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El PATI, remoza la Ciudad Heroica.

  • Escrito por Uriel Ramos
  • Categoría: PATI
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Pati Santa Ana

Los escenarios y las principales avenidas que un día fueron las estampas musicales de David Granadino, el maestro de los valses y tangos salvadoreños;  esos mismos retablos que también vibraron al son del carbonero del Maestro Pancho Lara, esas fachadas elaboradas con la tierra santaneca y con el zacate cultivado por nuestros antepasados, hoy lucen enaltecidas  y remozas, gracias al Proyecto “Rescate del Centro Histórico de Santa Ana”, a través del Programa de Apoyo Temporal al Ingreso- PATI.

La primera estampa de la Ciudad Heroica en ser retocada  fue la fachada de la Alcaldía Municipal de Santa Ana, edificación que data de más de un siglo de existencia y que fue desboronada por los terremotos del 2001. Hoy, la descompensación arquitectónica, fue chapeada por participantes PATI.
Este proyecto, es ejecutado tras una simbiosis entre el Fondo de Inversión Social para el Desarrollo Local- FISDL-, La Dirección Nacional de Patrimonio Cultural de la Secretaría de Cultura de la Presidencia, la Municipalidad, propietarios de los inmuebles y los empresarios de la heroica.

Para el maquillaje de este Centro Histórico,  se contempla una inversión de más de 58 mil dólares, con 40 participantes PATI, distribuidos en partes iguales en los proyectos: Mejoramiento de la imagen urbana y  actualización de perfiles urbanos.

El primer equipo de participantes  denominados  Brigada “A”,  responsables de la medición de fachadas, toma de fotografía y llenado de ficha con las características de los  inmuebles. Además, son los responsables de la digitación de la información e las imágenes de una superficie de 150 manzanas que comprende el Centro Histórico.

Las actividades de la Brigada “B” consisten en el remozamiento de fachadas y contemplan el proceso de liberación excesiva de rotulación, resanes de fisuras y aplicación de pintura en paredes. Esta última acción, con apoyo de especialistas de SECULTURA y propietarios de los inmuebles, quienes aprobaron esta iniciativa.

Las personas que participan en el PATI, recibieron un programa de capacitación sobre la sensibilización del valor del Centro Histórico de la Ciudad de Santa Ana y la necesidad de recuperarlo; abordando temas  de patrimonio cultural, bienes tangible e intangible, imágenes de recuperación y protección en otras ciudades, entre otros.

Esta sinergia institucional entre las municipalidad, FISDL, SECULTURA, propietarios y empresarios, contribuye a eliminar los altos niveles de contaminación visual por la excesiva rotulación y  a visibilizar el patrimonio edificado del Centro Histórico.

El maquillaje de las viejas paredes de la Heroica, están siendo respetadas por las personas que participan en el PATI, según una  Ordenanza Municipal,  que tiene como fin regular la rotulación y señalización del Centro Histórico, y a la vez dar una propuesta de señalética, así como del uso del color con base a una cartilla o paleta cromática.

Las personas participantes en el PATI, tienen dentro de sus alcances recuperar las fachadas de la Casa de la Cultura, Teatro Nacional y Casino Santaneco. A cambio, se les entrega  de manera individual la cantidad de US$100 mensuales durante seis meses y están siendo formados en sensibilidad cultural y aplicación de técnicas para el curado del patrimonio cultural; conocimientos útiles  para ser replicados en otros municipios e insertarse a vida productiva o crear su propio negocio.

Flores y una oración para el PATI

  • Escrito por Óscar Girón
  • Categoría: PATI
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Doña Rosa con su Biblia y flores

Con el pasar de tiempo, el Gran San Salvador ha crecido a nivel de infraestructura y poblacional, y en esta floración urbana se encuentra Soyapango, uno de los municipios más industrializados y con lugares eminentemente comerciales. Dentro de estos últimos, en los alrededores de Unicentro, se atesoran las andanzas de Rosa Elida Cabrera de Rivera, una fémina de más de cuatro décadas que rompen el silencio después de levantar su autoestima al participar en el PATI.

