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Historias de Vida (30)

Félix Santiago - Participante PATI - Jiquilisco, Usulután

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“El PATI me ha dejado una gran experiencia en el área de la educación”.

El PATI es un programa social con enfoque de derechos que brinda igualdad de oportunidades a mujeres y hombres. En su testimonio, Félix Santiago lo confirma.

“Soy padre soltero,  vivo con mi familia y mi hijo de 8 años.  El PATI me ha apoyado con los 100 dólares, me ha enseñado que también los hombres podemos hacernos responsables y sacar adelante a nuestros hijos de una u otra forma. En cuanto al ingreso, he aprendido que tengo que ser minucioso y hacer los gastos más importantes en beneficio de la familia”. 

“Me siento satisfecho de haber trabajado en los proyectos y colaborar con la comunidad, en especial en el Proyecto de Alfabetización”.

Una de las mayores satisfacciones de Félix Santiago, es  haber enseñado a leer y escribir a adultos mayores, adultos y jóvenes al participar en el Proyecto de Alfabetización; para ello, primeramente fue capacitado como maestro facilitador por el Ministerio de Educación (MINED) donde aprendió el manejo de los libros y la pedagogía para enseñar. 

“Ahora sé cómo es la labor de un maestro, y cómo se sacrifica para enseñar a otras  personas, cómo se aprende entre todos y todas;  y al final, hemos formado una buena amistad, ahora tengo más amigos y amigas”.

El PATI busca la superación económica y social de hombres y mujeres sin distinción alguna. “He participado en la capacitación de elaboración artesanal de hamacas, algo que es propio de nuestro país. Este proyecto ha venido a rescatar esta parte de nuestra cultura. Para mí, es la oportunidad de poner un negocio y también para convertirme en un instructor, o sea enseñar a otros que quieren aprender el oficio”.

“El PATI me ha dejado una gran experiencia en el área de la educación, haber conocido y compartido con otras personas; y también aprender la elaboración de hamacas, ahora  puedo asegurar que para el conocimiento no hay límites”.

Félix Santiago, era una persona que no se relacionaba mucho, ahora se siente integrado en la comunidad y se ha reafirmado como un padre responsable.

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Karla Yaneth Gutiérrez Ayala - Participante PATI en Ciudad Arce, La Libertad

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“Antes era vendedora de fruta, ahora quiero dar clases de pintura y vender mis cuadros”

Karla es jefa de hogar, con tres hijos. Es una mujer emprendedora que antes del PATI se dedicaba a vender  fruta. Estaba decepcionada porque las ventas habían disminuido. 

Durante los 6 meses de participación en el PATI, Karla se ha beneficiado recibiendo los 100 dólares de bono, que dice le han ayudado mucho en los gastos de su casa, en especial la alimentación;  ha participado en el Proyecto comunitario de ornamentación del municipio, con la elaboración de murales y en la capacitación de panadería. 

Karla, junto a un grupo de 100 participantes del PATI, limpiaron las paredes manchadas de la ciudad e hicieron 40 murales que ahora adornan el centro de Ciudad Arce e instalaciones como el Centro Escolar y el Centro Cultural “Monseñor Romero”. 

“Me siento orgullosa cuando veo esos murales en el pueblo.  Me siento útil, yo creía que no iba a cambiar mi vida. Esta es una gran oportunidad, que estoy aprovechando, me gusta dibujar, pintar, sacar colores, darle vida a un dibujo. El PATI me ha cambiado la vida.”

“Antes era enojada porque no me alcanzaba el dinero, tenía más problemas y mis hijos no iban muy bien en la escuela. Ahora estoy diferente, la autoestima se me ha levantado, ahora le ayudo más a mis hijos, nos comunicamos más, pasamos más felices.”

“Me siento segura con lo que hago, hoy sé que yo valgo y cualquier dibujo que haga lo voy a vender, voy a seguir dibujando, voy a hacer murales, voy  a enseñar a mis hijos y a otras personas  que les guste dibujar, quiero poner mi propio taller”. 

