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Segunda entrega de insumos y herramientas para negocios de participantes PATI en Quezaltepeque

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En Quezaltepeque se realizó la segunda entrega de insumos y herramientas como parte del Componente de Inserción Productiva del  Programa de Apoyo Temporal al Ingreso (PATI),  que servirán para echar a andar iniciativas productivas de participantes del Programa.

Quezaltepeque, es uno de los 10 municipios  en los que se desarrolla el Componente, que tiene como objetivo apoyar la inserción y sostenibilidad de iniciativas de negocios para promover un ingreso permanente en los hogares.

En este municipio se han concretado 23 iniciativas productivas con 94 personas, en su mayoría jefas de hogar. La inversión a realizar en la entrega será de  $28,200.

Las y los participantes toman parte en un proceso de asesoría y seguimiento por parte del FISDL y la Municipalidad, que incluye formación de carácter empresarial y vocacional. La entrega de insumos y herramientas es considerada un Bono Productivo, que está condicionado a la presentación y validación de un Plan de Negocios y de Inversión de cada iniciativa.

En los 10 municipios,  la inversión a realizar en concepto de Bono Productivo será de $372 mil, provenientes de fondos del Programa de Apoyo a Comunidades Solidarias de la Unión Europea. Actualmente se cuenta con 1,253 personas participantes que han conformado 330 grupos asociativos.

El PATI con el componente productivo es parte de un esfuerzo del Gobierno de El Salvador por ir más allá de un apoyo temporal, instalando y fortaleciendo capacidades productivas en las y los participantes para que puedan tener un ingreso permanente.

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Más de cien personas beneficiará el PATI en Cuscatancingo

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La municipalidad de Cuscatancingo y el Fondo de Inversión Social para El Desarrollo Local- FISDL- dieron el banderillazo de inicio del Componente de Inserción Productiva del  Programa de Apoyo Temporal al Ingreso (PATI), proyecto que impulsará 47 iniciativas productivas en la zona.

En Cuscatancingo son 111 personas que participan con iniciativas en: Corte y confección; alimentos y bebidas; panadería y pastelería, bufandas y almohadas, manualidades y bisutería,  pupusería y tortillería;  dulces artesanales y  piñatería.

En este arranque del componente productivo del PATI,  se hizo la primera entrega  de materiales e insumos a 47 personas que han conformado 20 iniciativas, con una inversión de US$ 14, 072.24.

Cuscatancingo, es uno de los 10 municipios  en los que se desarrolla el Componente, que tiene como objetivo apoyar la inserción y sostenibilidad de iniciativas de negocios para promover un ingreso permanente en los hogares.

Los municipios donde se ejecuta este proyecto son: Cuscatancingo, Mejicanos, San Salvador, Ciudad Delgado, Ilopango, Quezaltepeque, Tonacatepeque, Acajutla, Sonsonate y San Vicente.

En los 10 municipios,  se tiene proyectado realizar 330 iniciativas productivas que beneficiarán a más de 1,2oo personas con una la inversión que supera  los 372 mil dólares, provenientes de fondos de la Unión Europea para el fortalecimiento del Programa de Apoyo a Comunidades Solidarias.

En el PATI de inserción productiva las y los participantes toman parte en un proceso de asesoría y seguimiento por parte del FISDL y la Municipalidad, que incluye formación de carácter empresarial y vocacional. La entrega de insumos y herramientas es considerada un Bono Productivo, que está condicionado a la presentación y validación de un Plan de Negocios y de Inversión de cada iniciativa. Producto de las capacitaciones y asesorías que reciben.

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Iniciativa que fortalece las capacidades productivas

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Ilusiones de jóvenes con ambición de superación, objetivos comunes en un ambiente  que fortalece la convivencia social y obras comunitarias materializadas en los municipios, son apenas tres frases que  describen el Programa de Apoyo Temporal al Ingreso, PATI. 