A ella, es común encontrarla en el bullicio y tronar de los automotores que se tragan a Soyapango en las horas pico – de seis a siete de la mañana y de cuatro a siete de la noche- tiempo donde la mayoría de los residentes se traslada de sus hogares para centros educativos, trabajos y otras diligencias, y viceversa.

Dentro de este mundo plagado de contaminación y ruido, Rosa marca su paso con una bolsa repleta de exquisiteces con sabor a eucalipto, de esos dulces que vienen envueltos en un papel blanco con una mancha verde en el centro y que al morderlos en su corazón se disfruta el sabor mentolado.

“He dejado de vender por las mañanas, como participo en el PATI no puedo hacerlo, es un compromiso que asumí. Sin embargo, por la tarde, cuando me desocupo y dejo todo en regla, salgo a vender”, comenta esta madre de seis y que ha sido seleccionada por el FISDL y la municipalidad por vivir en la Comunidad Regalo de Dios, que es uno de los asentamientos urbanos precarios de la zona.
Ella, continua con su relato: “Deje contarle, yo vendo desde la comba que hace el paso desnivel cerca de Unicentro hasta las proximidades del Polideportivo y mis dulcitos los doy a cinco por una cora; dinerito que no es suficiente para sobrevivir en estos dorados tiempos”. Es decir, cinco dulces por veinticinco centavos de dólar.

Rosa, junto a 150 participantes más, el pasado 12 de mayo, ya recibieron los primeros 100 dólares del PATI. A cambio, se comprometieron a participar en la ejecución de proyectos comunitarios integrales como: huertos caseros, infraestructura comunitaria, arte urbano y medio ambiente. Este último, lo desarrolla esta cuarentona con mucha pasión.

Flores para mi proyecto

Esta mujer, le hace honor a su nombre; el día de pago sus manos se fundían entre los pétalos y hojas, no por vanidad o para llamar la atención de las personas que resguardaban la casa comunal, ni para demostrar que trabaja fuerte y con esmero en el proyecto de medio ambiente. Aunque muy temerosa al tema, sus cuerdas vocales un poco tímidas empezaron a susurrar.

Al principio no le entendía; el temor y la voz quebradiza se lo impedían tras un nudo en la garganta que le había ganado la batalla por unos instantes. Mi tímpano alcanzó a vibrar tras ese cuchicheo de Rosa y alcanzó a descifrar que era para sacarles el néctar del conocimiento a sus colegas y para que la demás personas no pensaran que tenía un problema mental.

De pronto sus cuerdas rompieron la brecha del temor y dijo: “Mucha gente piensa que estamos locas por andar recogiendo palos y flores. Que con eso, no hacemos nada, pero después se van a dar cuenta que esos bejucos que pepenamos, van a dar flores muy bonitas y van a embellecer a Soyapango”.

“Estas flores son del PATI, todas tenemos la tarea de llevarlas para que las sembremos, porque vamos a crear un proyecto de jardinería. Hoy corté estas, son bonitas y van adornar la ciudad”. Afirma esta fémina con la frente en alto.

A lo que secunda: “No me puedo el nombre de estas flores, pero como tengo buena mano… se me van a pegar. Además, me las llevo porque son blancas y para mi representan la esperanza que tenemos todas las mujeres que trabajamos en el PATI”.

Contra prejuicios y malos comentarios de algunos detractores del plan de jardinería, esta mujer y sus colegas asociadas al Proyecto, se impulsa por hacer bien las cosas y cada día que pasa, le encomiendan su quehacer a un ser supremo- Jehová- Dios.

Una oración para el PATI

“Señor Jesús, le damos gracias por darnos un día más y por darnos una oportunidad más para seguir en este proyecto. También, le damos gracias porque nos da fuerzas para realizar bien nuestro trabajo.

Bendiga Señor, a todas las personas que estamos en el PATI y bríndeles sabiduría a quienes lo administran para que apoyen a más necesitados.

