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San Miguel

  • Categoría: San Miguel
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Departamento: San Miguel. Título de Ciudad: 22 de Agosto de 1585.

Topónimo: Dato no Disponible. 

Ubicación: 13°28'55.67"N, 88°10'41.39"W. googlemapsGoogle mapsgoogleearth Google Earth

 


   Orígenes

Después de la fundación de la ciudad de Santiago de los Caballeros el25 de julio de 1524 y de la villa de San Salvador alrededor del l° de abril de 1525, los españoles de la Gobernación de Guatemala fundaron una tercer colonia: la villa de San Miguel de la Frontera, en la región ultra-lempina oriental del actual territorio salvadoreño. Obedeció la fundación de ésta a causas de carácter político administrativo, pues Pedrarias Dávila, gobernador de Tierra Firme, aspiraba anexar la .región traslempina a su jurisdicción y con tal objeto, a fines de 1529, envió a explorar dicha comarca al capitán Martín Estete, a las órdenes de un ejército numeroso y bien equipado, integrado por 90 soldados de a caballo, 110 de infantería y obra de 4,000 indios auxiliares. El feroz emisario de Pedrerías Dávila no se contentó sólo con explorar el levante salvadoreño y aprisionar al capitán Diego de Rojas, sino que llegó asta la propia villa de San Salvador, a la sazón establecido en el valle de la Bermuda, cerca y al Suroeste del pueblo indígena de Suchitoto; intimó a sus autoridades y vecinos, en el sentido de que no les quitaría sus "pueblos de encomienda" si lo aceptaban y reconocían como su teniente de gobernador y capitán general, en nombre de sus majestades y de Pedrerías Dávila. Rechazado el intruso, fuese a poblar la Ciudad de los Caballeros en el pueblo indígena de San Martín Polulapan (Perulapán); pero en vista de la proximidad de miliciano s españoles de Guatemala y San Salvador y ante la impopularidad que se había granjeado por sus crueldades entre sus mismos compañeros de armas, optó por retomar a León de Nicaragua, incendiando de paso los pueblos indígenas y llevándose a muchos infelices aborígenes herrados como esclavos.

   

Fundación de la Villa

A principios de abril de 1530 llegó a Guatemala, procedente de España, vía México, el Adelantado don Pedro de Alvarado, quien se presentó en el Cabildo el día 11 de dichos mes y año. Enterado de las pretensiones de Pedrerías Dávila y de la funesta expedición de su lugarteniente Martín Estete, Alvarado envió al capitán Luis de Moscoso, con 120 soldados, a efecto de que fundara una colonia de españoles en las fértiles comarcas situadas allende el río Lempa. El capitán Moscoso, después de atraer al real Servicio a los pueblos indígenas comarcanos, que habían sufrido lo indecible a raíz de la incursión de Estete, y de informar a su jefe que aquel país era tierra rica en minas, especies y prósperos pueblos, fundó el 8 de mayo de 1530, día de San Miguel Arcángel, una colonia castellana con el título (de villa y con el nombre de San Miguel de la Frontera, por cuya denominación protestó en 1531 el Ayuntamiento de León de Nicaragua, pues en Memorial dirigido al Rey manifiesta que "el dicho Pedro de Alvarado a enviado gente y por su mandado se ha poblado un pueblo al que puso nombre San Miguel de la Frontera, como si estuviera en la frontera de moros ó si fuéramos nosotros vasallos de otro Rey y no de vuestra majestad". En seguida invistió del poder civil a los alcaldes ordinarios, regidores y demás funcionarios municipales nombrados previamente por don Pedro de Alvarado para el desempeño de los cargos concejiles, y dejó como jefe militar de la colonia al capitán Avilez.

    

Insurrección Indígena

Si al capitán don Luis de Moscoso "por la blandura de su condición, le acudió muy bien toda la Gente", como dice el cronista don Antonio de Herrera, no pasó lo mismo con los otros españoles que posteriormente gobernaron en la joven villa. Siete años apenas tenía de fundada, cuando en 1537 tuvo efecto la formidable insurrección de los pueblos lencas del centro de Honduras y oriente de El Salvador. En la provincia de Cerquín (Gracias a Dios) el cacique Lempira o "señor de la sierra" (de lempa, señor, y era, sierra) enarboló la bandera de la rebeldía y convocó a todos los caciques circunvecinos para emprender una acción conjunta contra la dominación hispánica. Los lencas salvadoreños secundaron la épica gesta del Héroe de Piraera o de "la sierra de las neblinas" (de pira, neblina, y era, sierra);  pusieron sitio, con denuedo, a la villa de San Miguel de la Frontera; hostigaron incesantemente a los colonos de la provincia y lograron matar alrededor de 50 españoles. Comprendiendo tardíamente los migueleños que eran impotentes para sofocar aquel formidable levantamiento, pidieron, en un acto de desesperación, auxilios a la villa de San Salvador. Al tenerse noticias en esta colonia de la difícil situación de los migueleños las campanas de los templos y del cabildo se tocaron a rebato; se reunieron los soldados y a las órdenes de Juan de Quinta-, niña se dirigieron hacia el levante, llegando este refuerzo en. Hora oportuna, porque los habitantes de San Miguel estaban exhaustos y carentes ya de provisiones. Con la muerte de Lempira y tras prolongada campaña de más de seis meses, los españoles lograron domeñar la bravura de los lencas, que definitivamente perdieron así su autonomía, su libertad y su independencia.