“A las mujeres les digo que aunque tengan el montón de hijos, que sigan adelante. Antes estábamos olvidadas, ahora el PATI nos da el bono, y además, aprendemos para seguir adelante, ahora me valgo yo sola”, expresa Karla Gutiérrez.

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Ana Marisol Rodríguez Jandrez - Participante PATI - Inserción Productiva - Zacatecoluca

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“Si no hubiera participado en el PATI, estuviera estancada en mi casa, con tristeza, esperando de dónde voy a salir adelante…”

 “Antes solo pasaba en la casa haciendo el oficio y cuidando los niños. Yo  me sentía traumada de ver que solo el hombre lleva la ayuda económica y no alcanza. Una piensa cómo hacer para poderle ayudar,  uno no sabe de dónde…”

Ana Marisol Rodríguez, participó en el PATI, en proyectos de beneficio para la comunidad y en la capacitación sobre Cosmetología. Siendo una alumna sobresaliente y apasionada de la cosmetología, pasó a la segunda fase conocida como Inserción Productiva, donde ha recibido incentivos como capital semilla para habilitar una sala de belleza. 

“Al entrar al PATI, pensé que tal vez podía aprender algo de todos los proyectos que traía, así que aprendí cosmetología”.

“Ahora gracias a Dios y al PATI, tengo el conocimiento y los insumos para poner una sala de belleza con las otras compañeras. Mis planes son, ver cómo hacemos un cuartito adecuado  en mi casa y atender a todas las personas de las comunidades cercanas. También puedo enseñar lo mismo que yo he aprendido”.

 “El PATI me ha cambiado como persona, ahora me arreglo más, siento que mi presentación y autoestima ha mejorado. Yo veía a otras mujeres bien arregladas, con sus cejas depiladas, con maquillaje, y yo decía: yo puedo hacer eso… que otras mujeres se vean bonitas y yo también”. 

“Si no hubiera participado en el PATI, estuviera estancada en mi casa con tristeza esperando de dónde voy a salir adelante. Ahora de lo que gano aquí, tengo un hijo estudiando en el Tecno, y le doy a diario para el transporte”.

“Mi esposo me apoya, me dice que como soy una mujer emprendedora que siga adelante. Con esto, yo me siento una mujer realizada, una mujer superada”.

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Oscar William Bardales - Monitor de zona PATI - Jiquilisco, Usulután

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“Una gran experiencia que  me deja, mucho aprendizaje, numerosos amigos y amigas en las comunidades”

Inició actividades en marzo de 2011 en la comunidad Isla de Méndez, Jiquilisco, Usulután.  Ha participado en 5 convocatorias del PATI.

“Cada convocatoria me ha dejado una experiencia, cada una tiene su propia particularidad. Tuve la oportunidad de vivir una convocatoria donde un grupo de mujeres después del PATI organizaron una cooperativa llamada “Hacia el desarrollo comunitario” actualmente trabajan en el reciclaje. La directiva la conforman mujeres, y el requisito para ser socias es que sean mujeres. Cuando ellas descubren el potencial que tienen, las comunidades se vuelven diferentes, las relaciones en el hogar cambian, saben que tienen las mismas oportunidades e igualdad que los hombres.”

“Antes del PATI, mujeres sumisas que no podían despegar. Después del PATI, al participar en capacitaciones, convivir en grupo, trabajar con igualdad y además, recibir capacitaciones en temas relacionados con el maltrato intrafamiliar; igualdad social; desarrollo de la mujer y desarrollo personal,  la mujer alcanza y logra percibir el conocimiento y sobre todo, lo pone en práctica en su casa.”

“La mujer del área urbana-rural muchas veces es marginada física y moralmente, ella misma no reconoce su valor, pero con el PATI la mujer se ha involucrado en las tareas sociales y de desarrollo comunitario. Nosotros los hombres estamos reconociendo la igualdad de las mujeres.”