También, le doy gracias, por ayudarme a llevar los alimentos a mi casa, por mantener mi negocito por las tardes, siempre me ha amparado y nunca me ha faltado el sustento.

Gracias Señor por este nuevo día, que esperamos con mi familia honrarlo y vanagloriando con tu nombre. En el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. Amén y amen”. Culmina la oración Rosa, con sus ojos inundados y con una silueta en su rostro en señal de satisfacción y de diálogo con el ser Supremo Jehová.

El amor a Dios y las oraciones de Rosa, están teniendo resultado, con el dinero percibido por el PATI, ha logrado ampliar su negocio, el sabor mentolado pasó a un segundo plano. Hoy, ofrece a su clientela trece sabores y el especial de sus productos es el un bombón secreto, que guarda en su interior la exquisitez de una goma de mascar- chicle- que vende a tres por una cora -25 centavos de dólar- y que espera ampliar más con el próximo pago.

La visión empresarial de Rosa Elida Cabrera de Rivera y un orgullo para las salvadoreñas. Ella, mantiene a sus vástagos fuera del negocio, los manda a la escuela, para que se formen y tengan educación.

El único que no se escapa es su compañero de vida, el señor Rivera, quien se encuentra postrado en una silla de ruedas y se queda al cuido de la casa mientras lo jóvenes llegan después de alimentarse con las letras -de la escuela. Hoy, que amplió el negocio, se lo lleva por las tardes para la comba de Unicentro para que le haga compañía y le ayude a vender los dulces.

Rosa es un claro ejemplo de la efectividad de los programas sociales que impulsa la presidencia de la República de El Salvador bajo el Sistema de Protección Social Universal y es un modelo de superación a seguir por las nuevas generaciones.

“La misericordia de Dios… me abrió esta puerta”

  • Escrito por Oscar Girón
  • Categoría: PATI
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Yolanda Flores - Beneficiaria del programa PATI

Tonacatepeque es una Ciudad  ubicada a doce kilómetros de San Salvador, es muy característico encontrar en el corazón del casco urbano un mercado plagado de productos tradicionales como jarcia, dulce de panela, granos básicos, entre otros, que sostienen la economía  local. Sin embargo, lo que sobresale  en esta región,  es la calidez, la  humildad y el coraje su gente. Yolanda Flores es un modelo de tonacatepecana  a seguir.

A simple vista,  su rostro refleja lo duro que le ha tratado la vida;  posee una tez trigueña  y una cabellera oscura que cada día está siendo poblada por nuevas inquilinas plateadas. En la actualidad, supera las cinco décadas y se encuentra participando en el Programa de Apoyo Temporal al Ingreso – PATI.

Sin embargo, debajo de ese rostro que proviene de la comunidad Paso Puente,  se devela un alto grado de ternura, superación y esperanzas de vivir  ante una enfermedad que cada día le roba una parte de su cuerpo.

“Por 30 años he cargado con una neuropatía diabética, en dos ocasiones los médicos  me han propuesto cortame los pies. Dios no lo ha permitido y sólo me han mutilado dos dedos”, comenta  Yolanda.

Sus ojos negros,  me confunden por unos instantes, se inundan por completo generando un caudal que en menos de un minuto  recorrió  aquel rostro que para muchas personas puede ser  frio y de temperamento fuerte.

Sin embargo, esa vertiente salina que me paralizó,  no era de dolor, sino de satisfacción y gratitud, según ella: “Dios me ha permitido por primera vez recibir un ingreso formal, me sentía desamparada. Nunca pensé que a mis años y con una enfermedad, me hicieran sentir importante”.

A lo que secunda “Yo estoy trabajando en un proyecto de reciclaje, este consiste en separar el plástico, el vidrio y las hojas. Luego, con las hojas hacemos una  zanja y las enterramos para obtener abono”.

Yolanda forma parte del proyecto “Recolección de Desechos Sólidos”, que impulsa la municipalidad de Tonacatepeque en coordinación del Fondo de Inversión Social para el Desarrollo Local- FISDL- a través de programa PATI.