 

Progresos de la Villa

Según el cosmógrafo-cronista don Juan López de Velasco, hacia 1372 la villa de San Miguel se gobernaba por medio de alcaldes ordinarios, siendo la población de esta colonia de unos 650 habitantes, pues residían en ella 130 vecinos españoles o jefes de familia, de los cuales 60 eran encomenderos. Situada esta colonia "en un llano; tiene junto de sí -dice el autor citado- un arroyo pequeño y buenas fuentes; las casas son buenas y bien edificadas; la tierra de la comarca es más caliente que fría, tanto que no se da trigo en ella, y así no hay necesidad de moliendas; dáse con fertilidad el maíz y cacao, y las demás frutas y semillas referidas en general de esta provincia; hay bálsamos y liquidambar, y descubrieron se en su comarca buenas minas de plata, aunque dificultosas de labrar por el agua: para ir de San Salvador a esta villa se pasa un río caudaloso que se dice Lempa, por una barca que es de un vecino de San Miguel, y el río entra en la mar del Sur á seis leguas de la villa". En esa época la villa de San Miguel, que pertenecía al obispado de Guatemala en lo eclesiástico, ejercía jurisdicción sobre más de 80 pueblos de indios tributarios, repartidos en 60 encomiendas. En octubre de 1574 San Miguel fue visitado por el padre provincial de la Orden de N.S.P. San Francisco, fray Bernardino Pérez, quien llegó con poderes suficientes para fundar un convento de monjes seráficos. ". .. y hallándose todo a su buen celo, discreción y Real Despachos dice el cronista franciscano fray Francisco Vásquez- fundó el convento, que llamó de la Veracruz, y después hasta estos tiempos (1714), se apellida S. Francisco. Dejó allí al P. Fr. Juan de Palacios, hijo de la Provincia de Andalucía, y en su compañía al P. Fr. Juan Frías, y pasó adelante". En octubre de 1575 se erigió en guardianía el convento de Veracruz de San Miguel, dándosele por titular el de San Francisco, y el 15 de octubre de 1577 se le adjudicaron a dicho convento 20 pueblos indígenas de doctrina.

   

Título de Ciudad

El cronista regnícola presbítero Domingo Juarros, dice lo siguiente respecto al ascenso de la villa de San Miguel a la categoría de ciudad: "Esta villa fue condecorada con el título de ciudad; y aunque no sabemos qué año se le hizo este honor, pero por cédula de 22 de agosto de 1585, que se halla en el libro 7° de Cabildo de la ciudad de Guatemala folio 190 consta que dicho año ya gozaba este título, pues dice así: el Monasterio de la Ciudad de Santiago y los de las ciudades de San Salvador y San Miguel". El geógrafo don Guillermo Dawson, dice que San Miguel "obtuvo el título de ciudad en 1586". Sin embargo, San Miguel gozó de esta distinción desde muchos años antes, pues en el Acta del Capítulo Intermedio que los frailes seráficos celebraron en la provincia del Dulce Nombre de Jesús de Guatemala, el 26 de noviembre de 1574, se lee: "En la ciudad de San Miguel eríjase convento y se intitulará de San Antonio, y se instituye por guardián de él al R. P. Fr. Juan de Frías y será el predicador".


Destrucción de la primitiva Ciudad

A principios de 1586 la ciudad de San Miguel contaba con pocas casas de adobe y teja, pero con muchas de madera y paja, las que fueron fácil presa de las llamas de un pavoroso incendio que tuvo efecto el 12 de marzo de dicho año. Sucedió que, con fines agrícolas, un vecino de la ciudad llevó a cabo una roza en una loma inmediata; el fuego, con el auxilio de la brisa, se propagó en dirección de la colonia de españoles. En vista del peligro inminente, los migueleños sacaron sus alhajas, vestidos y haberes, y poco tiempo después las llamas lo destruían todo, ya que sólo respetaron en la floreciente colonia2 ó 3 casas de teja y algunos ranchos dispersos en las chacras. Del convento de San Francisco, "no quedó -dice la "Relación Breve y Verdadera"- puerta ni umbral ni marconi otro madero en toda la casa e iglesia que no se hiciese cenizas, y aun las paredes, que eran de tapias con algunas rafas de ladrillos y se habían quemado ya otra vez, quedaron tan mal tratadas que (según decían los que entendían de obras) no se podía edificar sobre ellas". Fue éste el segundo incendio que destruyóa San Miguel en vista de ello los alcaldes, religiosos, vecinos tomaron las campanas y con ellas se fueron a poblar el lugar que hoy ocúpala ciudad. Cuando el 27 de junio de 1586 llegó a esta ciudad fray Alonso Ponce, habitaban la unos 30 vecinos, o sea alrededor de 150 personas, y en esa ocasión el mencionado fraile tuvo oportunidad de "ver el convento que se había quemado-dice la "Relación Breve y Verdadera"-, y era gran lástima y compasión ver el estrago que el fuego había hecho en él". Difícil ha de haber sido la vida en San Miguel en los años subsiguientes, pues el 8 de junio de 1590 el Cabildo de esta ciudad presentó un memorial al ingeniero Francisco de Valverde, en el cual pédianle autorización para mudar la ciudad al puerto o bahía de Fonseca, más su petición no prosperó. En 1594, según don Juan de Pineda, San Miguel tenía 60 vecinos, es decir unos 300 habitantes.

