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Sonsonate

  • Escrito por Uriel Ramos
  • Categoría: Sonsonate
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Departamento: Sonsonate. Título de Ciudad: 1° de Abril de 1824.

Topónimo: Dato no Disponible.

 Ubicación: 13°43'14.55"N, 89°43'8.76"W. googlemapsGoogle maps.  googleearth Google Earth

Acción colonizadora

La acción colonizadora llevada a cabo en lo que hoy es El Salvador por los invasores españoles de ultramar en el siglo XVI, se concretó en la fundación de cuatro urbes de civilización europea: la villa de San Salvador Cuzcatlán (1525), la Ciudad de los Caballeros (1530, de efímera existencia), la villa de San Miguel de la Frontera (1530) y la villa del Espíritu Santo de Sonsonate, más tarde llamada de la Santísima Trinidad o simplemente La Trinidad (1552). Esta última colonia fue edificada en la rica y próspera provincia de los Iza1cos, que comprendía el área geográfica que hoy corresponde a los departamentos de Ahuachapán y Sonsonate, con exclusión de los municipios de San Julián Cacaluta, Cuisnahuat y Santa Isabel Ixhuatán (antes Zapotán), pueblos de la provincia de San Salvador o Cuzcatlán. Los límites de dicha provincia eran, por consiguiente, el río de Ahuachapán o de Paz, al Oeste; el río Achichihua-Chiquihuat, al Este; la Sierra de Apaneca, al Norte; y el Océano Pacífico, al Sur. Esa región costeña, de exuberante vegetación y densamente poblada desde los tiempos precolombinos, fue conquistada por el Adelantado don Pedro de Alvarado, cuando pasó a la conquista de Cuzcatlán, en junio de 1524; pero es completamente falso que este osado y sanguinario conquistador -a quien los indios mejicanos dieron el sobrenombre de Tunatiuh, "el Sol"- haya fundado la villa de la Santísima Trinidad de Sonsonate el 26 de mayo de 1524, datos apócrifos que, durante muchos años, adoptaron nuestros historiadores como verdades inconcusas. Posteriormente, completaron esa conquista los capitanes de Alvarado: primero, Pedro de Portocarrero y Diego de Rojas; después Pedro de Solórzano y Pedro Ortes de Velasco, más tarde vecinos de Chiapas; y luego don Juan Vásquez de Coronado, caballero noble de Salamanca, descendiente de los señores Reyes de Francia, y Gaspar Arias de Avila, figura prominente en la conquista de estas latitudes.

Riqueza y promiscuidad

Durante el segundo cuarto del siglo XVI, la provincia de los Izalcos fertilizada por la corriente fluvial del Río Grande de Sonsonate y por un mil de riachuelos-, afianzó su importancia económica en la Gobernación de Guatemala, no sólo por sus numerosos y riquísimos pueblos de encomiendas, sino también por sus huertas de cacao, su producción del curativo y cada vez más solicitado bálsamo negro, y su activísimo puerto de Acajutla, válvula por la cual las ciudades de Santiago de los Caballeros y San Salvador de Cuzcatlán hacían el comercio marítimo con la Nueva España (México), el Perú y España (vía Panamá). A mediados de dicha centuria, numerosas familias de españoles dedicados al comercio en grande y pequeña escala, se habían establecido, lenta y progresivamente, en los pueblos indígenas precolombinos ubicados más o menos cerca del Centzunat o Río Grande de Sonsonate. Así, europeos peninsulares y naturales vivían en promiscuidad en los pueblos de Nahulingo, Tacuzcalco (extinguido), Caluco, los Izalcos (Asunción y Dolores) y otros, no obstante que leyes reales prohibían terminantemente la convivencia de las dos razas -la blanca y la cobriza, no por una torpe discriminación racial ¡que España jamás la intentó!, sino porque una dolorosa experiencia había puesto de manifiesto los vejámenes que, en esos casos, recibían los lugareños o nativos de parte de los conquistadores. A raíz de esa promiscuidad ilegal, en los pueblos aborígenes precitados, los jefes de familia indios -llamados a cultivar la tierra y a cuidar preferentemente las huertas de cacao, cuyo fruto constituía uno de los tributos más apreciados por la Real Corona-, se habían descuidado de sus sementeras, pues por temor a los mercaderes españoles domiciliados en sus comunidades, se negaban a abandonar sus sácales o ranchos, sus mujeres y sus haberes, fáciles presa de la rapiña y de la inmoralidad de los audaces aventureros que vinieron de lejanas tierras a poblar estas comarcas. Esa inactividad agrícola, esa falta o ausencia de labranzas, por motivos tan justificados, iba en perjuicio de la Real Corona y de la economía provincial.

