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Metapán

  • Escrito por Uriel Ramos
  • Categoría: Santa Ana
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Departamento: Santa Ana. Título de Ciudad: 11 de Febrero de 1862. 

Topónimo: Significa "río del maguey". En un informe municipal de Metapán, de 4 de diciembre de 1858, se lanza la peregrina y festinada etimología de que "Metapán quiere decir, metales tapados", lo cual no pasa de ser una puerilidad o una tornadura de pelo para los incautos. En efecto, Metapán vendría meta, metales, y tapan, tapados, ocultos.

Ubicación: 14°19'59.61"N, 89°26'56.32"W. googlemapsGoogle maps.  googleearth Google Earth

 


    
Orígenes y etimología

Metapán es una antiquísima población precolombina situada en el corazón del territorio habitado desde tiempos inmemoriales por tribus mayachortis, tribus que a partir del siglo decimotercero fueron fuertemente in fluencias por los yaquis o pipiles. Fue tal el grado de fusión de los elementos autóctonos, los chortis, con los elementos civilizados, los yaquis o pipiles, que a la llegada de los españoles en la temprana mitad del siglo XVI en Metapán, Angue, Ostúa y otros pueblos comprendidos entre el cerro Brujo y el lago de Güija corría el dialecto alajuilak, mezcla de los idiomas chorti y náhuat. Se desconoce el nombre chorti de esta población, mas el que aun conserva, de origen francamente náhuat, proviene de met, maguey, y apan, río. De tal suerte, que Metapán significa "río del maguey". En un informe municipal de Metapán, de 4 de diciembre de 1858, se lanza la peregrina y festinada etimología de que "Metapán quiere decir, metales tapados", lo cual no pasa de ser una puerilidad o una tornadura de pelo para los incautos. En efecto, Metapán vendría meta, metales, y tapan, tapados, ocultos. En 1550 en los pueblos gemelos de San Pedro y Santiago Metapán había una población de 1,000 habitantes poco más o menos.

 