  

Otros Sucesos de la Era Colonial

En 1630 los frailes de la Orden de Nuestra Señora de la Merced, Reducción de Cautivos, fundaron Casa en San Miguel, ciudad que al decir de un cronista de esa época era "tan grande como San Salvador y tiene un gobernador español". En los años de 1682 y 1683 los piratas y corsarios ingleses hicieron su aparición en la costa comprendida entre el golfo de Fonseca y la bahía del Espíritu Santo o Jiquilisco, amenazando seriamente a la próspera colonia de. San Miguel. Los invasores saquearon e incendiaron las poblaciones indígenas de las islas y del litoral, mientras los vecinos de San Miguel y San Salvador organizaban batallones de milicianos y se aprestaban a la defensa. Finalmente, los españoles emprendieron la marcha contra los intrusos y temerosos éstos de comprometerse en una acción de armas optaron por la fuga. En su retirada dejaron abandonada en el extinguido pueblo y puerto de Amapala, cerca de punta Chiquirín y frente a la isla de Zacatillo o Punta Zacate, la imagen de una virgen, la de Nuestra Señora de la Paz, que en solemne procesión fue trasladada a la ciudad de San Miguel y jurada como milagrosa patrona por su fanático vecindario. Un espectáculo a la vez que sublime, aterrador, presenciaron por primera vez los migueleño s en 1699: el volcán vecino, llamado de Poshotlán, después de un fortísimo terremoto y de fuertes retumbos, echó columnas de humo negro y espeso, y en la noche su cráter central vióse coronado de fuego. Las correntadas de rocas incandescentes corrieron hacia la costa y el magno fenómeno volcánico pudo presenciarse desde muchas leguas a la redonda. El año de 1740, según el alcalde mayor de San Salvador don Manuel de Gálvez Corral, San Miguel tenía uno población de 1,110 habitantes, de los cuales 60 eran españoles y 1,050 ladinos y mulatos. Además de la iglesia parroquial y d~ los conventos de San Francisco y La Merced, contaba la ciudad con dos ermitas: la de San Sebastián y la del Calvario. En 1770, año en que visitó esta ciudad el arzobispo don Pedro Cortés y Larraz, contaba con 3,765 habitantes distribuídos en 502 familias de españoles y ladinos, y era cabecera de la parroquia' de su mismo nombre, que tenía como anejos a la villa de Chapeltique y a los pueblos de Quelepa y Moncagua, así como 23 haciendas con pajuides, valles o rancherías. "La ciudad de San Miguel-dice Su Señoría- está situada en llanura hermosa y fructífera, con buenas calles, plaza y casas. Todo su vecindario es de españoles y ladinos, y los pocos indios que hay, habitan en el monte y en algunos de los pueblos anejos". No había en la ciudad escuela pública ni privada, pero en cambio soportaba la colonia 9 eclesiásticos, amén del cura párroco presbítero José Antonio Carmenate, 7 frailes franciscanos y 3 mercedarios.  En cuanto a moralidad, el Señor Arzobispo afirma que "es un infierno de disidencias y acuadrillamientos con que se persiguen unos a otros, y que se dice por adagio: de San Miguel sólo él; y aun mal aprovechado el lance de haber caído un rayo ha pocos años en la portada de la Iglesia y en hi misma imagen del Santo Arcángel, que estaba en ella y quedó maltratada, para mayor expresión de los desórdenes de esta ciudad, se dice así el adagio: de San Miguel ni aun él". Y, en otra parte, dice: "Con motivo de hallarse tan dominante el vicio del juego, para robar a los jugadores el dinero úsase una diablura, que practicaron al principio los negros y en el día la ejercitan muchos, y es: que con ciertos ingredientes, siendo uno de ellos pólvos de ciertos huesos de los difuntos, forman un pabilo, lo encienden en las casas  de juegos y el humo los adormece (a los jugadores), de suerte que los roban a salvo conducto", "Es en tal extremo el vicio del juego -agrega- que los ladinos muy frecuentemente despojan a sus mujeres de todos sus vestidos hasta dejarlas como nacieron, y los venden públicamente para jugar. Estrañando semejante monstruosidad con las mujeres propias, se me dijo: que esta especie de gente ni en la cosa más mínima las asiste sino que antes al trocado, las mujeres los han de servir y mantener en un todo, aun para sus vicios, y que aun así las castigan bárbaramente". La vida en las haciendas corría pareja con la de la ciudad, en cuanto a moralidad se refiere, principalmente "en lo que se llama temporada y dura cada año cuatro y seis meses, (en que) hay gente innumerable, pues se cuentan a ciento y doscientas personas las que trabajan la tinta (añil) en cada hacienda, concurriendo a este efecto de varias partes gente de toda especie y desconocidas. El trabajo que se llevá en la temporada -agrega Cortés y Larraz- es de los más sencibles y rudos que pueden darse, porque sobre ser del todo el día y aun de la noche es en tierra sumamente calurosa (y) entre una inmundicia de moscas que no se podría explicar, y con tal fatiga, que aun corriéndoles el sudor  por todo el cuerpo, se arrojan a los ríos con tan poca libertad, que si llevan alguna ropa a cuestas, así se