Fundación de Sonsonate

En el año de 1552, ejerciendo las funciones de alcalde mayor de Acajutla y sus términos el conquistador don Gonzalo de Alvarado, surgió en la provincia de los Izalcos el primer establecimiento o colonia de españoles, con el título de villa y el nombre del Espíritu Santo. Esta urbe española fue fundada a iniciativa del mercader don Antonio Domínguez, quien interesó para ello a otros mercaderes que radicaban, provisionalmente, en los pueblos de indios y en bohíos improvisados a orillas del Río Grande de Sonsonate, y se llevó a cabo con la anuencia y autorización del funcionario real don Gonzalo de Alvarado. A falta de agrimensor real, el mismo Domínguez hizo el trazo de la incipiente urbe: fijó la manzana que debía ocupar la plaza pública o plaza mayor, la destinada a iglesia parroquial y convento, y la destinada para edificio de cabildo y demás dependencias burocráticas. En seguida, los cofundadores recibieron sus lotes y el iniciador de esta auténtica fundación, con un gasto de 5 ó 10,000 pesos de oro de minas, construyó cinco o seis casas. Mediante el concurso de todos los colonos se construyó, asimismo, una iglesia o ermita -acaso de bahareque con techumbre de paja, y en ella ofició repetidas veces el santo sacrificio de la Misa, uno de los curas comarcanos. Los colonos de la villa del Espíritu Santo de Sonsonate, que" reconocían como autoridad real inmediata al citado alcalde mayor don Gonzalo de Alvarado, sacaron "un testimonio" (Acta de Fundación) de todo lo actuado, y comisionaron al cofundador don Cristóbal de Zuleta, en concepto de Procurador del embrionario núcleo colonial, para que a lomo de caballo se trasladara a la Antigua Guatemala y se constituyera en la Real Audiencia, a la sazón presidida por el licenciado Alonso López de Cerrato -gran protector de los Indios-, solicitando a este organismo de gobierno superior la confirmación de ley correspondiente. No consta, documentalmente, la respuesta dada a los vecinos de la villa del Espíritu Santo de Sonsonate, pero dados los antecedentes y circunstancias de la época, fácil es comprender que la iniciativa particular la iniciativa y realización de don Antonio Domínguez-, contó con la absoluta aprobación de la Real Audiencia de Guatemala, máxime si se tiene presente que, con fecha 21 de diciembre de 1549, el oidor doctor Tomás López, en interesante informe a ese cuerpo gubernativo y judicial, había hecho ver que en la provincia de los Izalcos "hace falta una villa de españoles". Fundar una colonia es edificarla materialmente, hacer su trazo, construir viviendas, levantar iglesias, tomar posesión de la tierra con ánimos de permanecer en ella, y gramaticalmente, por fundación se entiende, y así es en efecto, el principio, erección, establecimiento y origen de una cosa. El antiguo y célebre cosmografocronista don Juan López de Velasco, en su "Geografía y Descripción Universal de las Indias y demarcación de los Reyes de Castilla" (obra escrita de 1571 a 1574) no estuvo errado al afirmar categóricamente, que Sonsonate fue fundado en 1552.

Mutación y cambio de nombre

En el año de 1553 eran: alcalde ordinario de la ciudad de Santiago de los Caballeros de Guatemala el encomendero de Asunción Izalco don Juan de Guzmán y alcalde mayor del puerto de Acajutla y sus términos, en sustitución de don Gonzalo de Alvarado, el caballero don Francisco del Valle Marroquín, alias "el Bruxo", sobrino muy querido del primer obispo de la diócesis de Guatemala monseñor licenciado don Francisco Marroquín. Ambos personajes, en uso de sus atribuciones y en un todo de acuerdo con la ley (Ordenanzas de Barcelona) y con la anuencia de la Real Audiencia de Guatemala, echaron sucesivamente de los pueblos indígenas de Nahulingo, Caluco, Tacuzcalco y los dos Izalcos (Asunción y Dolores) a los mercaderes españoles que tantos males causaban a los lugareños. No sólo eran los mercaderes civiles, por otra parte, los confabulados para vejar a los aborígenes, pues consta en numerosas cédulas reales que "hay muchos clérigos que tratan y contratan como legos, dando mal ejemplo de sus personas" y que compelían a los indios moralmente y aun por la fuerza, a que les suministraran "cacao, candelas y tostones" a título de onerosas limosnas. Cuando tuvo efecto la expulsión de los citados mercaderes, la estación de las lluvias -que en nuestro país se inicia en las postrimerías de abril y termina a fines de octubre- se había entronizado, pues consta, documentalmente, que varios de los expulsados se quejaron más tarde ante la autoridad real, porque el señor del Valle Marroquín los echó a las calles, fuera de las casas, sin consideración a las fuertes lluvias que caían. Como cien o más familias de españoles mercaderes familias constituidas por unas 500 ó 600 personas expulsadas de los preindicados pueblos de indios, se vieron en la necesidad de sentar reales en el casco de la Villa del Espíritu Santo de Sonsonate y en sitios próximos a él, así como a orillas del Centzunat o Río Grande de Sonsonate, en espera de que la Real Audiencia de Guatemala les diera, en definitiva, un asiento legal y permanente. Con el objeto de remediar muchos males en la provincia de los Izalcos y resolver, en firme, la petición de los colonos de la villa del Espíritu Santo de Sonsonate, la Real Audiencia de Guatemala envió a esa comarca al oidor decano licenciado don Pedro Ramírez de Quiñónez, y en su compañía al señor obispo licenciado don Francisco Marroquín. Consta, documentalmente, que en la primera quincena de agosto de 1553 se encontraban ya en estas latitudes los citados representantes del poder temporal y del poder espiritual, y es de presumir lógicamente que en el acto mismo en que iban a confirmar oficialmente todo lo actuado por Antonio Domínguez, Cristóbal de Zuleta y otros en 1552, surgieron inevitablemente intereses contrapuestos y que el juego de éstos obligó al oidor decano Ramírez de Quiñónez a buscar otro sitio para la colonia, cerca del primitivo establecimiento, y a hacer un nuevo trazo de la urbe. En efecto, es evidente que en la villa del Espíritu Santo de Sonsonate, fundada en 1552 por Antonio Domínguez, los solares próximos a la plaza mayor y a los solares destinados para la iglesia parroquial, cabildo y otros edificios públicos, se los habían repartido él y sus cofundadores, y que esto, en manera alguna, podía ser aceptado por muchos o todos de los poderosos mercaderes alojados. provisionalmente en la márgenes del Río Grande de Sonsonate. En las urbes españolas la plaza pública servía de mercado y, como tal, era el centro comercial por excelencia. Al operarse, como consecuencia de esos fuertes intereses, la mutación de la villa del Espíritu Santo de Sonsonate, el señor obispo licenciado Marroquín, por su parte, hizo otro cambio: denominó a la nueva villa con el nombre de La Trinidad, o de la Santísima Trinidad, nombre con que debía ser conocida en la nomenclatura geográfica de la colonia y que desde antes de 1550 se daba ya a las tierras bañadas por el Río Grande de Sonsonate. El nuevo nombre de la urbe Española pareció desde un principio demasiado largo, villa de la Santísima Trinidad; de ahí que los vecinos no tardaron en ponerle el sobrenombre de Sonsonate, por ser éste el nombre corrupto de la corriente fluvial a orillas de la cual se estableció la colonia (Centzúnat o Centzunapán). Por su parte, los cronistas del siglo XVI no se olvidaron de especificar que "la villa de la Santísima Trinidad, en lengua de indios (se llama) Sonsonate" (Juan López de Velasco). Los sucesos de 1553 en manera alguna pueden considerarse como la fundación de la moderna ciudad de Sonsonate, pues en este año lo que ocurrió fue un cambio de asiento y un cambio de nombre, una mutación y no una refundación siquiera. Un testigo presencial de estos sucesos, el presbítero Francisco Monterrosa, afirma categóricamente que el oidor licenciado Pedro Ramírez de Quiñónez "les dio sitio y se los dio con parecer del Reverendísimo Obispo de Guatemala (licenciado Francisco Marroquín), el cual les bendijo solar para la iglesia y nombróla villa de la Santísima Trinidad". Establecida la colonia en "un llano barrancoso", como apunta López de Velasco, el oidor decano licenciado Ramírez de Quiñónez hizo el trazo de la nueva urbe, fijó los solares que debían ocupar la plaza pública, la iglesia y el convento, el cabildo y demás dependencias del gobierno, y luego procedió a repartir los solares entre las 500 ó 600 personas que habitaban en la villa del Espíritu Santo de Sonsonate, que se despobló por esa circunstancia, y en las márgenes del Río Grande de Sonsonate. En seguida, con los poderes que llevaba, el funcionario real constituyó el primer ayuntamiento gobierno local, y dictó las Ordenanzas o leyes que debían regir a los colonos de la Santísima Trinidad de Sonsonate. La segunda casa que se edificó en la nueva villa fue la de un célebre mercader español, más tarde alto funcionario al servicio de su Majestad Felipe 11: el mercader Juan de Pineda. Antonio Domínguez aparece, en los fastos de Sonsonate, como el legítimo fundador de esta población.

