "la Antigua Ciudad de San Salvador vuelve a ser como antes la Capital del Estado". Solo el Poder Judicial residió temporalmente en la efímera capital neosansaIvadoreña.

   

Sucesos posteriores

En un informe municipal de Nueva San Salvador, de fecha 29 de enero de 1859 y suscrito por el alcalde don Manuel Olivares, se lee lo siguiente: "Hay noventa y dos casas y catorce ranchos de teja, y sesenta y una casas de paja; esto es en la población, fuera de las casas de teja y pajizas que hay en las chacras. Se están construyendo las iglesias de Concepcion y El Carmen, y se halla en servicio la ermita de San' Antonio. Está hecha una parte del convento de San Francisco y se preparan materiales para continuarla". "Hay una escuela de enseñanza primaria a la que concurren sobre cincuenta niños, y otra privada de niñas a donde van de 16 a veinte y en la que se ha visto últimamente bajo la enseñanza de la Señora Luz Salazar, dechados de 28 y 38 clase de muy buen gusto en su dibujo y exquisito trabajo, que demuestran a primera vista el esmero y conocimiento de la Señora preceptora". "Su salubridad es tal -agrega- que en los cinco años que cuenta desde su fundaci6n, no han muerto más que 79 individuos y han nacido 556". "En la actualidad -dice en otro párrafo- se están formando muchas fincas de café en grande y pequeño, pues por la experiencia y conocimientos prácticos de personas capaces, se han calificado estos terrenos como de los más aparentes para el cultivo de este fruto". La poblaci6n de Nueva San Salvador era entonces de 2,003 habitantes, de los cuales 1,063 correspondían al radio urbano y 940 al rural. Entre sus vecinos figuraban 4 abogados, 1 médico, 1 farmacéutico, 12 eclesiásticos, 1 agrimensor, 1 escultor y 3 músicos. Los valles adscritos a su jurisdicción eran los de Sacamil, Amates, Callejón (del Guarumal, hoy pueblo de CoIon),Las Granadillas, Villanueva, Piletas, Ayagualo y La Laguna. El 22 de julio de 1863 el coronel Juan Choto, a las órdenes de un destacamento de traidores a la Patria, llegó a Nueva San Salvador y capturó a don Manuel Espinosa, hermano uterino del capitán generaldon Gerardo Barrios. El 10 de septiembre del mismo año el general Rafael Carrera, Presidente de la República de Guatemala, convirtió a Nueva San Salvador en cuartel general. Por Decreto Legislativo de 28 de enero de 1865 se creó el departamento de La Libertad y se le señaló como cabecera departamental a la ciudad de Nueva San Salvador. Por esa misma Ley se creó el distrito administrativo de Nueva San Salvador, con jurisdicción sobre los municipios de Puerto de La Libertad, Huizúcar, Antiguo y Nuevo Cuzcatlán, Zaragoza, Tepecoyo, Jayaque, Teotepeque, Jicalapa, Chiltiupán, Tamanique, Comazahua y Talnique. En 1890 Nueva San Salvador tenía 13,715 habitantes, y de ella dice el geógrafo don Guillermo Dawson, que "Sus calles son anchas y tiradas a cordel. Está dividida en 6 barrios, llamados El Laberinto, Belén, San Antonio, El Calvario, Barrio Nuevo y Candelaria. El clima de Santa Tecla es agradable y sano, aunque sujeto a variaciones bruscas. Su temperatura media es de 210 C., Y se encuentra a 789 metros sobre el nivel del mar. Sus principales edificios públicos son el Hospital, la Casa Consistorial, la Gobernación, la iglesia de Concepción y la del Carmen, que se construye actualmente. Tiene hermosas casas particulares, la plaza de armas más grande de la República, casi rodeada de portales, un bello y extenso parque y bonitos paseos públicos en los alrededores, que son deliciosos". A fines del siglo pasado existían en esta frustrada capital tres importantes establecimientos de enseñanza: el Colegio "Santo Tomás", el Liceo "San Luis" y el Colegio "Sagrado Corazón", dirigidos respectivamente por los notabilísimos pedagogos señores José María Cáceres, Daniel Hernández y Presbítero Félix María Sandoval.

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