Entre las capacitaciones impartidas con el INSAFORP, se han desarrollado cursos en conducción de vehículos, pastelería y elaboración artesanal de hamacas. De los participantes surgió la idea de organizar la PATI Guardería y el Concurso Ponte 10, donde se ha motivado el aprendizaje y el cuidado,  de más de 70 niños y niñas mientras sus padres acuden a las capacitaciones.  

Según Oscar Bardales, el PATI deja en los participantes y en especial en las mujeres y jefas de hogar, la motivación de querer emprender, de desarrollarse y seguir adelante, sin importar que vivan en el área rural, siempre y cuando tengan esa motivación para “poder emprender el vuelo”, aseguró.  

“Como Monitor del PATI, me queda la gran satisfacción de colaborar con el desarrollo de las comunidades,  ha sido una gran experiencia que  me deja mucho aprendizaje, numerosos amigos y amigas en las comunidades, que me ha permitido reconocer en esos hombres, jóvenes, mujeres amas de casa con muchos hijos, grandes ideas, visiones de progreso y desarrollo.”

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Ana Beatriz Rodríguez - Participante PATI - Jiquilisco, Usulután

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“Aprender a manejar era algo que yo siempre había deseado”.

Ama de casa, con 2 hijos, casada. Se capacitó en manejo defensivo de automotores, tiene planes para el futuro: piensa que puede desempeñarse como motorista al tener su licencia de conducir.  

“Aprender a manejar, era algo que yo siempre había deseado, mi mamá decía que era peligroso, me ha ayudado porque en un futuro puedo sacar mi licencia y conseguir un trabajo como motorista, tal vez en un microbús jalando gente”. 

“Del Programa nos trajeron una lista de capacitaciones que podían darnos, y entre todos y todas decidimos pedir el curso de manejo, es algo nuevo que por nosotros mismos nunca lo íbamos a hacer, para todas ha sido emocionante y divertido”

Los participantes en el PATI también aportan a la comunidad mediante su trabajo en los  proyectos comunitarios…“También participé en el Proyecto de limpieza y ornato de la comunidad, anduve barriendo las calles y ahora la comunidad se ve limpia y ordenada. Eso es bueno para que los hijos crezcan en lo limpio y no se enfermen”.

“Gracias a Dios no tuve dificultades para trabajar en el PATI. No le fallé al Programa, pues he tenido quien cuide a mis hijos. Aunque sean 6 meses nos ha ayudado mucho, hemos aprendido y se nos ha despertado la motivación para superarnos”.

“El apoyo monetario que nos ha brindado el PATI nos ha beneficiado como familia, pues son 100 dólares que no se lo regalan a uno así por así… hemos podido hacer muchas cosas, comprar cositas para el hogar, para los niños, darnos un gustazo en la comida…” 

El Programa ha logrado la cohesión familiar y comunitaria…“Ahora que se termina el Programa, podemos ver que las capacitaciones y los proyectos nos han beneficiado como familia y a la comunidad, ahora todos nos conocemos y nos apoyamos”.

“Como mujer me siento contenta y motivada, porque en las capacitaciones también aprendimos de los derechos que tenemos, y si viniera otro programa igual, me sentiría segura de participar pues tengo derecho al trabajo.” 

Ana Beatriz, al igual que otras dieciséis  mujeres y 4 hombres, participó en la capacitación sobre manejo defensivo de automotores, según sus propias palabras, les ha permitido superar miedos,  fortalecer la paciencia y tener nuevas metas para el futuro. 

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Gregoria de Andrade - Participante PATI - Jiquilisco

Gregoria de Andrade - Participante PATI - Jiquilisco, Usulután 

“El PATI ha venido a mi vida a darme conocimiento y experiencias que han marcado mi vida”

“Por primera vez participo en un programa en la comunicad. Cuando supe del PATI no creíamos mucho, dudosamente me inscribí, pero a medida se ha ido desarrollando, fui conociendo muchos temas, conociendo las necesidades de la comunidad y también integrándome en muchas cosas,  el PATI ha venido a mi vida a darme muchos conocimientos y experiencias que me van a servir en el futuro”.