Hablar del programa es hablar también de un mundo escondido entre los lugares más recónditos del país y aunque algunos territorios de intervención están en el área urbana, (donde a veces es necesario llegar a pie porque el acceso vehicular no lo permite), pasan desapercibidos por la cotidianidad de miles de salvadoreños. Incluso, algunos asentamientos figuran únicamente en el mapa de pobreza de El Salvador, pero siguen en la penumbra del desarrollo, porque nadie los conoce y es necesario estar en ellos para darse cuenta que existen. 

Sin embargo, ahí en las entrañas de esa mezcla entre lo urbano y rural; entre el mundo moderno y lo paupérrimo, a la inversa del ajetreo en que vivimos la mayoría de ciudadanos, hay un espacio donde confluyen la convivencia social y el anhelo de alcanzar un objetivo común, tan efímero  pero tan valioso para los residentes de ese lugar, del cual logran apropiarse por el bien de sus vidas y de la comunidad: este es el PATI, en toda la diversidad de sus expresiones.

EL PATI  II

Justamente en octubre de 2012, y con una modalidad diferente a los programas PATI  IDA y BM, se echó a andar la propuesta del PATI II. Se pensó en crear algo que fuera más allá de entregar una simple Transferencia Monetaria Condicionada, TMC, (equivalente a un bono mensual de $100 dólares) y una capacitación laboral a cargo del INSAFORP. Se idealizó una iniciativa que fortaleciera capacidades productivas individuales o en asocio y desde la misma comunidad, con ciudadanos de un territorio común, pero con el sello de emprendedurismo y concepto de sostenibilidad. Esto precisamente es lo que hace diferente al PATI II del resto.

El programa es una combinación de participantes jóvenes con  ambiciones reales de superación, como cualquier salvadoreño entre los 16 y 24 años de edad; desde quien crea una humilde idea de elaborar artesanías en bambú, como quien piensa en organizarse para montar un negocio sólido que trascienda a un programa de seis meses, donde previamente ha recibido una capacitación técnica especializada  y cuenta con los insumos para producir que el mismo programa le ha proveído. 

“Para mí el PATI, ha sido como la oportunidad de dar a conocer las capacidades que tenemos como jóvenes y lo más importante quizá, es el hecho de sentir que esto es para nosotros como un trabajo que dura seis meses, más una capacitación que nos prepara para conseguir mejores trabajos”, expresa con mucha franqueza Carlos Roberto Flores, de 19 años,  quien elabora artesanías en bambú en el AUP Amatitán, de Ilopango. 

Y precisamente el PATI II es más que una ayuda temporal de 6 meses según los mismos participantes, porque busca fortalecer capacidades técnicas que permitan  a los beneficiarios, insertarse en el mercado laboral para obtener ingresos de manera permanente y crear mejores  condiciones  de vida.

A casi 5 años de su implementación, el programa se posiciona como una modalidad innovadora y de corresponsabilidad ciudadana, en el esfuerzo de reducir los niveles de pobreza de los llamados Asentamientos Urbanos Precarios, AUP, que se han identificado en el mapa de pobreza, según el PNUD.

En los diez municipios participantes del PATI II (Sonsonate, Ilopango, San Vicente, Quezaltepeque, Acajutla, San Salvador, Mejicanos, Tonacatepeque, Cuscatancingo y Ciudad Delgado), se ejecutan 90 proyectos comunitarios, de los cuales el 38% son productivos; un 17% son de infraestructura y un 21%, están orientados a saneamiento básico. En total, el PATI II brinda oportunidades de superación personal a 2 mil 781 participantes, de los cuales un 52% son mujeres y el 48% corresponde a hombres. Esta caracterización de proyectos tiene que ver con actividades propias de la comunidad y se ejecuta de forma paralela al componente de inserción productiva, donde se proyectó una inversión de $728 mil dólares, de los cuales $ 290 mil son orientados a asistencia técnica y $ 435 mil a bono productivo (es decir compra de insumos, materiales y equipo). Hasta la fecha se ha entregado $372 mil dólares en este concepto lo que equivaldría a decir que en un 86%, el componente se encuentra completado y se cuenta con una participación de 330 iniciativas productivas, que involucran a mil 253 participantes.