arrojan, sin sufrir el corto espacio que costaría despojarse de ella. En todo este tiempo se trabaja todos los días y también los de fiesta; en rarísimas haciendas se dice misa y en ninguna hay la menor instrucción, ni tal vez los dueños de las haciendas darían lugar para que no se embarace el trabajo, todo lo cual pareciéndome insufrible y considerando con qué motivo se abrazo a un trabajo tan rudo, encontré (entre) otros el de que hay tal afición a este género de las tintas, que parece una especie de inclinación envenenada a ellos, con que posponen todos sus intereses a su cultivo". Hasta el año de 1786 se gobernó la ciudad de San Miguel por alcaldes ordinarios y otros funcionarios civiles y militares, que dependían de la Alcaldía Mayor de San Salvador, cuyos cargos comunes y concejiles se distribuían exclusivamente entre familias españolas. En lo judicial conocían dichas autoridades de los juicios civiles y criminales, pero de sus fallos o sentencias se podía apelar ante el alcalde mayor. Más, en dicho año, se creó la Intendencia de San Salvador y ésta se dividio en 15 partidos o distritos: uno de éstos tuvo por cabecera a la ciudad de San Miguel, la cual desde entonces se gobernó por un teniente subdelegado. San Miguel En 1807 Del partido de San Miguel y especialmente de su cabecera, la ciudad del mismo nombre, nos ha dejado una interesante descripción el corregidor intendente don Antonio Gutiérrez y Ulloa, relativa a su estado en 1807. Hablando del primero, dice que comprende "10 pueblos de indios, 1 de ladinos con 6 aldeas y 61 haciendas con 7 ranchos, y la total población es de 566 españoles, 7,696 ladinos y 5,424 indios, además de una población cortísima, pero muy antigua llamada Chapeltique, cuyo título de villa goza pero no se halla". Entre los empleados del gobierno español, dice el señor Gutiérrez y Ulloa que había un teniente subdelegado de la Real Hacienda, que lo era desde el 27 de febrero de 1801 don Agustín Heredia, con dotación anual de 150 pesos, un receptor de derechos de alcabalas, un tercentista de tabacos, un encargado del estanco de aguardiente y otro de la estafeta de correos. En lo propiamente local, estaba gobernada la ciudad por un Ayuntamiento conpuesto de dos alcaldes ordinarios, cuatro regidores, alférez real, alguacil mayor, alcalde provincial, fiel ejecutor, procurador síndico, juez de policía y escribano, arreglando el correspondiente número de estos individuos la Junta Municipal para el gobierno de sus propios manejados por un mayordomo electivo y anual. La Iglesia Parroquial, que describe como ~una"de las más capaces y bien servidas de toda la provincia, con un Cura Rector, Teniente y Sacristán Mayor, y presbítero", tenía como Vicario, desde el 11 de febrero de 1805, al cura don Miguel Barroeta. "Tiene -dice- por patrón al Arcángel (San Miguel) y por patrona a N(ues) tra. Señora de la Paz, cuya imagen fue hallada en la playa del Mar del Sur y puerto antiguo de Amapala, abandonada por unos corsarios".  Había, además, dos conventos: el de San Francisco, con tres frailes, y el de La Merced, con dos. En el aspecto militar, San Miguel contaba con tres compañías de milicianos. "Se celebran -dice Gutiérrez y Ulloa- dos ferias con títulos de la Paz y Ceniza, abiertas en sus respectivos días, sin otras dos pequeñas en el Domingo de Ramos y el día de la Aparición de San Miguel, sin objetos determinados. En la primera de aquéllas, se arregla el giro de añiles y pacto de habilitaciones sucesivas para su cultivo y beneficio, además de las compras y ventas de diversos efectos que intervienen entre los concurrentes de todo el Reino. Y en la segunda, sólo se cruzan los demás frutos con algunos tejidos y manufacturas de dentro y fuera del Reino, interesándose bastante en el tráfico de ganados caballar y vacuno con sus esquilmos, a que concurren de las provincias de Comayagua, Segovia, Granada, León y Nicaragua". "Estas circunstancias -agrega- que parece deberían influir al engrandecimiento y fomento de la población de todo el partido, se ven dolorosamente contrarrestadas con el desaseo, indolencia, falta de agricultura, industria y artes. Si mala policía, la escasez de habitaciones, el desabrigo y poco reparo de los particulares, aun pudientes, reduce a los concurrentes a tener expuestas sus personas y efectos. Al rigor de la intemperie; la escasez de víveres, sin comodidad para surtirse de lo más necesario las malas aguas, ocasionan los efectos malignos que se notan; la falta de empedrado en un suelo gredoso y propenso a corromper las aguas que con facilidad se estancan y empantanan; el excesivo uso de licores fuertes y frutas desazonadas, y los nortes agudísimos que reinan a la salida del Equinoccio y Otoño, raro es el año que no sacrifican muchos de los que concurren, sin que los numerosos ejemplos abran los ojos al vecindario español, principal interesado para corregir la mayor parte de aquellos, desentendiéndose de cortas personalidades y reuniendo su celo que con alguna