Tonacatepeque, recibió este 29 de abril, su segundo apoyo financiero que superó los 21 mil dólares y que benefició a 212 personas, quienes participan en proyectos como: Limpiando mi Comunidad, Huertos Caseros, Recolección de Desechos Sólidos y Recuperación de Espacios Públicos.

Contra viento y marea

La neuropatía diabética no ha sido impedimento para que Yolanda pueda realizar todas las actividades asignadas. “Ella hace su mayor esfuerzo por cumplir, despacio pero con deseos de hacer bien las cosas, es digna de admirar. Cuando falta, es porque le ponen las quimioterapias. Por lo demás, es un ejemplo a seguir”, comenta Patricia Villalta, asesora FISDL.

Según Yolanda: “La misericordia de Dios… me abrió esta puerta.  Aunque la enfermedad me avanzó en un riñón, no quiere decir que haga mal las cosas. Al contrario, tengo que poner mi empeño para que el resto de las personas vean que las mujeres somos fuertes y valientes”.

A lo que secunda, “Estoy muy agradecida por permitirme participar en este Programa y por incluir a las mujeres solas como yo, que no dependemos de un familiar para poder sobrevivir”.

Esta tonacatepecana, tiene dos hijos adultos que no le pueden ayudar económicamente. Ambos tienen familias que mantener y no poseen  un empleo digno para darles de comer.

Su único consuelo es la compañía de sus amigos y amigas que tiene en el proyecto, quienes la  apoyan y le dan fortaleza para seguir adelante.

Como Yolanda, ya recibieron su segundo apoyo financiero las comunidades: 2 de noviembre, Paso Puente, 10 de octubre, Monseñor Romero, y Los Héroes; quienes se comprometieron a participar seis horas, cinco días a la semana, en proyectos comunitarios que han sido determinados con la Municipalidad.

Contra viento y marea,  sus deseos de vivir son grandes, cuando ella culmine los seis meses de participación en el Programa, piensa volver a sus andadas, lavar y hacer trabajos domésticos. Ella es una de las razones principales que dan vida a los programas sociales  impulsados por el Gobierno Central, en especial al PATI.

Mezclando el futuro con el PATI

  • Escrito por Uriel Ramos
  • Categoría: PATI
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Dina Elizabeth Pérez, y familia, en Apopa

Apopa, 28 de abril de 2011. Para Dina Elizabeth Pérez, oriunda del caserío La Pinera del Municipio de Apopa, el Programa de Apoyo Temporal al Ingreso- PATI- se ha convertido en una amalgama de superación en su vida familiar y laboral.

No es para menos, esta fémina de tez morena y que supera las tres décadas,  recibió su segundo apoyo económico por parte del Programa, consistente en cien dólares mensuales durante seis meses. El apoyo es condicionado a su participación seis horas, cinco días a la semana, en proyectos comunitarios que han sido determinados con la Municipalidad.

“Me han dado la oportunidad de estar en el proyecto de albañilería, me gusta y he aprendido a preparar la mezcla  para pegar los ladrillos. Ahora, ya puedo levantar un muro y hacer mi casa”, comenta Dina.

Y unido a este relato, se pinta un gesto de ironía en su rostro, expresando: ¡Este no es trabajo sólo de hombres, también las mujeres podemos…somos más ordenadas y mezclamos bien el cemento con la arena!

Antes, Dina  se dedicaba a la venta de trapeadores, comercio informal que no es muy bien remunerado en la localidad y a duras penas obtenía para un tiempo de comida.  Ahora, junto a uno de sus hijos- Raúl Alfredo  y 38 personas más, participan en el proyecto Albañiles de mi Ciudad.

En esta segunda entrega del PATI en Apopa, se  desembolso US$ 24,900 dólares, a  18 comunidades de 7 Asentamientos Urbanos Precarios.

“La vida esta difícil en este municipio, más para las madres solteras como yo. Por eso estoy muy agradecida con la municipalidad y el FISDL, por darme la oportunidad de enseñarme a manejar la cuchara para pegar los ladrillos. Ahora, le solicito al Gobierno, que nos ayude después de terminar los seis meses”, puntualizó Dina.