“Antes del PATI, me consideraba una mujer tímida, ahora he tenido la experiencia de convivir con mujeres y hombres, me siento capaz de desarrollarme en cualquier área de trabajo, siento que puedo ir más allá de lo que yo imaginaba, he aprendido mucho”. 

“Me inscribí en la capacitación de elaboración artesanal de hamacas porque considero que si emprendo ese trabajo, puedo ir más allá, poner un negocio.  Este curso ha sido una bonita experiencia, que ha marcado mi vida”. 

Gregoria tiene 2 hijas, y proyecta continuar practicando el conocimiento adquirido mediante un auto empleo de elaboración y venta de hamacas, para generar nuevos ingresos en su hogar y contribuir con el mejoramiento de la calidad de vida de su grupo familiar. 

Cuenta que antes pensaba, que al ser madre y esposa realizada, y por su edad,  hasta ahí habían llegado sus oportunidades.  Al ingresar al PATI, se ha dado cuenta que es una mujer capaz de sobrellevar algo mejor y servir a su comunidad, “puedo seguir capacitándome y llegar más allá”, asegura Gregoria, mujer de 35 años de edad. 

“En mi caso he tenido el apoyo de mi esposo para participar en el Programa, pues eso depende del diálogo, un matrimonio tiene que basarse en la confianza, hablamos y nos ponemos de acuerdo. En las capacitaciones y reuniones siempre hablamos sobre cómo llevar una familia integrada y así hemos podido trabajar los dos y tener una familia unida”.  

“Al principio, mi interés era trabajar los 6 meses, ganar los 100 dólares, cubrir algunas necesidades y quedarme hasta ahí, pero el programa me ha dado muchas oportunidades, no solo nos ha beneficiado en el área económica, sino también en la integración familiar, tenemos una comunidad más integrada. Como miembro de una familia he aprendido muchas cosas importantes, como esposa y madre, creo que desde el inicio hasta hoy he crecido”. 

Actualmente, Gregoria es lideresa y directiva en su comunidad. Una mujer que sabe expresarse, con aspiraciones, metas y deseosa de continuar superándose y sirviendo a su comunidad. 

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Don José Luis

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Son 60 años los que han transcurrido en la vida de Don José Luis y no más de 20 años en los que la vida le jugó una mala pasada. Sus recuerdos son vagos en algunas cosas pero no cuando recuerda cómo perdió su brazo derecho. Por un error propio y ajeno involuntario, perdió la oportunidad de trabajar de manera formal, dice. 

Ahora la vida le da una nueva oportunidad de sentirse feliz y satisfecho, él es uno de los noventa y cuatro beneficiarios de los proyectos de Alfabetización del nivel uno, desarrollado en el marco del Programa de Apoyo Temporal al Ingreso (PATI), en el municipio de Colón.

“Soy solo” responde de inmediato al cuestionarlo sobre su familia. Si bien es cierto no cuenta con ese apoyo familiar, la convivencia con los/as otros/as beneficiarios/as lo han acompañado durante estos seis meses de ejecución de la cuarta convocatoria del Programa y le ha generado un apoyo económico de cien dólares por cada mes.

Don José Luis, como parte de los requisitos del Programa ha tenido que hacer trabajo comunitario, “lo más importante es haber participado en el curso de Alfabetización, porque al principio yo pensaba que no podía aprender, pero ahora puedo aunque sea un poquito, ya entiendo y leo en la calle”, asegura con un gesto de satisfacción. 

Él afirma que lo más difícil es escribir y aunque tiene una amputación de su brazo derecho, que al principio le dificultó porque todas sus tareas diarias dependían de esa mano, fue poco a poco aprendiento y todo gracias a la oportunidad que se le dio a través del PATI.