Progreso de la Villa

La primitiva villa del Espíritu Santo, mudada a otro sitio y con una nueva denominación, Santísima Trinidad o simplemente La Trinidad, creció asombrosamente en población e importancia, y aunque no es dable reconstruir en detalles su prístina historia, es cuestión indudable que la Real Audiencia de Guatemala no tardó en nombrar un alcalde mayor en ella. El año de 1558 desempeñaba este elevado cargo, uno de los más apetecidos, el español Alonso de Paz. Años más tarde desapareció la alcaldía Mayor de Acajutla, y la villa de españoles vino a ser la cabecera indiscutible y sede del gobierno en la antigua provincia de los Izalcos. En una Memoria o Memorial, de fecha 18 de enero de 1560, entregado por los munícipes guatemalteco s a sus procuradores Francisco del Valle Marroquín y Diego de la Cerda, relativo a lo que han de pedir al Rey para que se reinstale en la ciudad de Santiago de los Caballeros la Real Audiencia, se lee lo siguiente: "...la billa de la (Santísima) Trinidad se pobló en los terminos y jurisdicción de esta ciudad y al tiempo que se pobló no se le dió más jurisdicción que las goteras y el audiencia por favorecer a los que allí ponían por alcaldes mayores davales comisiones particulares para visitar los pueblos de los encomenderos vezinos de esta ciudad e como (h)ora se quito el audiencia el alcalde mayor que allí estaba proveydo por su majestad entremetese en lo susodicho aviendo fenecido su comisión y los demás de los pasados y esto es en perjuicio de esta governación y del gobernador que la gobierna suplicar a su majestad sea servido de no proveer alcalde mayor a la dicha villa y el que al presente ésta obedezca y cumpla los mandamientos del governador e no se entremeta en más de aquello que le mandare e proveyendo audiencia estatal ponga alcalde mayor o el gobernador ponga allí su teniente porque de esta manera hazer sea allí justicia y no se (h)aran los agravios y molestias que se hazen a los vezinos de esta ciudad ya que los tratan y contratan en la dicha villa por (h)aber de yr de los agravios que hazen en apelación a México de que reciben muy gran daño y agravio especialmente siendo como es el que agora está de poca esperiencia y ciencia para governar que por ser la dicha villa de la Trinidad y puerto de Acaxutla uno de los ymportantes que (h)ay en todas las Yndias por el mucho trato y contrato que en ella (h)ay en gran suma de dineros combiene (h)alla en ella persona de mucha utilidad y conciencia y rectitud y esta muy mejor lo vera el que aca govierne que no benir por su magestad nombrado por lo arriba dicho porque desmas de las causas dichas los naturales serian mas aumentados e no (h)abra los excesos y esorbitancias que (h)ay en las borracheras y embriagueses de vino que se haze". Ello de febrero de 1563 Su Majestad Felipe 11nombró a Francisco de Megaña alcalde mayor de la villa de la Santísima Trinidad de Sonsonate, siendo la primera vez que el soberano castellano proveyó este cargo. El presbítero Domingo Juarros, en su "Compendio de la Historia de la Ciudad de Guatemala ", hablando de Sonsonate dice que "los protocolos y registros de los Escribanos de esta villa, (se quemaron) en un incendio general que hubo por Enero de 1564"; y en un M.S. del Padre Pérez, intitulado "Crónica...", se dice que "el gran incendio de la Santísima Trinidad" ocurrió "en mayo de 1564". El cosmografocronista don Juan López de Velasco, por su parte, habla de dos incendios que destruyeron a Sonsonate. A causa de esos siniestros, la autoridad edilicia legisló en el sentido de no permitir en lo sucesivo, la construcción de casas que no fueran de adobe o bahareque y teja, pues las casas pajizas y de madera no ofrecían seguridad alguna. En febrero de 1572 el ayuntamiento sonsonateco presentó una exposición al doctor don Antonio González presidente de la Real Audiencia de Guatemala, solicitándole que se concediera a sus alcaldes ordinarios la facultad de poder ejercer sus oficios en toda la jurisdicción del alcalde mayor. La petición fue trasladada al ayuntamiento guatemalteco y con fecha 6 de dichos mes y año fue rechazada enérgicamente según consta en el V Libro de Actas del Cabildo. No obstante, el presidente doctor González confirió a los alcaldes ordinarios de la villa una prerrogativa tan extraordinaria como la que pretendían.