Destrucción de Zacualpa y Guijar

Ha sido muy divulgada la tradición de que el lago de Güija se formó, en tiempos muy antiguos, a raíz de tremendas erupciones de los volcanes de San Diego, La Isla, Mazatepeque y El Desagüe, cuyas lavas obstruyeron el curso natural de los ríos Angue, Ostúa y Cuzmapa, que anegaron las florecientes poblaciones de Zacualpa y Güijar. Esta pretensa tradición se encuentra consignada en el informe municipal citado, en ,estos términos: "Contiene (Metapán ) tres volcanes, el de San Diego, el Mazatepeque y el de La Isla; el primero tiene un cráter de 100 varas de latitud y sesenta de profundidad; el segundo de 50 varas de latitud y 40 de profundidad, y el tercero de 40 varas de latitud y 35 de profundidad. No hay noticia de la fecha en que hicieron su erupción, pero se advierte que fue en siglos muy remotos, y tan espantosa que la lava se encuentra regada en un radio de cinco leguas y de un espesor sorprendente, capaz de haber destruido cuantos árboles y plantas encontró a su paso. En las faldas de estos volcanes hay varias vertientes de agua potable, y no queda ninguna señal de combustión". "Posee esta población -agrega el documento en cuestión-los vecinos de dos antiguas ciudades aborígenes llamadas Zacualpa y Güijar (hoy Güija) situada la primera en una gran isla que está en la medianía de la laguna, y la segunda en el mismo lugar en que hoy se ve dicha laguna de Güija. En las márgenes de esta laguna se ven varios edificios antiguos, y aun en su fondo han observado los pescadores, en la estación seca, algunos capiteles de columnas inundadas. Se encuentran además, en el agua, piedras de moler maíz, y vasijas de barro. Se cuenta que el finado Victoriano Flórez, pescando hace muchos años, encontró dentro del agua un candelero de plata. Un indígena llamado Nieves Santos, el año pasado de 1848, cazando lagartos, encontró dentro de un promontorio de lava que el agua había descubierto, varias piezas de plata labradas en figuras esféricas que pesaron una arroba, y esta plata la compraron los señores don Simón Marroquín, Don Olayo Magaña y Dolores Sola. Se sabe por tradición que esta laguna se formó por la erupción de los volcanes mencionados que obstruyendo el curso de los ríos de Osma y el Langue inundaron dicha ciudad, y a consecuencia tuvieron los moradores que dejar abandonadas sus riquezas en el fondo de las aguas". Si se examina cuidadosamente el anterior relato se advierte a primera vista que el autor del citado informe municipal no estaba bien informado y que es su fecunda fantasía la que ha dado vida a esos "datos tradicionales". En efecto, las ruinas de Zacualpa no están situadas en la "gran isla que está en la medianía de la laguna", sino en la ribera nororiental del Güija, paraje que aún conserva esa denominación. Esta población ya estaba abandonada a fines del siglo XVII, pues el cronista Fuentes y Guzmán en su Recordación Florida asevera que... "se admira en su contorno un gran vestigio de bello y magnífico aparato, que representa sin duda haber sido en su antigualla, casa de placer, o defensa segura de algún señor de aquellos tiempos, bien que más me inclinaré, a presumir que fuese poblazón de grande y extendido circuito, pues conserva el nombre de Zacualpa, que quiere decir pueblo viejo". Y agrega: "Muéstrase hoy más que gran vestigio de esta elegante poblazón, bien que confusamente informe, aun no permite diseño regular de su extendida plaza, más para consecuencia del asunto de estos discursos basta apuntar esta antigüedad material, que hoy, resplandece, y señalar su propio sitio". En cuanto a las ruinas que existen en la "gran isla", a la que el licenciado don Diego García de Palacio en 1576 llama simplemente "peñol", muy por encima de las aguas lacustres, ni siquiera son las ruinas de una población precolombina, sino los vestigios de un reducido santuario pipil: el santuario de Teotipa, consagrado como el de Mictlán a dos divinidades: una masculina, Quetzalcúat, "la serpiente con plumas de quetzal, y otra femenina, Izqueye, "la de los vestidos de obsidiana". Según una leyenda yaqui o pipil, del fondo de las glaucas aguas de la laguna de Güija salió un anciano venerable, de larga túnica azul (Quetzalcúat), acompañado de una doncella de singular belleza (Izqueye): dioses y héroes civilizadores. De las ruinas de ese islote, el cronista Fuentes y Guzmán dice: "en cuyo territorio afirman calificados testigos véese algunos sátiros en lo retirado y umbrío de aquellos arcabucos, mitad cabra de medio cuerpo abajo, y mitad para lo alto con representación humana, bien que remata su frente con cornamenta robusta, y a estos afirman haberles atribuido reydad los indios del gentilismo". Por su parte, las ruinas de Güijar no están "en el mismo lugar en que hoy se ve la lagunas", sino en la orilla suroriental de la misma, en el paraje llamado todavía Belén-Güijat. Güijar se destruyó con posterioridad a Zacualpa, pues en 1689, según' una crónica franciscana de los frailes Francisco de Zuaza y Francisco Vásquez, pertenecía a la doctrina de Texistepeque y guardianía seráfica de San Salvador. "El otro pueblo es Güijar-dice ese documentodista de la cabecera (Texistepeque) tres leguas, su temperamento es en extremo caliente, su terruño asperísimo y su camino muy fragoso, porque todo ello es monte, peñas y sierras y a cada paso muy caudalosos ríos. Tiene veintiséis personas de confesión". En 1740 ya no existía, pues no lo menciona como tal el alcalde mayor de San Salvador don Manuel de Gálvez' Corral. El toponímico Güijar, corrupción de Güija, significa "aguas rodeadas de cerros" en idioma chorti, pues proviene de las raíces güi, huit'zir cerro, y ja, agua, laguna. Las referencias a las bolas de plata, con un peso total de una arroba, halladas por Nieves Santos en 1848 y del candelero de plata encontrado años atrás por Victoriano Flórez, aun suponiendo veraz el relato, en manera alguna pueden relacionarse tales objetos con las civilizaciones indianas perilacustres del Güija, pues los aborígenes de dicha comarca desconocieron totalmente la metalurgia de la plata. Respecto a la afirmación de que en la estación seca los pescadores de entonces veían en el fondo de las aguas algunos "capiteles de columnas inundadas", que en nuestros días ya no se ven, es preciso indicar que es un infundió más, pues los habitantes precolombinos de estas latitudes desconocían las formas circulares en arquitectura. Por lo expuesto claramente se deduce que las poblaciones de Zacualpa y Güijar, que aun existían en las primeras décadas del coloniaje, no desaparecieron de la faz de la tierra nativa a consecuencia de haber sido anegadas por las aguas de los ríos Angue, Ostúa y Cuzmapa que, según el anónimo informante metapaneco, formaron el lago de Güija al obstruir los productos piroclásticos de los volcanes de La Isla, Mazatepeque, San Diego y otros desagüe natural del valle por donde corrían hacia la margen derecha del Lempa. Sobre este fenómeno geológico no ha existido nunca tradición alguna, pues el cura párroco de Metapán presbítero Marcos María Valle, en comunicación al ministro del interior en julio de 1869, dice: "El lago de Güija, situado cuatro leguas de esta población (Metapán), en dirección S.O., tiene una circunferencia de 20 leguas, circunvalado por todas partes de cerros y colinas que le sirven de cause; tiene su origen en el Angue y el Ostúa, que en otro tiempo corrían unidos en la dirección O.E. hasta tributar sus aguas al Lempa; pero en la erupción que hizo el volcán llamado hoy de San Diego, la lava les formó una valla impenetrable y quedó el lago; aunque no hay ni tradición de este hecho, salta a la vista que así sucedió, pues colocándose al Este del lago se ven los montones de lava capaces de detener el curso de los ríos más caudalosos".