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Juan Antonio Cerritos - Alcalde Municipal de Guadalupe - San Vicente

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Sr. Juan Antonio Cerritos - Alcalde Municipal de Guadalupe  - San Vicente

“…si me dieran un PATI para 2 años, yo dejo a Guadalupe ya sin ninguna necesidad en el pueblo porque con ellos pudimos hacer mucho…”

“El PATI vino a contribuir en Guadalupe, principalmente en ayudar a las familias de escasos recursos y a los jóvenes,  después que la tormenta IDA vino a dejarlos prácticamente sin nada”.

Cuando nos anunciaron el programa, lo vimos favorable, porque sabíamos que nos iba a ayudar a superar la crisis, porque la gente cuando no hay un trabajo, una oportunidad, está más pensando en lo que pasó y quienes perdieron la vida… al anunciarse el PATI, la gente lo ve bien, uno,  porque trajo beneficio económico y lo otro, porque vino a unir las familias. Así fuimos saliendo de la crisis, ya no estaban pensando en lo que había sucedido sino en lo que venía.

“También cuando empezaron a dar las capacitaciones y orientaciones, fue muy bonito porque la gente se reunía para convivir. Una de las charlas que les dieron fue sobre salud sexual reproductiva, cosas que no sabían ahí las aprendieron, fue muy bueno”. 

“Varias necesidades que teníamos con el PATI, las pudimos evacuar, cantidades de proyectos con unas cantidades de dinero, que nosotros como municipalidad no lo hubiéramos podido hacer no con la rapidez que se dio. En Agua Agria, se hicieron 2 proyectos con el mismo grupo: un dispensario clínico y 300 metros de calle. Pero como era un proyecto de ellos, entendieron que la obra era para su comunidad, y un recuerdo del esfuerzo del Gobierno Central”.

“…fue un golpe duro, pero también la experiencia que nos ha dejado el Programa y la IDA nos ha ayudado para fortalecernos más…la gente ha tomado más conciencia después de todo esto, ya saben lo que puede pasar en el pueblo; y también a nosotros como municipalidad nos ha fortalecido,  porque ahora tenemos documentación, y tenemos mayor experiencia de cómo hacer un proyecto…”

“Aquí nació la PATImanía esa fue una experiencia muy buena, un grupo de mujeres comenzó a  poner en práctica lo que habían aprendido en el Programa, y aún hay pequeños negocios a raíz del PATI, en Agua Agria hay un grupo de mujeres que hace piñatas, unos jóvenes  que tienen su tienda de pinturas y artesanías, otras de cocina, de ropa.” 

“…yo diría que el PATI fue una gran experiencia para Guadalupe, la contrapartida fue grande, pero hemos visto los resultados…, el PATI es bien confiable y siento que es la alternativa más viable para poder desarrollar los pueblos, si me dieran un PATI para 2 años, yo dejo a Guadalupe ya sin ninguna necesidad en el pueblo porque con ellos pudimos hacer mucho…”

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José Reyes - Participante PATI - San Salvador

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José Reyes - 29 años - Participante PATI - San Salvador

“Mi plan es grande quisiera tener un restaurante con bastante movimiento, ese es mi sueño”.

José, un padre soltero que vive con su hijo de 5 años y con su abuelo de 84 años.  Tiene muchos sueños, los que se han visto impulsados con lo aprendido durante su participación en el PATI.

“En el PATI aprendí a hacer comida mexicana; el cultivo de hortalizas –nunca  lo había hecho; y el reciclaje, pero lo que más me gustó, porque me gusta cocinar, es el arte de la comida mexicana”.

“Mi plan es grande, quisiera tener un restaurante con bastante movimiento, porque me gusta bastante trabajar bajo presión –ese es mi sueño”.