Fundación del Convento de Santo Domingo

En las antiguas crónicas de la Orden de los Predicadores de los Santos Evangelios u Orden de Santo Domingo de Guzmán, consta que el 20 de enero de 1570, los frailes dominicos celebraron Capítulo intermediario en el convento de Cobán, provincia de Verapaz, siendo padre provincial fray Tomás de Cárdenas. En dicha reunión, en la que salieron electos definidores fray Gaspar de Rodríguez, prior de Cobán; fray Juan Beltrán, vicario de San Salvador, fray Diego Martínez, predicador general, y fray Tomás de Aguilar, se dispuso la fundación de dos nuevas casas de la Orden: una, en la provincia o alcaldía mayor de Sonsonate, y la otra, en Tecpatlán, provincia de los Zoques. En cuanto a la primera se le señaló como asiento provisional el pueblo indígena de Tecpan-Izalco (Dolores y Asunción Izalco), no sólo porque era el núcleo humano más densamente poblado de la comarca sino también por sus riquísimas huertas de cacao y por el florecimiento de su industria y comercio. Sin embargo, los definidores dieron amplias facultades al padre provincial fray Tomás de Cárdenas, para que él escogiera el mejor asiento y para que a su voluntad la dotara de prelados y súbditos, acordándose lo mismo respecto a la de Tecpatlán. Ese mismo año el venerable fray Tomás de Cárdenas, en unión de otros frailes, fundó en la villa de la Santísima Trinidad de Sonsonate el convento e iglesia de Santo Domingo, que fue colocada bajo el patronato ,del Santo Angel de la Guarda, escogiéndose como solares el local que actualmente ocupa el Hospital San Juan de Dios. El 20 de enero de 1572 los frailes dominicos celebraron un nuevo Capítulo, esta vez en el convento de Guatemala. Salió electo padre provincial fray Juan de Castro -hijo espiritual del convento de Burgos, España- y fueron definidores fray Alonso de Noreña, prior de Ciudad Real; fray Domingo de Azcona, prior de Cobán; fray Gerónimo de San Vicente, y Fray Juan de San Esteban. En ese Capítulo se aceptaron por Casas de la Orden de los Predicadores las fundadas en la villa de la Santísima Trinidad de Sonsonate y en el pueblo de Tecpatlán; se declaró que la primera era más antigua que la segunda; y dióse a aquélla por jurisdicción todo el corregimiento de Sonsonate o provincia de los Izalcos y a ésta todos los pueblos que administraban antes los religiosos que allí vivían, desde Tabasco hasta Guazacualco inclusive. Asimismo, según consta en el Acta Capitular respectiva, se nombró primer vicario del convento de Santo Domingo de Sonsonate a fray Antonio Palacios o de Vivanco. Apenas establecidos en el corazón de la populosa y progresista villa, los dominicos trasladaron el teatro de sus operaciones al pueblo aborigen de Tecpan-Izalco, abandonando los céntricos solares que para iglesia y convento les habían señalado y dado en posesión las autoridades edilicias de Sonsonate.

Sonsonate hacia 1573

El ya tantas veces citado Juan López de Velasco (1571-1574) hace la. siguiente descripción de la villa de Sonsonate: "Tiene su asiento en un llano barrancoso en que hay huertas buenas de hortalizas y melones escogidos; hay buenas casas de teja y adobes porque hay buenos materiales: eran al principio de paja, y por haberse quemado dos veces (enero y mayo de 1564) se dió orden como fuesen de teja los tejados. La tierra de su comarca es muy caliente; caen muchos rayos en ella, y hay grandes truenos, y es muy fértil de frutos de la tierra y de España, y señaladamente de cacao, más que otra tierra ninguna, de que se saca por el puerto de Acaxutla, que está a tres leguas de ella, cada año en cantidad de trescientos mil ducados; no consienten andar ganado dentro de esta provincia en veinte leguas que tendrá de contorno, por los cacaguatales, y así se proveen de carne de fuera de la provincia; hay caza en ella de conejos, como en lo general se refiere, y en el río moliendas y buen pescado". La población sonsonateca está representada por unas 2,000 personas repartidas en 400 familias españolas, cuyos jefes eran "mercaderes y tratantes de cacao y otras cosas, y ninguno de ellos encomendero, porque los repartimientos de esta comarca son todos de la jurisdicción de Santiago (de Guatemala)". "En lo espiritual -apunta el cosmógrafo-cronista- es del obispado de Guatemala; es doctrina de clérigos y curato muy rico; hay en él un monasterio de frailes de Santo Domingo", y "va en crecimiento este pueblo (la villa de Sonsonate) cada día por la contratación de cacao". Fundación del Convento de San Francisco A mediados de junio de 1574 salió de Guatemala, en compañía de varios religiosos, el padre provincial fray Bernardino Pérez, de la Orden de N.S.P, San Francisco. "Llegó a la provincia de los Izalcos -dice el cronista fray Francisco Vásquez, en su "Crónica del Dulcísimo Nombre de Jesús de Guatemala", y llamándosele de la villa de la Santísima Trinidad de Sonsonate halló tan buena acogida en las Reales Justicias, y tanto deseo en los vecinos, de que se fundase convento de N (uestro). B (eatísimo). S (an). Francisco, que una matrona principal llamada Ana de Ledesma, ofreció veinte milpesos de a ocho reales para la iglesia y monasterio, que se hubiese de fundar, de la Orden de San Francisco". Señaláronse solares bastantes, y quedó por asiento, hasta que al Capítulo próximo se hiciese guardianía, el P. fray Martín de la Cueva, que había venido poco antes en misión, y era de la provincia de Andalucía, a quien se le dió por compañero al P. fray Diego Ximénez". "Diósele por titular la Asunción de Nuestra Señora, por haber sido en su día (15 de agosto de 1574) el que se puso la primera piedra; aunque a la estrena, a devoción de la matrona (doña Ana de Ledesma), se le llamó Purísima Concepción (8 de diciembre". "Comenzaron una obra muy suntuosa de arquería y bóvedas, que no se acabó, porque la bienhechora murió dentro de pocos años, y heredaron los albaceas, como lo hacen los que lo son". Estos frailes seráficos ocuparon los solares que anteriormente se había señalado a los dominicos: donde hoy está el Hospital San Juan de Dios.