 

Destrucción de Angue y Ostúa

A orillas de los ríos de Angue y Ostúa, ambos tributarios del lago de Güija por la banda del Norte, florecían en la época de la conquista y colonización hispánicas los pueblos de iguales nombres. Angue era habitado por indios chortis. Ostúa por indios yaquis o pipiles. El nombre de Angue proviene de las voces chortis, an, araña, y gue, gui (de huit'zir), cerro: "cerro de las arañas". Ostúa proviene de las raíces del idioma náhuat, ostuc, cueva, barranca, y a; at, agua, río: "río de las cuevas". Ambos pueblos se destruyeron, quién sabe por qué causas, en la primera mitad del siglo XVII. "Los pueblos de Angue y Ostúa -dice el informe municipal tantas veces citado- existieron después de la conquista de los españoles; pero de ellos sólo quedan los vestigios de sus templos y dos imágenes de Cristo Crucificado que aun se conservan en esta Villa (de Metapán) reverenciadas por todos los fieles, las que se conocen con los nombres de El Señor de Angue y El Señor de Ostúa". De ambas poblaciones quedan uno que otro escombro de sus. principales edificios, siendo notable la portada de calicanto de la abandonada iglesia de Ostúa.

 

Destrucción de Santiago Metapán

En la segunda mitad del siglo XVII ocurrió la destrucción del pueblo de Santiago Metapán. "Del pueblo de Santiago (o Chiantiago) -dice el informe municipal aludido- no quedan más que las ruinas; su último cura párroco don Bernardo de Avilez y coadjutor don Fernando Cobo de Vargas, fueron los que verificaron la traslación a esta Villa (de Metapán) en el mes de agosto de 1683; ochenta familias eran las únicas que componían esta población". Estas ochenta familias, con un total aproximado de 400 personas, abandonaron sus casas y templos y fueron a radicarse al pueblo de San Pedro Metapán.