facilidad podría conseguir sus buenos efectos y dar a esta Ciudad un lugar decente entre los de la provincia, sacándola de la obscuridad y poco aprecio que en el día tiene". Respecto a los edificios públicos y abastecimientos de agua potable, el señor Intendente dice: "Carece totalmente de establecimientos públicos: su Cabildo y Cárceles en total ruina, ofendiendo el estado de aquél y la Augusta Majestad, cuyo retrato tiene dos vigas ruinosas, más bien colgado que depositado, sin muebles de los más necesarios para reunirse el Ayuntamiento al cumplimiento de sus indispensables tareas; su recinto sirviendo de abrigadero a vagos y amistades pecaminosas y despreciables de la última Plebe, sirviendo todo él de desprecio público. y la última, aunque con suficiente terreno y defensa, construida con tanta ignorancia y falta de ventilación en sus departamentos comunes y calabozos, que es un milagro que no infecten,con los infelicesque encierran,a toda la Ciudad".. "A las malas aguas, aprovechadas con poca limpieza en los pozos o más bien depósitos corrompidos, no obstante estar la Ciudad con tres o cuatro leguas de distancia y natural nivel, rodeada de ríos muy buenos y las naturalezas agoviadas con las continuas fiebres intermitentes, se une el pus venéreo y erupciones cutáneas generales fomentadas con el descuido y el temperamento cálido, húmedo e irregular que domina toda la jurisdicción, a excepción del pueblo de Chinameca en extremo fresco y a  leguas de distancia al N.N.O. de la Ciudad". Título de Muy Noble y Muy Leal Ciudad Las autoridades civiles, militares y eclesiásticas d~ la ciudad de San Miguel, una vez conocido el movimiento emancipador de San Salvador de 5 de noviembre de 1811 y la convocatoria de su Ayuntamiento a efecto de que nombraran representantes a un Congreso general de toda la intendencia, para aprobar el plan de independencia general y absoluta, dar la ley constitutiva del balbuceante Estado y el régimen de gobierno que debía adaptarse, se pronunciaron unánimemente en contra de tales propósitos e hicieron que en la plaza pública y por mano de verdugo se quemara aquel papel incendiario, reiterando su fidelidad al Rey Fernando VII. El cura vicario don Miguel Barroeta, enemigo jurado de la libertad y de la independencia y fiel vasallo de Su Majestad, lanzó una proclama al pueblo migueleño disuadiéndolo de toda idea de emancipación política: "Ya es preciso déis a conocer -decíales- que sois españoles, y que respetáis las autoridades legítimas, puestas por el gobierno que jurasteis. El cielo y los hombres fueron testigos de vuestros juramentos, y éstos mismos deben serIo de vuestra lealtad. No creáis, conciudadanos, los falsos colores con que los insurgentes de San Salvador pintan el carácter de nuestros hermanos los españoles europeos, para dar alguna aparienc.ia de justicia a sus escándalos y levantamientos; porque vosotros tenéis bastantes conocimientos de lo contrario. Tres siglos de experiencia son pruebas nada equívocas del interés que ellos han tomado por nosotros: Sí: a ellos debemos nuestro origen, a ellos debemos nuestra religión, de ellos hemos tomado las artes y las ciencias, y en fin ellos han sufrido como nosotros los males del gobierno arbitrario; sin tener parte en la opresión. ¿Pues por qué queremos separamos de los que tanto bien nos han hecho? Los insurgentes no quieren más que destruimos. Los sucesos México os deben servir de escarmiento. Ese reíino que era nuestra admiración, ha quedado destruido por los mismos que quisieron mudar el gobierno y sus espadas fueron los instrumentos con que quedó castigada la ignorancia de los que creyeron: y en vista de éstos, ¿queréis vosotros tomar partido con vuestros enemigos? Ciudadanos, la patria os llama; vuestros intereses piden que os arméis contra vuestros enemigos: Viva Fernando VII: viva el gobierno que ésta jurado: esta sea vuestra divisa y vuestros votos". Esta proclama, pletórica de sofismas e impropia de un ministro de Cristo, por cuanto que el cura Barroeta pedía a los migueleño s que se armaran para matar a los san salvadoreños que vislumbraban, con profética visión, un nuevo orden de vida, fue el evangelio para la mayoría de los feligreses migueleños, pero no para un puñado de patriotas que, aunque aislados, secundaban la épica gesta del padre José Matías Delgado, Benemérito Padre de la Patria Centroamericana. El capitán general del Reino de Guatemala don José de Bustamante y Guerra pidió a la Regencia, que en España gobernaba a raíz de la forzada abdicación de Fernando VII, que se otorgara a la ciudad de San Miguel los títulos de muy noble y muy leal y se condecorara al cura vicario presbítero Miguel Barroeta con los honores de canónigo de la metrópoli de Guatemala. Llenóse de ilusiones el alma del señor Barroeta, pero la Regencia, con fecha 11 de julio de 1812, otorgó los títulos de muy noble y muy leal a la ciudad de San Miguel, pero no el de canónigo del Arzobispado de Guatemala para el cura vicario de esta población.