Últimos progresos en el siglo XVI

En marzo de 1576, según el oidor don Diego García de Palacio, la producción de cacao de los Izalcos, controlada por los vecinos blancos de la villa de la Santísima Trinidad de Sonsonate, ascendía a unas 50,000 cargas que, a un precio común, valían medio millón de pesos de oro de minas. En 1576 enlutóse el convento de Santo Domingo de Sonsonate con la muerte de fray Francisco de Santo Domingo, uno de los religiosos que habían habitado en él desde su fundación. Mientras los anteriores progresos y hechos se hacían evidentes en la joven villa, las disidencias entre las autoridades edilicias y las de Guatemala aumentaban cada vez más. Un enojoso incidente ocurrió por septiembre de 1577 entre los poderes contendientes: el alcalde mayor de Sonsonate no permitió a don Diego de Guzmán, alcalde ordinario de Guatemala, portar la vara, símbolo de su autoridad, en los pueblos de encomienda que tenía en la provincia de los Izalcos. El ayuntamiento guatemalteco protestó enérgicamente por aquella conducta, alegando derechos de prioridad y de posesión por real provisión obtenida poco antes; pero los sonsonatecos rechazaron la protesta y más encarnizada continuó desde entonces la lucha entre las dos autoridades. El 15 de octubre de 1577 el presidente de la Real Audiencia doctor Pedro de Villalobos y el padre provincial de la Orden de San Francisco fray Antonio de Tobar, de común acuerdo, dieron al convento de San Francisco de Sonsonate, como pueblo de doctrina, los de Mejicanos (hoy barrio sonsonateco), Apaneca, Juayúa y Salcoatitán. Los pueblos de doctrina del convento de Santo Domingo eran los de Tacuzcalco, ya extinguido, Nahuizalco, Santo Domingo Huitzapan y Mejicanos (hoy barrio sonsonateco). Un nuevo incidente se produjo en julio de 1582 entre las dos autoridades en pugna: el alcalde mayor de Sonsonate, señor Rodrigo de Fuentes, quebró la vara y puso preso al alcalde ordinario de Guatemala, señor Rodrigo de Gálvez. En 1577 había atravesado el estrecho de Magallanes el temible corsario inglés Sir Francis Drake y según el cronista don Francisco de Fuentes y Guzmán, autor de la Recordación Florida, "por el mes de junio de 1579, se hallaba este memorable pirata en nuestras costas para arribar al puerto de AcaxutIa, si bien destrozado, y con pocas naves". No desembarcó dichosamente en esa ocasión, pero en 1586 volvió a aparecer a la altura del citado puerto y dio mucho que hacer a los colonos, pues en la defensa de esta colonia, en campañas y funciones militares, pasaron entretenidos por espacio de ocho meses sin más novedad que la de estar Drake "arribado al puerto barlovento -dice el mismo cronista, unas veces apareciendo y otras faltando a la vista de las vigías, y centinelas, que hacía mayor el cuidado de sobre guardar tanta costa de tierra abierta, desde el 27 de junio (de 1586), hasta el 12 de febrero de 1587, en que reforzándoles avisos, de ser surto de su desembarco, y estar saltando en tierra, como de hecho salió a ella saltando en el puerto de Tonalá (Mizata) y marchando hasta la hacienda (de este nombre)". No hizo mayor daño Drake que el de posesionarse de una mujer, que "rendida a la violencia del capitán pirata Francisco Drake hubo en ella un hijo", cuyo nieto conoció el cronista Fuentes y Guzmán. Hacia el mismo año de 1586 los monjes dominicos trataron de establecer su iglesia y convento nuevamente en la capital del corregimiento o provincia de Sonsonate, más las autoridades locales recurrieron a la Real Audiencia para que no se permitiera a los referidos religiosos "pasarse, desde el otro lado del río" (de Sonsonate), pues temían su poder absorbente de riquezas y otros males. Ello de julio de 1586 llegó a esta villa el padre comisario de la Orden de San Francisco fray Alonso Ponce y la "Relación Breve y Verdadera", que relata el viaje de ese monje, dice que aun cuando llegó a las diez de la noche "fue recibido de los frailes con música de trompetas y campanas". Agrega que los frailes del convento seráfico eran cinco. "El convento se iba haciendo de adobes y tapias y teja, y de aposentos bajos". "Sin nuestro convento -dice más adelante-, cuya advocación es de la Concepción de Nuestra Señora, hay otro de la orden de Santo Domingo; fue el prior a ver al padre Comisario, y lo mismo hizo el alcalde mayor y gente principal del pueblo. Hay también iglesia parroquial de clérigos, en que de ordinario residen dos curas". "Tenía ciento y treinta vecinos (unas 650 personas), todos mercaderes y tratantes, gente muy devota de nuestro estado, las casas son de tapias y adobes, cubiertas de teja; está fundada aquella villa en la falda de unas sierras muy altas, casi al pie de ellas, tres leguas del Mar del Sur, donde hay una playa poco segura, a donde acuden a tomar refresco los navíos que van y vienen del Perú y de la Nueva España, y a embarcar cacao que se saca de los Izalcos, acude allí mucho bálsamo, y truena mucho en aquel pueblo y caen muchos rayos". En 1589 ocupaba el cargo de alcalde mayor de, la Santísima Trinidad el poeta español Juan de Mestanza Rivera, de quien hace especial mención don Miguel de Cervantes y Saavedra, tanto en su "Viaje al Parnaso" como en "La Galatea". En 1590 falleció en el convento de Santo Domingo fray Andrés de San Pablo. En 1591 era vicario del mismo convento fray Francisco de Zepeda. En 1594, según don Juan de Pineda, Sonsonate tenía una población de 1,500 almas repartidas en 300 familias, y dice que del río vecino pescaban "truchas, que es muy lindo pescado, muy delicado, y el agua es muy buena y delgada; es tierra caliente, pero muy sana". En 1597 era vicario del convento de Santo Domingo fray García de Loaysa.