    

Construcción de la iglesia

Una vez alojados los santiagueños en el pueblo de San Pedro Metapán, comenzaron a edificar sus casas y en unión con los hijos natos de esta población iniciaron años más tarde la construcción de un hermoso templo, que aun existe y que es una de las joyas arquitectónicas de la colonia y uno de los monumentos históricos más notables de El Salvador. "No hay noticia -agrega el documento mencionado- de la fecha en que comenzaron a construir su templo, y sólo se infiere que fue en el año de 1736, pero, lo cierto es que 60 años después de verificada la traslación (de los santiagueños), lo concluyeron en 11 de junio de 1743 debido al celo y piadosa munificencia del Padre Cura Don Francisco Javier Estrada; todo él es de mampostería y tiene sesenta varas de longitud y catorce de latitud, y en su arquitectura prevalecen las órdenes dórico y toscano". En el centro de la rotonda del Coro se lee, escrito en caracteres de un azul borroso, esta leyenda: "Se acavó este Bermesal en Metapán junio deste 1743".


   

Otros sucesos de la Colonia

En 1740, según el alcalde mayor de San Salvador don Manuel de Gálvez Corral, "a veinticinco leguas de la capital se hallan dos pueblos nombrados Santiago y San Pedro Metapas, contiguos, y en ambos sesenta y ocho indios (tributarios, unas 390 almas) y doscientos mulatos soldados", en la jurisdicción de los cuales 'había "dos minas de metal de fierro, que sirven a los ingenios de fierro, y se hallan las dichas minas a corta distancia de estos pueblos". El informe municipal metapaneco continúa así: "En 1763; esto es, a los veinte años de concluído (el templo), hubo un incendio en que se ardió toda la población, y solamente salvaron de las llamas el templo y la casa de Doña Juana Chávez. El mismo padre Cura (don Francisco Javier) Estrada fue víctima de esta catástrofe, y en su testamento, sobre haber contribuido con la suma de 20,000 pesos para la construcción del templo y perdido tanta plata labrada en el incendio, pues la que se fundió formó una corriente que salió hasta la calle inmediata a la casa parroquial, las alhajas de este metal que dejó a beneficio de sus herederos fue preciso pesarlas a romana". ¡Tal era la fortuna del señor cura! En 1770 Metapán era cabecera del curato de su misma denominación y según refiere el arzobispo don Pedro Cortés y Larraz no tenía pueblos anejos esta parroquia, pero sí muchas haciendas y valles poblados. La población estaba étnicamente distribuida así en el pueblo de Metapán: 15 familias de indios con 41 personas y 86 familias de ladinos con 86 personas. Total: 101 familias con 127 almas. "El pueblo de Metapán -dice monseñor-, que está sitiado en una llanura hermosísima, muy frondosa y fructífera, aunque a la frente de seis cordilleras de montañas unas sobre otras, y ya las primeras son muy empinadas", ocupaba, agrega, "como una legua de llanura por cualquier diámetro". El curato de Metapán estaba a cargo del presbítero Diego López, de quien dice Su Señoría Ilustrísima que "tiene talento, ha estudiado, pero (de) opiniones relajadas que mejor sería no las tuviera. Es hombre satisfecho y vano", y se auxiliaba del coadjutor presbítero Miguel Portillo, "que parece hombre de poquísimo talento y estudio", pues "apenas sabe leer latín muy mal". Había, además, otros dos eclesiásticos: Pedro Samavia y Pascual Ruiz, este último "tonto en extremo, sin licencias algunas, ni aun de decir misa". El sacerdote señor López dijo a monseñor que "todos los indios que han habitado este terreno, se han muerto unos a otros con hechizos, de que ha resultado tal destrucción, que al presente están reducidos a tres, o cuatro tributarios naturales de este pueblo, los cuales con algunos forasteros agrupados, concurren sin repugnancia a la Iglesia". También dijo el cura Metapán que "no hay medio, ni halla capacidad, para que se establezca escuela de niños", y que "este miserable territorio se compone de gente vagabunda y que por lo general todos se ejercitan, así en los valles, como en el pueblo, en juegos y diversiones agrestes, y de pública voz y fama el vicio de hurtar está en este país muy arraigado". Al crearse la Intendencia de San Salvador el año de 1786 el pueblo de Metapán vino a ser cabecera de uno de los quince partidos en que aquella fue divida: cabecera del partido de Metapán. El 21 de noviembre de 1803 se hizo cargo de la parroquia de Metapán el presbítero Manuel José Escobar. En junio 1805 se hizo cargo de la Intendencia de San Salvador don Antonio Gutiérrez y Ulloa, quien dictó una sabia providencia a favor del pueblo de Metapán: que todas las casas de la población fueran techadas con teja para evitar una nueva desgracia. El 25 de octubre de 1807 los metapanecos acabaron de revocar y pintar su hermosa iglesia parroquial. En 1807, según el corregidor intendente don Antonio Gutiérrez y Ulloa, el partido de Metapán se componía de 2 pueblos, 9 valles y 55 haciendas con una población total de 4,103 habitantes étnicamente repartidos así: 2,160 ladinos, 1,581 españoles y 462 indígenas. "Goza. -dice Gutiérrez y Ulloa- de temperamento benigno, pero algo vario por la desigualdad de las lluvias, sin poderse atribuir las calenturas intermitentes y erupciones venéreas que padecen en las Estaciones indistintamente a otras causas que a los desarreglos generales del país, y a las clases de laboreos de sus campos, con particularidad en los beneficios de Minas de hierro de que abunda, cuyo metal comercian, como asimismo el añil, arroz y azúcar, colectando con regularidad para su consumo interior, trigo, fríjol, plátanos, raíces y esquilmos". Gobernado el partido de Metapán por dos alcaldes con jurisdicción civil, ordinaria, se le nombró por primera vez teniente de la Real Hacienda el 27 de enero de 1810, nombramiento que interinamente recayó en don Juan Menéndez. Además. de este cargo, había en el partido encargados o comisionados para las rentas de correos, tabaco y aguardiente. En 1810 se fundió la hermosa campana, llamada "Campana del Socorro", cuyo tañido argentino tiene mucha fama en toda la comarca.