 

Cabecera departamental

Los antiguos partidos de la intendencia de San Salvador: Usulután, San Miguel, Gotera y San Alejo fueron elevados a la categoría de departamento, con el nombre de San Miguel y con "cabecera"  en la ciudad de este nombre, al emitirse el12 de junio de 1824 la primera Carta Magna de El Salvador. Por Ley del 5 de marzo de 1827, el partido de San Miguel se dividió en dos: el de este nombre y el de Chinameca. En el primero quedaron incluidos la ciudad de San Miguel, como cabecera, y los pueblos de Quelepa, Moncagua, Chapeltique, Sesori, Cacahuatique (hoy Ciudad Barrios), San Juan Lempa (hoy Nuevo Edén de San Juan), San Luis de la Reina y Uluazapa.

    

Historia federal

Durante el efímero período de la Federación Centroamericana, San Miguel fue escenario de varias acciones de armas y de hechos delictivos estrechamente vinculados con la política militante. El 24 de noviembre de 1832 los capitanes Molinett y Chirino, en un intento para deponer al comandante de armas teniente coronel don Narciso Benítez, asaltaron el cuartel migueleño, aunque sin ningún éxito. Otro conato de insurrección se produjo en diciembre del mismo año y fue entonces cuando se envió desde San Salvador al licenciado Guadalupe Echeverría, con el nombramiento de jefe político y militar de San Miguel y con regular número de tropas, que en su mayoría se componían de feroces y desalmados indios nonualqueños. Estos, aprovechando la pasiva tolerancia del Lic. Echeverría, hombre sin don de mando e incapaz de implantar la disciplina, cometieron toda clase de abusos y tropelías contra las personas y propiedades de los migueleños, quienes el 30 de diciembre del mismo año se sublevaron contra los bárbaros opresores, logrando posesionarse de la pl.aza después de cinco días de escaramuzas y refriegas, a las órdenes del patriota GoeIlanega (5 de enero de 1833). No terminó, con esta sangrienta victoria, el estado anómalo en lo ciudad de San Miguel, pues el jefe victorioso no tardó en manchar sus laureles con la ejecución, en las gradas del Cabildo, del ciudadano don Guadalupe Lagos, y con el homicidio que él mismo perpetró en don Carlos Lagos, a quien hendió el cráneo con una cimitarra. La chusma amotinada, por su parte, ultimó en las cárceles públicas al Lic. Echeverría y al alcalde de la ciudad don Juan Moreno. Meses más tarde, sofocada la sublevación de los indios nonualcos, ejecutado su caudillo el indio Anastacio Aquino y consolidado el gobierno de don Joaquín San Martín, éste envió a San Miguel, para que terminara con los desafueros de Goellanega, al coronel don Narciso Benítez. Benítez derrotó a Goellanega en la hacienda Yuguatique y entró más tarde victorioso en San Miguel, a la que gobernó con mano de hierro, pues los incendios, asaltos, asesinatos, etc., estaban a la orden del día. Esta conducta de Benítez fue acremente censurada por varios vecinos, quienes se quejaron ante el Vicejefe de Estado señor San Martín; éste reprendió a Benítez y herido el militar colombiano en su amor propio rescindió el cargo de gobernador político y militar del departamento de San Miguel. En sustitución suya fue nombrado el Lic. José Miguel Montoya, cuya designación fue repelida por Benítez en lo tocante a la entrega del cargo; aparentemente derrotado Montoya, se retiró a San Vicente y allí lo atacó con brillo inusitado el coronel colombiano, quien fue derrotado en la acción del 13 de marzo de 1833. No debía de terminar ese año sin que se produjera un nuevo disturbio en San Miguel: el 17 de diciembre de 1833 tuvo efecto un movimiento revolucionario, acaudillado por José Miguel Montoya, Juan José Guzmán, Sixto Pineda y Mónico Manzano, quienes fueron derrotados por el coronel gobiernista don Fermín Paredes y obligados a asilarse en territorio hondureño. En 1838 encontramos al coronel don Narciso Benítez como gobernador político y militar del departamento mencionado y en dicho año este excombatiente de los ejércitos del Libertador Simón Bolívar, fijó claramente su nombre en los fastos nacionales, al fundar varias poblaciones ultra-lempinas, tales como Nueva Esparta, Sociedad, Carolina, San Antonio y Belén (hoy extinguido). En febrero de 1839 ocupó la ciudad migueleña el general Méndez Pavo, a las órdenes de un lucido ejército formado de 2,000 combatientes hondureños y nicaragüenses, destinados a arrasar con el gobierno federal que, en San Salvador, ejercía interinamente el Vicepresidente don Diego Vigil.  En vista de esta incursión, la autoridad federal nombró al general Francisco Morazán para que se hiciera cargo de la defensa e igual nombramiento recayó en su persona de parte del gobierno del Estado de El Salvador, que en San Vicente presidía el Jefe don Timoteo Méndez. Las fuerzas de Morazán y de Méndez Pavo chocaron en la hacienda del Espíritu Santo, y la diosa victoria, el 6 de abril de 1839, coronó una , vez más la frente del Héroe Nacional de Centroamérica pero en tal batalla la causa unionista perdió, en heroica gesta, la vida preciosa del coronel Narciso Benítez, segundo jefe ,del ejército morazanista. En agosto del mismo año San Miguel fue tomado por fuerzas coaligadas de Honduras y Nicaragua, esta vez a las órdenes del general Francisco Ferrera. Cometieron éstas muchos actos vandálicos y no fue sino hasta septiembre siguiente, que el teniente coronel don Gerardo Barrios logró reconquistar la plaza, mientras el general Francisco Morazán, el 25 de septiembre de 1839, infligía tremenda derrota al general Francisco Ferrera en la batalla de San Pedro Perulapán.

