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Ana Marisol Rodríguez Jandrez - Participante PATI - Inserción Productiva - Zacatecoluca

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“Si no hubiera participado en el PATI, estuviera estancada en mi casa, con tristeza, esperando de dónde voy a salir adelante…”

 “Antes solo pasaba en la casa haciendo el oficio y cuidando los niños. Yo  me sentía traumada de ver que solo el hombre lleva la ayuda económica y no alcanza. Una piensa cómo hacer para poderle ayudar,  uno no sabe de dónde…”

Ana Marisol Rodríguez, participó en el PATI, en proyectos de beneficio para la comunidad y en la capacitación sobre Cosmetología. Siendo una alumna sobresaliente y apasionada de la cosmetología, pasó a la segunda fase conocida como Inserción Productiva, donde ha recibido incentivos como capital semilla para habilitar una sala de belleza. 

“Al entrar al PATI, pensé que tal vez podía aprender algo de todos los proyectos que traía, así que aprendí cosmetología”.

“Ahora gracias a Dios y al PATI, tengo el conocimiento y los insumos para poner una sala de belleza con las otras compañeras. Mis planes son, ver cómo hacemos un cuartito adecuado  en mi casa y atender a todas las personas de las comunidades cercanas. También puedo enseñar lo mismo que yo he aprendido”.

 “El PATI me ha cambiado como persona, ahora me arreglo más, siento que mi presentación y autoestima ha mejorado. Yo veía a otras mujeres bien arregladas, con sus cejas depiladas, con maquillaje, y yo decía: yo puedo hacer eso… que otras mujeres se vean bonitas y yo también”. 

“Si no hubiera participado en el PATI, estuviera estancada en mi casa con tristeza esperando de dónde voy a salir adelante. Ahora de lo que gano aquí, tengo un hijo estudiando en el Tecno, y le doy a diario para el transporte”.

“Mi esposo me apoya, me dice que como soy una mujer emprendedora que siga adelante. Con esto, yo me siento una mujer realizada, una mujer superada”.

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Oscar William Bardales - Monitor de zona PATI - Jiquilisco, Usulután

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“Una gran experiencia que  me deja, mucho aprendizaje, numerosos amigos y amigas en las comunidades”

Inició actividades en marzo de 2011 en la comunidad Isla de Méndez, Jiquilisco, Usulután.  Ha participado en 5 convocatorias del PATI.

“Cada convocatoria me ha dejado una experiencia, cada una tiene su propia particularidad. Tuve la oportunidad de vivir una convocatoria donde un grupo de mujeres después del PATI organizaron una cooperativa llamada “Hacia el desarrollo comunitario” actualmente trabajan en el reciclaje. La directiva la conforman mujeres, y el requisito para ser socias es que sean mujeres. Cuando ellas descubren el potencial que tienen, las comunidades se vuelven diferentes, las relaciones en el hogar cambian, saben que tienen las mismas oportunidades e igualdad que los hombres.”

“Antes del PATI, mujeres sumisas que no podían despegar. Después del PATI, al participar en capacitaciones, convivir en grupo, trabajar con igualdad y además, recibir capacitaciones en temas relacionados con el maltrato intrafamiliar; igualdad social; desarrollo de la mujer y desarrollo personal,  la mujer alcanza y logra percibir el conocimiento y sobre todo, lo pone en práctica en su casa.”

“La mujer del área urbana-rural muchas veces es marginada física y moralmente, ella misma no reconoce su valor, pero con el PATI la mujer se ha involucrado en las tareas sociales y de desarrollo comunitario. Nosotros los hombres estamos reconociendo la igualdad de las mujeres.”

Entre las capacitaciones impartidas con el INSAFORP, se han desarrollado cursos en conducción de vehículos, pastelería y elaboración artesanal de hamacas. De los participantes surgió la idea de organizar la PATI Guardería y el Concurso Ponte 10, donde se ha motivado el aprendizaje y el cuidado,  de más de 70 niños y niñas mientras sus padres acuden a las capacitaciones.  

Según Oscar Bardales, el PATI deja en los participantes y en especial en las mujeres y jefas de hogar, la motivación de querer emprender, de desarrollarse y seguir adelante, sin importar que vivan en el área rural, siempre y cuando tengan esa motivación para “poder emprender el vuelo”, aseguró.  

“Como Monitor del PATI, me queda la gran satisfacción de colaborar con el desarrollo de las comunidades,  ha sido una gran experiencia que  me deja mucho aprendizaje, numerosos amigos y amigas en las comunidades, que me ha permitido reconocer en esos hombres, jóvenes, mujeres amas de casa con muchos hijos, grandes ideas, visiones de progreso y desarrollo.”

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Ana Beatriz Rodríguez - Participante PATI - Jiquilisco, Usulután

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“Aprender a manejar era algo que yo siempre había deseado”.