Como esta fémina en Apopa participan 203 personas en los proyectos comunitarios:

  • Albañiles de mi ciudad;
  • Fomento del arte y la cultura;
  • Aprendiendo buenas prácticas en el manejo integral de los desechos sólidos;
  • Fomento de la organización y formación técnicas deportiva comunal;
  • Elaboración de murales y ambientación de espacios públicos;
  • Recuperación de espacios públicos y refuerzo escolar y estimulación temprana.

La señorita Cuenca y la perseverancia de El Tigre

  • Escrito por Óscar Girón
  • Categoría: PATI
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La señorita Cuenca ha impartido clases durante 11 años a estudiantes  de Parvularia. En la actualidad atiende un grupo de 24 en El Tigre

Imponente y con más de una grieta en sus columnas, por lo añejo en su infraestructura, así luce El Arco Durán, coloso con más de cien años y cuatro décadas de existencia, se encuentra a 100 kilómetros de San Salvador y fue el primero en cedernos el paso para llegar al Centro Escolar cantón El Tigre del municipio de Ahuachapán, donde sus alumnas y alumnos, estrenaría nuevas salas para recibir sus clases y otras obras de utilidad para los docentes.

No está demás decir que para llegar a este Centro, El Arco Durán era la principal ubicación. Sin embargo, había que ahondarnos por una serpiente de polvo y piedra por media hora más, justo 12 kilómetros, de esos que los abuelos dicen… son contados por el diablo.

Por fin llegamos a la cola de aquella víbora de barro y piedra, una inclinación de dos metros y medio de concreto nos recibía. Un portón corroído por el tiempo y elaborado de malla ciclón daba obertura a la trama de Nora Carolina Cuenca y la niñez que con regocijo festejaban este 23 de febrero, la inauguración de obras del Centro Escolar.

 

Las sonrisas estaban por doquier, niños armados con escobas y carretas se veían, estaban sacándole lustre al barro y pepenando las hojas secas de los árboles, mientras otros jóvenes, los más inquietos por cierto, gritaban y espantaban a las menores más temerosas con un arácnido del tamaño del puño de una mano.

En El Salvador, esta animalita es conocida como araña de caballo. Según cuentan los pobladores de El Tigre, muerden y orinan los cascos –patas– de los caballos, produciéndoles una infección que hace que se les caigan. Es decir, quedan cojos de por vida.

La arácnida salió de su madriguera, debido a que ésta había sido invadida por los estudiantes, no por maldad, sino porque justo en ese lugar se plantaría un Maquilishuat, un árbol que es el símbolo de las relaciones amistosas entre Japón y El Salvador.

No era para menos plantar este árbol, las nuevas inquilinas –dos aulas– habían sido financiadas por el Gobierno de Japón con una inversión de más de 80 mil dólares, una contrapartida de la municipalidad de 4 mil dólares y la asistencia técnica por parte del Fondo de Inversión Social para el Desarrollo Local FISDL.

La señorita Cuenca, mi profe…

Después de algunas carcajadas y uno que otro susto ocasionado por la araña, pregunté a uno de los infantes: ¿quién es su profesora? De inmediato, aquella minúscula vocecilla me respondió: ¡Se llama señorita Norma Cuenca, mi profe…!

Me hizo una indicación con el índice, el dedo que muchas personas utilizan para señalar a otros. De pronto, alzo la voz, ¡esta por allá señor, en el aula! La encontré con unos libros, de esos que tienen figuras sin colorear y una pared tapizada con todos los nombres de las niñas y los niños que atendía.

“Gracias José”, le dijo la señorita Cuenca al menor que me acompañaba. Mientras tanto apoyaba sus manos en un escritorio rústico, de aquellos antiguos elaborados de cedro o laurel y haciéndole un segundo llamado ¡Ahora puede ir a jugar!

José, forma parte de los 23 infantes que estudian Parvularia en el cantón El Tigre. De esta población estudiantil 13 son niñas y el resto niños.