   

Sucesos posteriores

En el mes de marzo de 1840 se apoderó del cuartel migueleño el general Escolástico Marín, en rebelión contra el gobierno del Jefe de Estado general Francisco Morazán. En 1842, habiendo retornado a la Patria el general Morazán, llegó hasta la ciudad de San Miguel, pero ante la presencia de tropas gobiernistas a las órdenes del general Francisco Malespín, optó por retirarse. En 1844 era gobernador político y militar del departamento de San Miguel el coronel don Gerardo Barrios, quien en agosto de ese mismo año, por orden del Presidente general Francisco Malespín, fue sustituido por el general Ramón Belloso. . Barrios opúsose a la orden gubernamental y atacó al general Belloso. Este logró escapar con vida gracias a su sangre fría y a su valor nunca desmentido, que le permitió retornar a la capital "después de saltar riscos y adivinar extravíos". Conocida la actitud del jefe rebelde, el general Malespín en persona se dirigió a San Miguel para no dejar impune su conducta, pero al llegar a la metrópoli oriental supo, que tanto Barrios como el general José Trinidad Cabañas, habíanse embarcado rumbo a Nicaragua, en el puerto de La Unión. Malespín dispuso llevar la guerra contra Nicaragua, a la sazón gobernada prácticamente por el Gran Mariscal Casto Fonseca; puso sitio a la ciudad de León y conquistóla tras dura resistencia, imponiendo a los vecinos una paz vergonzosa. Mientras duraba su ausencia, el 2 de febrero de 1845 se rebeló contra su autoridad el Vicepresidente don Joaquín Eufracio Guzmán, en vista de que el pueblo salvadoreño rechazaba la odiosa dictadura de Malespín. Desde diciembre del año anterior, el pueblo migueleño había abogado por la destitución del caudillo victorioso. Conocido por Malespín el desarrollo de los sucesos desembarcó en La Unión y con gran velocidad se movió hacia el interior del país, ocupando la plaza de San Miguel, pero en febrero de 1845 fue derrotado por el Vicepresidente Guzmán. En julio de 1845 el general hondureño Santos Guardiola ocupó la plaza de San Miguel, sin resistencia alguna, pero pocos días después fue derrotado por el general salvadoreño Nicolás Angulo, en las acciones de El Obrajuelo y Loma del Pleito, en jurisdicción de Quelepa. En 1850 el gobernador político y militar del departamento de San Miguel era el coronel don Gerardo Barrios, quien con una falange de migueleños, sin consultar con el gobierno, invadió el territorio hondureño y en el pueblo de Pespire derrotó a los revolucionarios que, a las órdenes del general Santos Guardiola, pretendían deponer al Presidente de Honduras licenciado Juan Lindo. Por Ley del 25 de enero de 1859, se incorporó en la ciudad de San Miguel, en concepto de cantón, el extinguido pueblo de Jucuarán, con sus valles anexos, pero tal disposición legislativa no surtió los efectos esperados, pues Jucuarán se erigió nuevamente en pueblo. Por Ley del 10 de febrero de 1859, a petición de autoridades municipales y vecinos de Comacarán, este pueblo se segregó del distrito de La Unión y se incorporó en el de San Miguel. El 15 de mayo de 1865 el general José Trinidad Cabañas, en un esfuerzo por restituir en la Presidencia de la República a su cuñado el capitán general Gerardo Barrios, se insurreccionó en San Miguel contra el gobierno del licenciado Francisco Dueñas; pero posteriormente fue derrotado por fuerzas gobiernistas en La Unión.

   

División del departamento

La gran extensión del primitivo departamento de San Miguel, que constaba de seis distritos, en tanto que los otros sólo tenían dos, así como la dificultad que para la administración del mismo determinaba su dilatada área, unido todo ésto a la reciente insurrección del general José Trinidad Cabañas, hizo comprender al Gobierno que presidía el licenciado Dueñas que lo mejor era dividirlo en tres departamentos. Con fecha 22 de junio de 1865 el Poder Ejecutivo emitió el decreto correspondiente, por el cual el antiguo y gran departamento de San Miguel, quedaba divido en tres: los de San Miguel, La Unión y Usulután, quedando el primero constituido por los distritos o partidos de San Miguel, Gotera y Ozicala. En 1871 la ciudad de San Miguel cayó en poder del general Felipe Espinosa, como parte del plan revolucionario acaudillado por el mariscal de campo don Santiago González contra la impopular administración dueñista. Un sangriento motín tuvo efecto en San Miguel el 21 de junio de 1875: la pequeña "Noche de San Bartolomé", dirigido por el cura don Manuel Palacios, quien con este hecho pretendió crear dificultades al liberal gobierno que presidía el mariscal González. El trágico saldo fue el siguiente: asesinaron los amotinados al gobernador y comandante de armas, general don Felipe Espinosa; muchas casas fueron saqueadas y otras incendiadas; hubo centenares de muertos y heridos en la refriega y, finalmente, cuando el mariscal Santiago González ocupó la plaza insurrecta, ordenó el fusilamiento de varios culpables. Un Consejo de Guerra condenó a la pena capital al padre Palacios, pero la sentencia no se ejecutó a causa de muchas rogativas de distinguidas personas de la localidad, especialmente de la esposa del Presidente de la República. A Palacios se le perdonó la vida y fue trasladado a San Salvador, siendo extrañado más tarde del territorio de la nación. Por Ley del 14 de julio de 1875, el departamento de San Miguel se dividió en dos: el de San Miguel y el de Gotera (más tarde llamado de Morazán), quedando el primero constituído por los distritos de este nombre y Chinameca, reducido desde entonces a sus límites actuales.