Ama de casa, con 2 hijos, casada. Se capacitó en manejo defensivo de automotores, tiene planes para el futuro: piensa que puede desempeñarse como motorista al tener su licencia de conducir.  

“Aprender a manejar, era algo que yo siempre había deseado, mi mamá decía que era peligroso, me ha ayudado porque en un futuro puedo sacar mi licencia y conseguir un trabajo como motorista, tal vez en un microbús jalando gente”. 

“Del Programa nos trajeron una lista de capacitaciones que podían darnos, y entre todos y todas decidimos pedir el curso de manejo, es algo nuevo que por nosotros mismos nunca lo íbamos a hacer, para todas ha sido emocionante y divertido”

Los participantes en el PATI también aportan a la comunidad mediante su trabajo en los  proyectos comunitarios…“También participé en el Proyecto de limpieza y ornato de la comunidad, anduve barriendo las calles y ahora la comunidad se ve limpia y ordenada. Eso es bueno para que los hijos crezcan en lo limpio y no se enfermen”.

“Gracias a Dios no tuve dificultades para trabajar en el PATI. No le fallé al Programa, pues he tenido quien cuide a mis hijos. Aunque sean 6 meses nos ha ayudado mucho, hemos aprendido y se nos ha despertado la motivación para superarnos”.

“El apoyo monetario que nos ha brindado el PATI nos ha beneficiado como familia, pues son 100 dólares que no se lo regalan a uno así por así… hemos podido hacer muchas cosas, comprar cositas para el hogar, para los niños, darnos un gustazo en la comida…” 

El Programa ha logrado la cohesión familiar y comunitaria…“Ahora que se termina el Programa, podemos ver que las capacitaciones y los proyectos nos han beneficiado como familia y a la comunidad, ahora todos nos conocemos y nos apoyamos”.

“Como mujer me siento contenta y motivada, porque en las capacitaciones también aprendimos de los derechos que tenemos, y si viniera otro programa igual, me sentiría segura de participar pues tengo derecho al trabajo.” 

Ana Beatriz, al igual que otras dieciséis  mujeres y 4 hombres, participó en la capacitación sobre manejo defensivo de automotores, según sus propias palabras, les ha permitido superar miedos,  fortalecer la paciencia y tener nuevas metas para el futuro. 

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Gregoria de Andrade - Participante PATI - Jiquilisco

Gregoria de Andrade - Participante PATI - Jiquilisco, Usulután 

“El PATI ha venido a mi vida a darme conocimiento y experiencias que han marcado mi vida”

“Por primera vez participo en un programa en la comunicad. Cuando supe del PATI no creíamos mucho, dudosamente me inscribí, pero a medida se ha ido desarrollando, fui conociendo muchos temas, conociendo las necesidades de la comunidad y también integrándome en muchas cosas,  el PATI ha venido a mi vida a darme muchos conocimientos y experiencias que me van a servir en el futuro”.

“Antes del PATI, me consideraba una mujer tímida, ahora he tenido la experiencia de convivir con mujeres y hombres, me siento capaz de desarrollarme en cualquier área de trabajo, siento que puedo ir más allá de lo que yo imaginaba, he aprendido mucho”. 

“Me inscribí en la capacitación de elaboración artesanal de hamacas porque considero que si emprendo ese trabajo, puedo ir más allá, poner un negocio.  Este curso ha sido una bonita experiencia, que ha marcado mi vida”. 

Gregoria tiene 2 hijas, y proyecta continuar practicando el conocimiento adquirido mediante un auto empleo de elaboración y venta de hamacas, para generar nuevos ingresos en su hogar y contribuir con el mejoramiento de la calidad de vida de su grupo familiar. 

Cuenta que antes pensaba, que al ser madre y esposa realizada, y por su edad,  hasta ahí habían llegado sus oportunidades.  Al ingresar al PATI, se ha dado cuenta que es una mujer capaz de sobrellevar algo mejor y servir a su comunidad, “puedo seguir capacitándome y llegar más allá”, asegura Gregoria, mujer de 35 años de edad. 

“En mi caso he tenido el apoyo de mi esposo para participar en el Programa, pues eso depende del diálogo, un matrimonio tiene que basarse en la confianza, hablamos y nos ponemos de acuerdo. En las capacitaciones y reuniones siempre hablamos sobre cómo llevar una familia integrada y así hemos podido trabajar los dos y tener una familia unida”.  

“Al principio, mi interés era trabajar los 6 meses, ganar los 100 dólares, cubrir algunas necesidades y quedarme hasta ahí, pero el programa me ha dado muchas oportunidades, no solo nos ha beneficiado en el área económica, sino también en la integración familiar, tenemos una comunidad más integrada. Como miembro de una familia he aprendido muchas cosas importantes, como esposa y madre, creo que desde el inicio hasta hoy he crecido”. 

Actualmente, Gregoria es lideresa y directiva en su comunidad. Una mujer que sabe expresarse, con aspiraciones, metas y deseosa de continuar superándose y sirviendo a su comunidad. 

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