La señorita Cuenca, con más de tres décadas de edad, es de tez trigueña, ojos café y de estatura media (1.50 mts), que de entrada, dan ganas de recibir clases con ella, es amable y tiene una cualidad para dirigir, e induce a las personas a que se sientan cómodas en su sala de clases, es más, hasta hizo que me sentara en uno de aquellos diminuto pupitres- sillas de apenas 25 centímetros.

Acomodados en aquellas butacas minúsculas, descorrimos el telón de la historia del Centro Escolar, que esta erguido desde 1972 y que fue el lugar donde la señorita Cuenca empezó a nadar en las letras.

“Yo nací aquí en El Tigre, estudie en esta escuela, mi maestra era la niña Lety (Leticia), no recuerdo su apellido, pero trabaja en Ahuachapán, aun tengo grabadas sus palabras: supérense para sacar adelante el cantón, de ustedes depende”. Comenta, la señorita Cuenca.

A lo que secunda, “Para mi orgullo, en el aula donde doy clases, es la misma donde me forme en mi infancia, le tengo mucho aprecio a este Centro Escolar, a toda la gente, en especial a las niñas y niños, son mi vida”.

La Profesora Nora Cuenca, hizo de aquel momento un espacio muy íntimo, donde el baúl de los recuerdos afloró y donde la piel se enchina al rememorar lo deplorable que eran las instalaciones de su escuela y el cambió que había tenido con el pasar del tiempo.

“Recuerdo que sólo era cajón partido en tres, allí recibíamos las clases, era hasta sexto grado, después nos tocaba ir hasta Ahuachapán para poder continuar. En mis años mozos, me tocaba saltarme el cerco, mi casa estaba a la par de la escuela”, expone Cuenca.

A lo que hilvana: “Hoy mi escuela se ve bonita, gracias al apoyo de Japón, la Alcaldía Municipal, FISDL y todas las personas que nos involucramos en el proyecto. Ahora, solo falta, que nos apoyen con la reparación del techo de los salones viejos, que ya se aproxima el invierno y se pueden mojar mis niños”.

Pero, para ver bien maquillada la escuela, no fue tarea fácil, desde el año 2001, todo el cuerpo docente, iniciaron las gestiones de la reconstrucción, producto de los daños recibidos por los terremotos. “Lo único que recibimos fue unas cuantas láminas y con estas nos hicieron los salones de clases, que no solventaban la necesidad porque deshidrataban a la población estudiantil”, expone Cuenca.

Continúa, “Hoy la cosa ha cambiado, así debería de trabajar las instituciones, unidas y con apoyo de la cooperación internacional, de esa forma se desarrollan los pueblos y los resultados se ven de inmediato, antes teníamos una 60 u 80 estudiantes, hoy tenemos 159, y esto nos ha permitido ampliar la atención educativa hasta Tercer Ciclo”.

La señorita Cuenca, tiene 15 años de laborar en el Centro Escolar cantón El Tigre, ha visto todas las iniciativas fallidas por mejorar las instalaciones de su escuela y las juntas de padres decepcionadas, al no ser escuchadas, ante el derecho a la educación que tienes sus vástagos.

Ahora, la perseverancia de El Tigre ha dado frutos. El proyecto financiado por Japón, les dotó de mejores y ampliadas instalaciones que contemplan: dos aulas, una media dirección, una cocina, servicios sanitarios (4 servicios y 1 lavamanos) con una fosa séptica y un pozo de absorción, instalación de defensas y vidrios en las ventanas de las aulas existentes.

El rol del FISDL, consistió en monitorear y dar seguimiento a la ejecución de la obra, y tiene un gran compromiso: velar y entregar las herramientas de calidad necesarias para reducir la pobreza en El Salvador.

Detalle de la población estudiantil del Centro Escolar cantón El Tigre

  • Parvularia: 13 niñas y 11 niños.
  • Primer ciclo:  16 niñas y 22 niños.
  • Segundo ciclo:  31 niñas y 28 niños.
  • Tercer ciclo:  15 niñas y 23 niños.

    Total: 75 niñas y 84 niños.

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