    

Insurrección de 1811

El partido de Metapán fue uno de los cuatro que en la Intendencia de San Salvador secundó el heroico Primer Grito de Independencia dado en la ciudad de San Salvador el 5 de Noviembre de 1811, por el Benemérito Padre de la Patria Centroamericana, presbítero y doctor don José Matías Delgado. En efecto, los días 24, 25 Y26 de noviembre de 1811 los metapanecos se lanzaron contra la dominación tres veces secular de España, acaudillados por el alcalde indio Andrés Flores, Lucas Flores, José Galdámez Miranda, Severino Posada, Marcelo Zepeda, el negro José Agustín Alvarado, Leandro Fajardo y María Madrid, quienes fueron instigados y dirigidos por los españoles criollos Juan de Dios Mayorga, Juan José Escobar y Antonio Hernández. A los amotinados indios y ladinos se unieron las mujeres metapanecas, quienes decían a los timoratos: "Si no tenéis calzones, aquí tenéis nuestras naguas". La insurrección cundió por todo el pueblo, y los amotinados exigieron la supresión de los impuestos de alcabala, tabaco, aguardiente y el llamado" fondo de reserva". Los insurrectos amenazaron con la muerte a los españoles monarquistas o chapetones y apedrearon las casas que ocupaban las fábricas de aguardiente. Asimismo fue apedreada la casa del alcalde español don Jorge Guillén de Ubico, a quien depusieron enseguida, entregando incontinenti a don José Antonio Hernández la vara edilicia, símbolo de autoridad. Otros de los amotinados fueron a las cárceles públicas y pusieron en libertad a los reos. A raíz de este movimiento insurreccional los próceres metapanecos, y señaladamente don Juan de Dios Mayorga, sufrieron graves consecuencias: un largo proceso y la condena consiguiente.