Etimología del nombre Sonsonate

El cosmográfócronista don Juan L6pez de Velasco interpreta así el toponímico Sonsonate: "Está (la villa de La Trinidad) en la comarca de los Izalcos, junto al río de Zonzonate de quien tomó nombre, que en lengua de indios quiere decir cuatro cientas aguas". La "Relación Breve y Verdadera" dice: "Llámase aquel pueblo en lengua mexicana Zenzonatl, que quiere decir cuatrocientas aguas, porque por allí hay muchos arroyos y fuentes y ríos, y corrupto el vocablo le llaman Zenzonate". Juan de Pineda dice: "La villa de la Trinidad, que por otro nombre se llama Zenzonatle, es porque está junto a ella un río que pasa por un lado, y el río se llama Zenzonatle, que quiere decir cuatrocientas aguas". El cronista fray Francisco Vásquez es el primero en mencionar que el nombre de la Santísima Trinidad "en lengua materna es Zenzontlatl, que quiere decir 400 ojos de agua ", y de él han tomado base, el presbítero Domingo Juarros y otros, para traducir el nombre de Sonsonate por "cuatrocientos ojos de agua". El ilustre sabio salvadoreño doctor Santiago Ignacio Barberena se expresa así: "Sonsonate es vocablo de origen nahoa: se compone de tzontli, mejor dicho centzontli, "cuatrocientos", cardinal que servía también para indicar un número grande e indefinido, como el sexcenti de los latinos y el mirias de los griegos, y de atl, agua. De manera que centzontli atl, equivale a "mucha agua", aludiendo sin duda, a la riqueza de ese elemento en la comarca en que está ubicado Sonsonate". Mucho más aceptable, sin embargo, es la etimología del profesor Jorge Lardé, por ajustarse ésta a la mecánica de la toponimia náhuat. Para el profesor Lardé Sonsonate, corrupción de Centzunat, vocablo yaqui o pipil que corresponde al Centzontliatl de los aztecas o mexicanos, significa literalmente "Río Grande", pues proviene de centzunt, cuatrocientos, término usado para expresar las ideas de "muchos" y de "grande", y que en la escritura jeroglífica se representaba por una pluma, una cabellera o una espiga de maíz (mazorca) que servía para expresar un número grande e indefinido como dice Barberena; y at, agua, río. Río Grande viene a ser la traducción correcta de Sonsonate, y todavía la corriente fluvial del Sonsonate es llamada Río Grande. Para significar "muchas aguas", o "cuatrocientas aguas", los yaquis o pipiles decían "atzunt", de at, agua; y centzunt (o tzun en forma incluida), cuatrocientos, muchos. De igualo idéntica formología es el nombre de la ciudad de Sensuntepeque: Centzuntepec significa "Cerro grande", mientras Tepezontes (tepezunt) significa "muchos o cuatrocientos cerros".