Por otra parte, una de las fortalezas del PATI es la voluntad expedita de las municipalidades para aportar una porción de sus recursos financieros al programa. 

Al sumar la cantidad de recursos financieros que cada gobierno local asume en concepto de contrapartida, se tiene un total de $289,478.87 dólares, en los diez municipios, de los cuales San Vicente tiene el nivel más alto de inversión, con una cantidad de $43 mil 122 dólares, repartidos en 9 proyectos comunitarios; seguido de Acajutla, con un monto de $40,633.74 dólares.

En definitiva, una de las grandes apuestas del programa es fortalecer las capacidades de gestión de las municipalidades, por tal razón este es una iniciativa totalmente descentralizada, donde el FISDL únicamente asume un rol de facilitador y coordinador. Por  otro lado, la intercoordinación institucional y comunitaria que el PATI promueve para hacerlo operativo es también un factor que le ha dado solidez y credibilidad al programa.

Al hacer un recorrido por los 10 municipios del PATI II, nos encontramos ante una diversidad de iniciativas que van desde la creación de cocinas ahorradoras de leña, hasta la producción de tilapia, viveros y artesanías en madera, con un toque de creatividad,  como las que elaboran los participantes de Ilopango, por mencionar algunos rubros.

En el occidente del país, específicamente en Acajutla, las mujeres son las principales protagonistas de su desarrollo. Muestra de ello son los proyectos de huertos  comunitarios donde han producido diversidad de hortalizas y verduras, e incluso han completado ya la tercera cosecha en lo que va del programa PATI y un dato muy particular, es que si bien estos proyectos son tradicionalmente realizados por hombres, aquí se da lo contrario.

“Mire,  cuando yo entré a ésto, no tenía bien claro cómo iba a ser, pero como un tío mío ya me había enseñado antes a sembrar, me interesó  y hoy ya trabajando con el resto de compañeras de la comunidad, tenemos bien bonito este huerto casero que ya le sacamos tres cosechas”, reconoce con gran entusiasmo Rosalba Elizabeth Ramos, madre soltera de 27 años, quien es participante del AUP, San Luis Campana, Acajutla. 

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Otros municipios que también destacan son Ciudad Delgado, con proyectos como la elaboración de cocinas ahorradoras de leña y producción de tilapias en estanque. Mientras que en su vecino, Mejicanos, está trabajando en proyectos como gestión del riesgo, cosmetología, bisutería, panadería y mantenimiento preventivo de computadoras.

Para Richard Jonathan Vásquez de 22 años, un residente del AUP Loma 2, de  Ciudad Delgado, el programa ha significado un espacio para aprender a producir y vender en la misma comunidad. “Esto de las cocinas de leña, es un proyecto bonito porque aquí en el campo la gente debe buscar leña para cocinar y  con lo que estamos haciendo aparte de evitar más trabajo a la gente, protegemos el medio ambiente; por eso las vendemos aquí mismo”, agrega.

Si nos vamos a la zona paracentral, encontramos a la ciudad de San Vicente, que ha priorizado el arreglo de sus calles urbanas con mano de obra PATI y San Salvador, que se ha inclinado por la limpieza y ornato de sus comunidades.

A este esfuerzo se ha sumado la Asociación Demográfica Salvadoreña, ADS, quien ha formado a los participantes en el tema de masculinidad tradicional, planificación familiar y sexualidad, dirigida estrictamente a hombres, la cual ha tenido mucha aceptación en este segmento por el interés de las temáticas y el abordaje con un lenguaje muy propio de los participantes.

Al final del ciclo, serán los mismos municipios los que evaluarán los resultados, pero en suma, aparte de potenciar el desarrollo local, sin duda alguna, el PATI habrá transformado más de una vida, a lo largo y ancho del país.

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