  

Otros sucesos

San Miguel, la metrópoli oriental o Perla del Levante como se le llama poéticamente, era ya en 1890 una población próspera y floreciente. "Sus calles -dice el geógrafo don Guillermo Dawson- son anchas, rectas y bien empedradas. Sus casas son de construcción sólida y elegante. Está dividida en seis barrios, llamados La Cruz, El Calvario, Concepción, San Francisco, San Felipe y La Merced. Sus edificios públicos más importantes son el Palacio municipal, la Casa de los tribunales, el hospital, el Mercado, el Instituto, la casa del correo y administración de Rentas y Aguardiente, la plaza de armas y las iglesias de San Francisco, Santo Domingo y el Calvario. Su calle más vistosa es la de la Paz; sus paseos más frecuentados son el parque de la plaza de armas y la colina de la Cueva. El clima de San Miguel no es, desgraciadamente, muy sano, debido a los miasmas que exhalan el pantano del Camalotal y las ciénagas que los circundan, al Sudeste de la ciudad. Este mal, sin embargo, está en vías de remediarse". "La temperatura media de la población es de 27° 40 c. Su altura sobre el nivel del mar es de 110 metros". "El patrimonio de los migueleños consiste en el cultivo del añil y cereales, la crianza de ganados mayor y de cerda y el comercio extranjero" . "Población: 23,800 almas". Además de estos datos, Dawson agrega lo siguiente respecto a la feria más importante de San Miguel: . "Su famosa feria de La Paz, en la ciudad de San Miguel, el 21 de noviembre de cada año". "Esta feria es de gran nombradía, no sólo en las repúblicas centroamericanas, sino también en varios Estados de la América Meridional, de algunos de cuyos puertos se fletan embarcaciones cargadas de artefactos para expenderlos en aquella ciudad. Los principales artículos de transacción son el añil, mercaderías extranjeras, ganado, quesos, etc". Finalmente, Dawson dice que en San Miguel, además de la feria mencionada, se celebran otras "de menor importancia, como las de Ceniza, Ramos y 8 de mayo".  Por Ley del 15 de abril de 1899, San Miguel perdió a favor de la villa de Moncagua la hacienda de Santa Barbarita, y por Ley del 24 de abril de 1899, a favor del pueblo de Intipuca, los valles de Chirilagua y de Gualoso. Estos valles, en unión' con otros, se erigieron en pueblo con el nombre de Chirilagua, por Ley del 20 de abril de 1901, siendo agregado el nuevo municipio al distrito de San Miguel.

   

Últimos sucesos

En medio del regocijo de toda la población, el 31 de diciembre de 1909, fue entregado a su municipalidad el hermoso edificio del Teatro Nacional, edificado en la plazoleta antiguamente denominada "de los Mendoza" conforme a planos elaborados por el ingeniero don Marcos A. Letona. El 15 de diciembre de 1910, siendo comandante y gobernador el general José Tomás Calderón, se abrió la primera "Exposición Agrícola e Industrial de Oriente". El 15 de marzo de 1911, el alumbrado de gas fue sustituído por el alumbrado eléctrico. Finalmente, por Ley del 11 de julio de 1918 los cantones de Socorro o Pasaquinita y San Nicolás Anchico se segregaron de la jurisdicción de San Miguel y se incorporaron en la de Yayantique, en el departamento de La Unión.

  

Hombres ilustres

Entre los hijos notables de la ciudad de San Miguel figuran: El bardo y político don Miguel Alvarez Castro, autor de una "Oda a José Cecilio del Valle" y de uno hermosa elegía "Con motivo del fusilamiento de Pierzón", quien fuera Ministro de Relaciones Exteriores en el último período presidencial del general Francisco Morazán y muriera, pobre y abandonado, en una hacienda vecina a su ciudad natal, en 1856. Licenciado José María Silva, ex jefe de Estado de El Salvador, del 2 de marzo al 13 de abril de 1835 y del 16 de febrero al 20 de mayo de 1840, quien ocupó importantes destinos. Doctor Antonio Rosales, padre de la juventud migueleña, a quien se le ha erigido un monumento. General Juan José Cañas, poeta laureado, autor de la letra del Himno Nacional. Doctor don Salvador Valenzuela, llamado "el Ulpiano salvadoreño", autor de un notable libro o tratado de derecho intitulado "Instituta". Doctor don Abraham Chavarría, vibrante escritor, abogado conspicuo e integérrimo ciudadano. Doctor H. C. Francisco Antonio Gavidia, poeta cerebral y máximo humanista de El Salvador, autor de muchas obras literarias, artísticas y científicas.

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