   

Título de Villa

No pocos servicios prestó el pueblo de Metapán a la causa justa y santa de la libertad y de la independencia, y no poco sufrieron sus más precIaros hijos como resultas de su odio al despotismo monárquico español. La Asamblea Nacional Constituyente Centroamericana, instalada en Guatemala el 24 de junio de 1823, quiso premiar esos servicios y sufrimientos, y con fecha 22 de agosto de 1823 expidió el siguiente decreto: "La Asamblea Nacional Constituyente de las Provincias Unidas del Centro de América, deseando dar un testimonio del aprecio que merecen a la Nación los esfuerzos y servicios hechos por los pueblos de Metapán y Ahuachapán en favor de la causa santa de la libertad, ha tenido a bien decretar y decreta: Los pueblos de Metapán y Ahuachapán usarán en lo sucesivo el nombre de Villas". y comentando este hermoso y singular documento, el informante metapaneco de 1858, dice: "Tal vez pocos pueblos de la República registran en sus anales un documento tan hermoso y auténtico como éste; emitido hace 35 años por. uno de los congresos más ilustres de Centro-América, parece bastante para ennoblecer a cualquiera de nuestras poblaciones; por 10 que hace a Metapán, aquí están glorificados sus servicios, enaltecidos sus timbres!!"


   

Época federal

El distrito de Metapán quedó incluído el 12 de junio de 1824 en el área del departamento de San Salvador. El 29 de marzo de 1833 esta villa fue ocupada por el general Francisco Morazán, quien pernoctó allí. El día siguiente la evacuó rumbo a Mita. Del 13 de mayo al 21 de octubre de 1833 el distrito de Metapán formó parte del efímero departamento de Tejutla, volviendo después de esta última fecha a su antigua jurisdicción departamental. Por Ley de 22 de mayo de 1835 el distrito de Metapán se segregó del departamento de San Salvador y se incorporó en el de Sonsonate.


    

Sucesos posteriores

Por Acuerdo Ejecutivo de 19 de febrero de 1845 y contra la voluntad de los vecinos del valle de Montenegro, este poblado fue segregado de la jurisdicción de Metapán y anexado a la del pueblo de Citalá. Oídas las reiteradas protestas de los vecinos de ese valle, por Acuerdo Legislativo de 7 de marzo de 1846 se ordenó que el valle de Montenegro quedaba reincorporado en la jurisdicción de la villa de Metapán. El 25 de enero de 1851 el ejército hondureño, a las órdenes del general José Trinidad Cabañas y del general Vicente Vaquero, se incorporó al ejército salvadoreño en la villa de Metapán. Pocos días después los ejércitos aliados, en número de 4,000 combatientes, fueron derrotados por el ejército guatemalteco en la batalla de La Arada. Ello de agosto de 1852 una partida de facinerosos guatemaltecos, en número de 18 ó 20, asaltaron esta población, en unión de varios prófugos. Los malhechores saquearon las casas de los señores José María Luna y Miguel Avila, robándoles dinero, joyas y mercaderías. Por Ley de 8 de febrero de 1855 el municipio de Metapán fue segregado del departamento de Sonsonate e incorporado en el nuevo departamento de Santa Ana, al que pertenece desde dicha fecha. Por Ley de 17 de febrero de 1858 y en vista de que por disposiciones anteriores el distrito de Metapán estaba reducido únicamente a la villa de este nombre, se dispuso anexarle los municipios de Mazahua, Santiago y valle de Apanta, en los ramos gubernativo, electoral y judicial. Según el informe municipal de 4 de diciembre de 1858 la villa de Metapán tenía 6,256 habitantes. "Su población se compone -agrega- de 260 casas de teja y 100 de paja. Sus calles son empedradas y de buen gusto, de una anchura que no baja de nueve varas. Su municipalidad se compone de un Alcalde que es el jefe del Distrito, cuatro Regidores y un Síndico. Hay también un Juez de primera instancia y un suplente electos popularmente, un Juez de Paz propietario y un suplente, y una administración de rentas que hace de aduana marítima". Desde 1807 hasta 1858 los vecinos de esta población habían hecho al templo parroquial "mejoras considerables, a grado que puede ser Uno de los mejores edificios y más hermosos de la República, tanto por su construcción como por sus ricos y elegantes adornos; lo mismo podemos decir del magnífico órgano que posee, y del reloj de repetición que está colocado en el atrio del templo. Tiene también, al Norte, otro templo con el nombre impropio de "Calvario" y en él está colocado "El Señor de Angue", es nuevo y de buena construcción. La casa en que habita el Cura párroco es de teja, hermosa con trascorral de paredes bien ventilada, dentro de este trascorral hay otra casa de teja pequeña destinada a la escuela de música. La casa municipal bajo cuyo techo están las oficinas de la alcaldía, jueces de paz y cárceles, es de azotea, con buen trascorral de grandes paredes para evitar las fugas de reos. El Alcalde tiene su despacho bajo un cielo raso, con plataforma balaustrada de madera; el dosel es de damasco tinto cubriendo un escudo en que están representadas las armas de la República y el acta de nuestra independencia. En la misma manzana hay otro edificio provisto de bancas y otros útiles para la enseñanza primaria". Y, en los recuerdos históricos de los metapanecos de entonces, se conservaba la tradición de que sus antepasados se habían ubicado en esa región, a orillas del río de San José, en el año de 1683 en que llegaron allí "ochenta familias emigrantes de los extinguidos pueblos de Santiago, El Angue y Ostúa, de los cuales apenas queda la memoria de su existencia y uno que otro escombro de sus principales edificios". El hermoso puente de mampostería tendido sobre el río del Desagüe Azuzud y destruido recientemente por el irrespeto a nuestras joyas históricas, fue construido a partir de marzo de 1856 e inaugurado el 22 de mayo de 1858. Se le dio el nombre de "Puente Moreno" en homenaje al activo gobernador político y departamental de Santa Ana coronel don Teodoro Moreno.