Otros sucesos de la época colonial

Por los años de 1625 ó 1630 se establecieron en la villa de la Santísima Trinidad de Sonsonate los frailes del convento de La Merced. En la "Estadística de Sonsonate", año de 1853, de autor anónimo pero atribuída al licenciado don Antonio Ipiña, se consigna que los padres Juaninos vinieron de Méjico a mediados del siglo 17 y fundaron el hospital que hubo en esta Ciudad, con el nombre de San Juan de Dios que comenzó a arruinarse un poco antes del año (18) 21". En 1732 era alcalde mayor de Sonsonate don Antonio Francisco de Carrandi y Menán, uno de los más activos y celosos funcionarios nombrados por la real corona en esta provincia. A él se debió la providencia de 5 de enero de ese año, en virtud de la cual ordenó que en todos los pueblos de indios donde existían huertas de cacao, arruinadas por las cenizas candentes arrojadas por el volcán de Izalco en el período eruptivo que culminó el12 de marzo de 1722, tales los de Asunción y Dolores Izalco, Guaymango, Jujutla, San Pedro Puxtla, Nahulingo, Guaymoco (hoy Armenia), Nahuizalco, Santo Domingo Huitzapan, Caluco y Sonsacate, asearan dichas plantaciones e hicieran nuevos plantíos, so pena de fuertes multas a los contraventores de estas disposiciones, pues el cacao, decía, era "el precioso, común y regional alimento" con que los lugareños pagaban "el real tributo a su magestad". Fue tan recordado por la posteridad este alcalde mayor, que en un informe sobre el estado de la alcaldía mayor de Sonsonate, de 28 de agosto de 1765, dice don Pedro de Sicilia y Montoya lo siguiente: "En el cacao, que era el principal renglón que la hacía rica, hoy es una cortedad el que se coje, por el descuido de no visitarse los cacahuatales, como lo hacía don Francisco Carrandí y Thenan, Alcalde Mayor digna de eterna memoria por todas circunstancias para tal empleo, pues desde que faltó han ido perdiéndose; no obstante en este fruto emplean anualmente como doscientos pesos, los que con todo seguro dejan de utilidad, sino otros tantos, a lo menos cien pesos". Entre las calamidades públicas, la Estadística de 1853 recuerda la siguiente: "Un aguacero de 16 horas -dice- que el 8 de Octubre de 1762, puso en consternación a los habitantes de este lugar, porque el arroyo de Julupe creció al grado de entrarse a la Iglesia de Santo Domingo, y el Río Grande a pesar de correr en un lecho profundo subió hasta llevarse el puente de mampostería, que entonces había". En 1770, época de la visita pastoral de monseñor Pedro Cortés y Larraz, Sonsonate era cabecera de la parroquia de su mismo nombre, la que comprendía a los pueblos anejos de San Miguel Sonsacate, San Francisco Tacuzcalco (ya extinguido), San Antonio del Monte y Santa Isabel Mejicanos (hoy barrio sonsonateco). La parroquia estaba a cargo del presbítero Vicente de Sicilia Montoya y del coadjutor presbítero Miguel de Quixada. Además había un eclesiástico secular llamado Pablo de Valverde, y cuatro conventos de regulares en la cabecera: el de Santo Domingo, con un vicario; el de San Francisco, con un guardián y un compañero; el de Nuestra Señora de la Merced, con tres frailes; y el de San Juan de Dios, con un religioso. En la villa de la Santísima Trinidad de Sonsonate habitaban 2,836 personas distribuidas en 644 familias. "La villa de Sonsonate -dice el señor arzobispo- está sitiada en llanura, aunque rodeada por todas partes de cerros y montañas muy vestidas, a reserva de la (banda) del Sur, que todo es llanura hasta la Mar que dista cuatro, cinco y seis leguas por partes; las calles están. formadas y las casas cubiertas de teja, es cabecera de esta Provincia y hace su residencia en ella el alcalde mayor". Había en Sonsonate una escuela de niños, apunta el señor arzobispo, pero las costumbres eran bastante desordenadas: "Se aumenta la fama -dice- de dominar la impureza con tanta desemboltura, que en los ríos se bañan promiscuamente hombres y mujeres, y que éstas brindan se a los pasajeros para que entren a bañarse; pero esto por tan frecuente y regular ni se dirá escándalo ni tampoco vicio dominante de desonestidad". En 1781 fue atacada esta población por una epidemia de viruela. Sintetizando la importancia que tuvo esta población durante la época colonial, la "Estadística de 1853" dice: "El Jefe Superior para lo civil y militar era el alcalde mayor; había un ayuntamiento, tesorería y sólo el tesorero de ella tenía facultad de quintar la plata de todo lo que es ahora Estado del Salvador. Siempre fue plaza de armas Sonsonate, teniendo al principio un batallón y después un escuadrón de milicias. Los principales empleados eran el alcalde mayor, el tesorero, el comandante de armas que lo era también de Acajutla, y los individuos que componían el noble ayuntamiento, en cuyo número contaba el alférez real; en lo eclesiástico el cura rector con dos coadjutores, un prior en Santo Domingo, un comendador en La Merced con otros dos religiosos, un guardián en San Francisco acompañado de dos o tres padres; y dos juaninos en el Hospital para el cuidado de los enfermos". En 1817 sufrió Sonsonate nuevamente las consecuencias de una violenta epidemia de viruela.

Título de Ciudad

"Sonsonate, como todas las provincias de Guatemala, dice la citada Estadística de 1853-, se hizo independiente de España el día 15 de septiembre de 1821; Y continuó agregado a aquella Capital (Estado de Guatemala), hasta el año de (18)23 en que se pronunció por El Salvador a quien ha permanecido unido formando uno de sus departamentos; pero con el título de Ciudad que le dio la Asamblea Nacional Constituyente (de las Provincias Unidas del Centro de América) el año de 1824". En efecto, el 15 de septiembre de 1821 se independizó Sonsonate del gobierno español, y la provincia de este mismo nombre, en el nuevo orden de cosas, quedó incorporada al incipiente Estado de Guatemala. Las luchas en pro de la libertad y de la independencia sostenidas por los salvadoreños, el triunfo de sus principios republicanos y democráticos sobre los principios aristócratas e imperialistas de los guatemaltecos, la proximidad de Sonsonate a San Salvador y otras causas determinaron a la municipalidad de esta villa, con fecha 12 de noviembre de 1823, a invitar a los demás pueblos de la antigua alcaldía mayor a pronunciarse por la segregación del Estado de Guatemala e incorporación en el de El Salvador. Esta invitación fue ratificada el 22 de diciembre del mismo año y desde entonces data la anexión de Sonsonate a El Salvador. Esto determinó no a la Asamblea Nacional Constituyente de las Provincias Unidas del Centro de América, sino al Congreso Constituyente del Estado de El Salvador a emitir el decreto de 1° de abril de 1824, por el que se otorgó a la villa de la Santísima Trinidad de Sonsonate título de ciudad.

Cabecera departamental

La Constitución Política de 12 de junio de 1824 creó el departamento de Sonsonate, con cabecera en la ciudad de este nombre y jurisdicción en todo el territorio de la Zona Occidental de El Salvador, excepto el distrito de Metapán. Al mismo tiempo fue declarada la ciudad de Sonsonate cabecera del partido o distrito del mismo nombre, que comprendía a todos los pueblos de la antigua alcaldía mayor. Ese distrito fue reducido por Ley de 6 de abril de 1827, pues por ella se creó, a expensas del distrito de Sonsonate, el de Izalco, formado por esta villa y los pueblos de Guaymoco (hoy Armenia).y Caluco; en cambio se dilató el área departamental con la inclusión, en dicho distrito de Izalco, de los pueblos de Cuisnahuat y San Julián Cacaluta, que habían pertenecido al distrito de Opico y departamento de San Salvador.