“Para comenzar voy a poner aunque sea una plancha en la esquina de ahí donde vivimos, y a según poco a poco, vaya haciendo clientes, pues ir creciendo. Vamos con todo con la comida mexicana, mi abuelo dice que me ponga las pilas.”

“Antes tenía una granjita de gallinas indias, pero la terminé para entregarme de lleno al PATI, pero ahora me siento seguro, con todo lo que aprendí en el PATI.  Voy a seguir con la comida mexicana, y con el cultivo de hortalizas, ya que tenemos el apoyo de la Alcaldía de San Salvador”.

“En la capacitación, casi todas eran mujeres, pero me sentí muy bien. Nos manejamos con mucho respeto y nos ayudábamos entre todos, me gustó mucho compartir con todas ellas y con los técnicos que nos apoyaban del FISDL y de la Alcaldía”.

José asegura que siempre se ha llevado bien con la gente, pero que la convivencia en el PATI, con personas de todas las edades, las charlas y el trabajo en equipo le ha ayudado mucho a mejorar sus relaciones interpersonales. Cuenta que aprendió más sobre los valores del respeto y la solidaridad.  Finaliza diciendo que el PATI es una gran oportunidad para los jóvenes, las mujeres y las personas mayores.

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Elsa Lidia Carías Ramírez - Participante PATI - San Salvador

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Elsa Lidia Carías Ramírez - 48 años - Participante PATI - Comunidad Atonal, San Salvador

“Yo me siento feliz, tengo mi propio dinero y soy útil a la sociedad. Ahora que sabemos lo del reciclaje, también colaboramos con el medio ambiente”.

Elsa Lidia, es jefa de hogar y madre de 3 hijas. Con una amplia sonrisa,  cuenta que al entrar al PATI pensaba que solo iba a sembrar huertos, que jamás pensó salir con tres oficios y da gracias a Dios por esa nueva forma de ingreso. 

 “Aprendimos la marroquinería –arte en cuero. Hacemos bolsos, morrales, monederos, porta celulares, sandalias y ahora estamos aprendiendo el pirograbado –grabar nombre en cuero.” 

“En el huerto, cultivamos rábano, cilantro tomate, chile y pepino;  vamos a seguir cultivando en el terreno que es del CNR. Con el apoyo de la Alcaldía solicitamos permiso para hacer el huerto.  Ahí nos vamos a mantener con el apoyo de la Alcaldía de San Salvador”.

“Con el trabajo del reciclaje, hacemos, todo lo que se nos ocurre de las botellas plásticas: flores; manzanas;  floreros;  también trabajamos el bambú.  Mis hijas trabajan conmigo,  les gusta hacer flores, quizá porque jugamos con los colores; y también lo de la marroquinería”.

“Todo me gustó, y pienso seguir haciendo las tres cosas; vamos a seguir con el huerto, cada tres días vamos a regar, hacemos limpieza –y salimos a vender las hortalizas; recogemos botellas, hacemos flores y pintamos; y con la marroquinería, nos reunimos para hacer los bolsos, carteras, monederos…”

 “Económicamente, hoy es mejor. Estamos contentas, ahora de ahí dependen los ingresos para nosotras”. Como mujeres nos sentimos realizadas, aportamos a nuestro hogar, ya de nuestro propio dinero, porque hasta para Estados Unidos se han llevado monederos, bolsos, flores. Lo hacemos con amor, porque así lo aprendimos a hacer.”

“Hemos formado un grupo y vamos a seguir trabajando en el huerto,  la marroquinería y en las flores, vamos a hacer una microempresa y con más capacitación vamos a aprender un poco más”

“Yo me siento feliz, tengo mi propio dinero y soy útil a la sociedad. Ahora que sabemos lo del reciclaje, también colaboramos con el medio ambiente”.

Con entusiasmo expresa, “para nosotros no es trabajo, es como una distracción y una forma de aportar dinero”. Dice que las once mujeres y los cinco hombres, tomaron en serio los cursos y que tienen muchos proyectos por delante.

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