    

Título de Ciudad

Durante la progresiva y liberal administración del ínclito capitán general don Gerardo Barrios y por Acuerdo Legislativo de 11 de febrero de 1862 se otorgó el título de ciudad a la villa de Metapán. El 12 de abril de 1863 fuerzas guatemaltecas, a las órdenes del oscuro oficial Roberto Montero, invadieron y saquearon la ciudad de Metapán. Después de incendiar los archivos municipales y los de la administración de rentas se retiraron a Jutiapa. En 1890, según el geógrafo don Guillermo Dawson, Metapán contaba "con 13,860 habitantes, incluyendo toda su comprensión municipal". Por Decreto Legislativo de 10 de abril de 1894 el municipio de Metapán perdió a favor del de Nueva Concepción, en el departamento de Chalatenango, los cantones de Guachipilín, Apanta y Matazano. Esta disposición duró poco tiempo, de tal suerte que los expresados cantones retornaron a su antigua jurisdicción. Por Decreto Legislativo de 29 de abril de 1925 los cantones Camulián y Las Pavas se segregaron del municipio de Citalá del departamento de Chalatenango y se incorporaron al municipio de Metapán del Departamento de Santa Ana. Metapán ha ganado mucho con la inauguración en 1928 del ferrocarril internacional (IRCA).


   

Hombres ilustres

Metapán se gloría de ser la cuna del prócer, legislador y sabio jurisconsulto, presbítero y Dr. don Isidro Menéndez, autor de la voluminosa "Recopilación de Leyes Patrias". También es cuna del doctor Ignacio Gómez, atildado escritor, jurisconsulto de nota y uno de nuestros más grandes diplomáticos. Otro de los hijos notables de Metapán es el doctor José de Jesús Luna, uno de los primeros y más famosos Médicocirujanos de El Salvador. El doctor Gregorio Arbizú, notable hombre público, que figuró en las administraciones del licenciado Francisco Dueñas y del mariscal de campo Santiago González.

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