Capital federal

El 8 de julio de 1833 se disolvió el Congreso Federal de la República de Centro América, que había sesionado en la ciudad de Guatemala, y en vista de que las autoridades nacionales habían sido calificadas de huéspedes por el Jefe de Estado de Guatemala doctor Mariano Gálvez, antes de terminar sus sesiones autorizó al Ejecutivo Federal para que señalara uno de los pueblos del Estado de El Salvador para la reunión de la próxima legislatura y sede del gobierno. En virtud de esa autorización, el Senador Presidente general José Gregorio Salazar designó a la ciudad de Sonsonate, por Decreto Ejecutivo de 14 de octubre de 1833, para la futura residencia de las autoridades federales. El mismo general Salazar dio cumplimiento a su propio Decreto el 6 de febrero de 1834, trasladándose a Sonsonate en compañía del ministro de relaciones exteriores don Marcial Zabadúa y otros altos empleados civiles y militares. Estas autoridades federales tuvieron su asiento en el antiguo convento de Santo Domingo y permanecieron en Sonsonate hasta el mes de junio de 1834, en que se trasladaron a San Salvador.

Otros sucesos

En 1830 Sonsonate volvió a padecer a causa de una nueva epidemia de viruela. En la "Estadística de 1853" se dice: "Hay un Hospital nombrado de S(a)n. Juan de Dios, cuya creación se debe al celo del Sr. Don José Campo, quien siendo Jefe Político el año de (18)30 solicitó del Supremo Gobierno el convento de San Francisco para hospital, que después mejoraron y sostuvieron los Sres. Dr. Dn. José Antonio Soliz y Dn. Guillermo Barchad, y que ahora está bajo el cuidado de la Junta de Caridad". Por Ley de 22 de mayo de 1835, dejó de ser la ciudad de Sonsonate cabecera del departamento de su mismo nombre, cabecera que pasó a la ciudad de Santa Ana. Esta población fue una de las más afectadas en 1837 por el cólera morbus. "El año de (18)41 -dice la "Estadística de 1853"- por decreto del Supremo Gobierno se estableció en esta Ciudad un Colegio de estudios en que se enseñaba latinidad y Filosofía, y se daban grados de bachiller en artes; su primer Rector fue el Presbítero Dn. Jerónimo Zelaya, quien lo hizo prosperar, y lo protegió hasta su muerte. En menos de seis años produjo este útil establecimiento doce Bachilleres en Filosofía, de los cuales resultaron, dos sacerdotes, tres abogados, un médico y un boticario que hicieron sus carreras en Guatemala y San Salvador; por esto es sencible que se haya cerrado esta casa de estudios, y también porque muchos jóvenes pobres que desean dedicarse a alguna carrera científica, tienen que desistir al considerar los gastos que se les presentarían menores, si de aquí salieran como antes, sólo a cursar las clases mayores. y hablando de los edificios sonsonatecos, refiere la "Estadística de 1853" que: "El convento de Santo Domingo, que fue Colegio en los años de 41 a 46, es un edificio grande, cómodo y muy fresco". La referida "Estadística", de fecha 31 de octubre de 1853, asigna a la ciudad de Sonsonate una población de 4,472 habitantes repartidos en los barrios del Centro, El Pilar, San Francisco, Veracruz, El Angel y Mejicanos."A pesar de ser Sonsonate tan antiguo --dice-, el trazo del centro es regular, sus calles rectas de 100 varas de largo y de 10 de ancho, todas ellas empedradas, contándose 87 entre éstas y las de los barrios. Las casas son todas de un solo piso, de paredes de adobes, blanqueadas por dentro y fuera con cal y cubiertas de teja, habiendo por todas 879. Hay nueve iglesias de las cuales tres están arruinadas. La casa municipal, que está en la banda occidental de la plaza principal, no se ha concluido: pero tiene un hermoso portal de arcos de mampostería". "La casa de escuela de primeras letras que se está' fabricando es grande, bien ventilada, y presenta muchas comodidades para el maestro y los discípulos".

Cabecera departamental

El departamento de Sonsonate, con cabecera en la ciudad de Santa Ana desde el 22 de mayo de 1835, fue objeto de una división por Decreto Legislativo de 8 de febrero de 1855, emitido durante la administración del coronel don José María San Martín. En virtud de ese Decreto, el departamento mencionado quedó dividido en dos: el de Santa Ana, con cabecera en la ciudad de este nombre, y el de Sonsonate, con cabecera en la ciudad de igual denominación. De esta suerte, Sonsonate volvió a ser cabecera departamental.

Sucesos posteriores

En un informe estadístico de la ciudad de Sonsonate, de 15 de noviembre de 1859, aparece con 3,126 habitantes. "Hay en Sonsonate dice ese documento- una Parroquia que se está construyendo, toda de ladrillo y mezcla como de sesenta varas de largo y bastante elevada. El trabajo aunque camina poco por la falta de recurso, no se ha paralizado hasta ahora. La iglesia de Santo Domingo recientemente renovada, está hoy sirviendo de Parroquia, y su convento que es espacioso y muy bien ventilado, está ocupado por el Sr. Cura". "La Junta de Caridad construye el Coliseo y unas tiendas a beneficio del Hospital. La Municipalidad trabaja la casa de Escuela de niños y tiene concluida la mitad. El Panteón se está trasladando al cerro de San Francisco que es el punto mejor. La área que se ha señalado es suficiente para contener más de tres mil cadáveres". Por Acuerdo Ejecutivo de 18 de junio de 1886, expedido por el Presidente general Francisco Menéndez, se ordenó la construcción de un parque en la ciudad de Sonsonate. En 1890 tenía esta población 8,600 habitantes. "La ciudad está dividida en cinco barrios --dice don Guillermo Dawson-, llamados El Angel, Mejicanos, El Pilar, San Francisco y Verá Cruz. Sus calles son anchas, rectas y empedradas. Tiene un hermoso y extenso Palacio Consistorial, muy buena iglesia parroquial y otras dos de menor importancia, un hospital, una estación de ferrocarril, Aduana y muchas casas de particulares, amplias, decentes y elegantes". Por Decreto Legislativo de 21 de marzo de 1901, se anexaron como barrios de la ciudad de Sonsonate los pueblos de Sonsacate, Nahulingo y San Antonio del Monte; pero se le segregaron por Decreto Legislativo de 21 de abril de 1904.

Hombres ilustres

El ex-presidente don Rafael Campo, llamado el "cincinato salvadoreño", combatió al filibustero William Walker (1856-1858).

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